La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 37. La presidenta de Cendra Oberta
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Capítulo 37. La presidenta de Cendra Oberta

Empar Seguí recibió a la policía en la sede de la Fundación Cendra Oberta. La sala principal exhibía fotografías de proyectos comunitarios. Varias personas retratadas nunca habían cobrado por aparecer en las campañas.

Seguí negó conocer el origen del efectivo. Según ella, la fundación aceptaba donaciones de Llevant Escènic y financiaba actividades. Los cuadernos indicaban que devolvía una parte mediante convenios inflados y que adquiría mesas en cenas privadas para empresas del puerto.

—Patrocinar no es blanquear —dijo.

—Depende del dinero y de lo que se finge a cambio —respondió Mara.

En el registro apareció un archivador con recibos firmados en blanco por asociaciones pequeñas. Una de ellas organizaba talleres gratuitos en un barrio periférico. Había recibido tres mil euros; Cendra Oberta justificó veintisiete mil.

Seguí insistió en que los proyectos existían. Era cierto. Niños habían pintado murales, músicos habían actuado y mediadores habían trabajado. La parte inventada se apoyaba en esas horas reales.

La firma de Seguí aparecía también en la compra de las plataformas con doble fondo. Afirmó que nunca inspeccionó los escenarios. El delito económico no exigía que hubiera cargado una caja de tabaco con sus manos.

La fiscal solicitó al juzgado la detención de Seguí, el embargo cautelar de las cuentas y una administración provisional de la fundación. El juzgado acordó las medidas mientras se delimitaban los fondos. Varios programas se suspendieron porque sus ingresos verdaderos y falsos estaban mezclados.

Aina preguntó si eso significaba que los culpables habían ganado de todos modos.

—Significa que desmontar el sistema también daña lo que utilizó como cubierta —dijo Mara—. Habrá que documentar qué trabajo existe para que no lo entierren con las facturas.