La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 29. El encendido
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Capítulo 29. El encendido

El informe pirotécnico resolvió el fallo de la cremà sin resolver el asesinato. Seis iniciadores habían sido retirados. Los tres restantes pertenecían a un lote caducado y uno presentaba corrosión. Solo el más próximo al borde produjo llama.

Leo Cervera confesó una sustitución que llevaba dos años repitiendo.

Facturaba cargas nuevas, instalaba parte de material antiguo y vendía el resto a intermediarios para espectáculos sin autorización.

Nadie de Llevant Escènic participaba. Un ayudante confirmó el reparto y entregó mensajes sobre la venta.

—No sabía que había una mujer dentro —dijo Leo—. Si lo hubiera sabido, habría puesto todas.

La frase convirtió el ahorro en una defensa. Belda no discutió con ella. Solicitó las actuaciones por estafa, falsedad y riesgo para la seguridad.

La jefa de bomberos explicó por qué no permitió un segundo encendido. La llama parcial debilitó un apoyo y desplazó el centro de gravedad. Una carga manual podía derribar la figura hacia el edificio.

La falla no había sobrevivido porque alguien quisiera salvar el cuerpo. Sobrevivió porque un hombre robó una parte pequeña de un presupuesto grande y otra mujer se negó a compensar el fraude poniendo en peligro una calle.

—Un delito descubrió otro —dijo Rubén.

Mara cerró el informe.

—Una decisión de seguridad descubrió ambos.

El asesino había contado con una costumbre: que al final todo ardiera. No podía prever que su encubrimiento dependía de iniciadores que tampoco existían.