Capítulo 34. El contenedor 614
El contenedor estaba situado en una fila próxima al muelle, preparado para traslado. La orden judicial llegó siete minutos antes de que la grúa lo levantara.
Ernesto Soler, responsable nocturno de accesos, aseguró que el cambio de destino era automático. Rubén mostró la solicitud enviada desde su usuario a las seis y veintidós. Soler dijo que las claves se compartían.
—Aquí nadie comparte una clave que puede detener una terminal —respondió la jefa de la unidad portuaria.
Los agentes comprobaron el precinto. El número visible coincidía con el manifiesto, pero la pieza se desprendió con una presión mínima. Debajo había otro cierre cortado y pegado con resina.
Abrieron en una zona controlada. El interior contenía estructuras de iluminación embaladas y ocho cajas declaradas como motores averiados.
Los primeros motores eran carcasas vacías llenas de billetes termosellados.
Las demás cajas guardaban cartones de tabaco sin marcas fiscales y cuadernos de movimientos.
El recuento inicial superó un millón de euros. Una libreta asignaba cantidades a iniciales conocidas y a números de contrato. MV aparecía junto a cuatro pagos de Pórtico Nueve. AS figuraba en donaciones de la Fundación Cendra Oberta. BV recibía una parte fija por cada ruta.
Soler intentó salir de la zona alegando un problema médico. En su vehículo encontraron un teléfono sin tarjeta personal que contenía mensajes con Salvador Calatayud.
El último, enviado aquella tarde, decía: Saca la luz antes de que la mujer hable.
La mujer podía ser Berta. También podía ser Aina. El mensaje no probaba que Calatayud conociera el asesinato.
Sí probaba que seguía dirigiendo la retirada del dinero.