Capítulo 27. El contrapeso
El proveedor de maquinaria escénica localizó una compra urgente realizada a las ocho y doce de la mañana del diecinueve. Llevant Escènic pidió un contrapeso de bronce de catorce kilos, modelo discontinuado, con entrega inmediata en Nau Dotze.
La solicitud llevaba la firma digital de Berta Vives.
Guillem había dicho que el contrapeso ausente viajó a Castellón semanas antes. El parte de transporte no existía porque nunca salió de Valencia. El nuevo ocupó su lugar antes de que la policía registrara el inventario.
Los once contrapesos antiguos presentaban golpes, grasa oscura y números punzonados.
El duodécimo era más limpio y carecía de marca.
El laboratorio desmontó su casquillo roscado.
No encontró sangre, tejido ni fibras del despacho: aquella pieza no podía haber golpeado a Alba porque había salido del almacén del proveedor once horas después de la muerte.
La curvatura y el diámetro del modelo eran compatibles con la herida de la cabeza, aunque no exclusivos. La compra no recuperaba el arma; demostraba que alguien había restituido el inventario después de hacer desaparecer un contrapeso antiguo.
Belda planteó detener a Berta por el homicidio. La fiscal recomendó esperar a los resultados de las fibras granates y a reconstruir la hora de compra. Una firma digital podía utilizarla otra persona; un objeto almacenado en la empresa estaba al alcance de muchos.
Mara estuvo de acuerdo. La sustitución unía la pieza perdida con la escena, pero el contrapeso nuevo solo probaba una maniobra de inventario. Todavía debían encontrar el antiguo y demostrar quién lo empuñó.
Rubén pidió las llamadas realizadas al proveedor. La orden escrita llegó desde la cuenta de Berta. Cinco minutos antes, alguien telefoneó desde un número particular.
El proveedor recordaba una voz de mujer que insistió en que la pieza debía llegar antes del mediodía.