Capítulo 35. La parte verdadera
Durante el inventario, Rubén separó los objetos legítimos de las carcasas manipuladas. Los focos funcionaban. Las estructuras pertenecían a una compañía que llevaba meses reclamando su devolución. El contrabando viajaba rodeado de trabajo real porque eso hacía más costoso revisar cada carga.
Una técnica de iluminación acudió a identificar su material. Había facturado doce jornadas y cobrado ocho. Llevant Escènic declaró veinticuatro. Al ver el dinero dentro de los motores, preguntó cuánto habría en total.
—Todavía no lo sabemos —dijo Rubén.
—Nos dijeron que no quedaba para dietas.
Los cuadernos permitieron relacionar nueve rutas con contenedores, permisos culturales y retornos de efectivo. La hoja correspondiente al camión de Huelva incluía una anotación: doble fondo comprometido / abandonar . Quien dio la orden sabía que el vehículo podía descubrirse y prefirió perderlo.
Mara llamó a la unidad de origen. El expediente dejaba de depender de partículas y matrículas; ahora existía una contabilidad cruzada con la carga interceptada.
Rubén señaló dos pagos realizados después de la muerte de Alba. Uno a Guillem, descrito como horas de cierre . Otro a Leo Cervera por material completo , aunque la factura ya había sido abonada meses antes.
Leo había cometido su fraude sin saber del cuerpo, pero alguien aprovechó el pago duplicado para cerrar las cuentas y quizá comprar su silencio sobre las cargas ausentes. El técnico negó haber visto ese segundo ingreso. El dinero fue a una cuenta controlada por Berta y etiquetada con su nombre.
La doble contabilidad no solo escondía beneficios. También repartía culpas por adelantado.