Capítulo 32. La segunda llamada
El proveedor del contrapeso entregó la grabación de sus pedidos telefónicos. A las ocho y siete del diecinueve, una mujer llamó desde el móvil de Berta.
—Necesito la pieza hoy —decía—. La anterior se ha deformado y hay una inspección.
La voz era reconocible, pero Belda solicitó un informe pericial. La frase aportaba algo más: Berta sabía que el contrapeso debía sustituirse antes de cualquier registro. A esa hora, la muerte de Alba no era pública y el cuerpo continuaba dentro de la falla.
Los datos del teléfono situaban el aparato en el domicilio de Berta. La directora había dicho que durmió hasta las diez y que no realizó compras. Su asistente confirmó que recibió después la orden de tramitar la firma digital.
Con los indicios ya reunidos, Belda acordó la detención y la comunicó al juzgado de guardia y a la fiscal de servicio. Decidió practicarla en la sede de Llevant Escènic, sin cámaras ni aviso previo.
Antes de salir, Rubén recibió una alerta de la unidad económica. Un contenedor de la lista de Alba acababa de cambiar de destino. Debía permanecer en depósito aduanero hasta final de mes, pero Calatayud había solicitado cargarlo esa noche en un buque con escala fuera de la Unión Europea.
La referencia era 614-LUZ .
Si luz significaba efectivo, la red estaba retirando dinero y documentación después de conocer los registros. Intervenir el contenedor podía sostener los delitos económicos y revelar quién seguía dando órdenes.
Belda dividió el equipo. Ella detendría a Berta. Mara y Rubén acompañarían a la unidad portuaria porque su expediente de Huelva fundamentaba parte de la orden.
—El homicidio no espera al puerto —dijo Belda—. El puerto tampoco va a esperar a que terminemos el homicidio.