La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 25. El falso suelo
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Capítulo 25. El falso suelo

La orden de registro alcanzó tres camiones de Giras Marejada. En el primero no encontraron nada. El segundo conservaba medidas normales. El tercero llevaba una plataforma de escenario cuyo suelo exterior estaba dieciocho centímetros por encima del bastidor.

Rubén pidió desmontar las fijaciones en lugar de perforar. Debajo aparecieron dos compartimentos longitudinales, vacíos salvo por hojas de tabaco, restos de cartón y una etiqueta fiscal de otro país.

El conductor reconoció la parada próxima al puerto. Afirmó que Guillem recogía las llaves y devolvía el camión cerrado. Nunca recibía documentación de la carga oculta.

En una soldadura hallaron pintura azul de contenedor y fibras negras idénticas en tipo a las mantas de Nau Dotze. Los compartimentos podían alojar cajas planas de cigarrillos desmontadas para reducir volumen. El cálculo explicaba las dos toneladas adicionales de los viajes de regreso.

La ruta no transportaba droga ni obras de arte. Transportaba tabaco sin impuestos, introducido por la terminal con declaraciones falsas y distribuido entre almacenes de varias provincias. El efectivo volvía a Valencia oculto como equipos técnicos.

Mara observó la plataforma extendida. Sobre aquel suelo se habían celebrado conciertos financiados por ayuntamientos. Debajo viajaba el dinero que ayudaba a pagar los patrocinios.

Rubén encontró un número de serie grabado en una traviesa. Coincidía con una factura pagada por la Fundación Cendra Oberta como escenario accesible para barrios periféricos .

—Lo pagó una subvención —dijo.

El fondo falso había sido construido con dinero público. Después sirvió para devolver beneficios privados.