La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 38. Los nueve minutos
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Capítulo 38. Los nueve minutos

La reconstrucción final no dependió de calcular una carrera perfecta entre el hotel y Nau Dotze.

Una antena de acceso del aparcamiento registró el coche de Berta en la calle a las nueve y once.

El contacto autónomo de la puerta lateral conservaba una apertura a las nueve y veintiséis y un cierre nueve minutos después.

No identificaba a la persona: la cerradura era mecánica.

La llave encontrada en el despacho de Berta acreditaba que podía usarla; los demás rastros fijaban quién lo hizo aquella noche.

Berta había realizado dos viajes. Salió de Nau Dotze después de discutir con Alba, exigió la fotografía de las nueve y cinco en el hotel y volvió al almacén cuatro minutos después de posar.

La responsable de protocolo declaró que también preguntó si la imagen conservaría la hora oficial del acto.

A las nueve y cincuenta y dos devolvió el coche al aparcamiento y a las diez y dos apareció en la segunda fotografía.

No había intentado permanecer visible, sino dejar dos extremos visibles alrededor de una ausencia.

Alba imprimió las páginas a las nueve y once. Abrió a Berta o dejó la puerta preparada. La pulsera registró el aumento de pulso y el impacto a las nueve y treinta.

El forense explicó que el golpe no tenía por qué matarla. La compresión con la cinta duró después el tiempo suficiente para constituir una acción separada. No fue un empujón accidental ni una caída durante la discusión.

A las nueve y treinta y cinco, el coche de Berta salió del entorno de Nau Dotze. Regresó al aparcamiento del hotel a las nueve y cincuenta y dos. En el trayecto llamó a Guillem a las nueve y cuarenta y siete.

Guillem llegó al almacén más tarde, limpió y preparó el traslado. Berta volvió a fotografiarse en la recepción a las diez y dos. Cuando una invitada le preguntó por el roce de la mano, pidió esparadrapo.

La prenda, las partículas de bronce y la sangre completaban los tiempos. La llamada urgente del día siguiente acreditaba la sustitución de la pieza desaparecida. El mensaje sobre la junta demostraba conocimiento del ocultamiento.

Mara leyó la secuencia una vez más y retiró dos frases que atribuían pensamientos imposibles de probar. Quedaron acciones, rastros y declaraciones contrastadas.

Alba había muerto en nueve minutos. Probar quién los ocupó exigió cientos de horas.