La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 17. Aina
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Capítulo 17. Aina

La comisión de servicio de Mara y Rubén se amplió cuando los análisis unieron el camión de Huelva con los materiales de Nau Dotze. La duración dependería de lo que exigieran las diligencias, no de una fecha decidida por adelantado.

Aina Roig aceptó declarar fuera de Nau Dotze. Eligió una cafetería de hospital donde nadie conocía a los trabajadores de Llevant Escènic. Llegó con una mochila y comprobó dos veces la puerta.

Alba había descubierto la doble contabilidad al sustituir durante una baja a Berta. Los ingresos de patrocinio no procedían solo de empresas. Cada regreso de un camión generaba entregas en efectivo que se dividían en taquilla, donaciones y servicios artísticos ficticios.

—Yo figuraba como usuaria en algunas transferencias —dijo Aina—. Berta creó otra credencial con mi nombre. Cuando Alba me lo enseñó, pensé que quería asustarme.

—¿Por qué? —preguntó Mara.

—Porque me quedaban dos meses de contrato y mi madre vive conmigo. Aquí todo el mundo sabe cuántas personas aceptarían tu puesto mañana.

El dieciocho, Alba le pidió que copiara los correos relacionados con Giras Marejada. Aina lo hizo y salió del almacén a las ocho y cincuenta y dos. Cinco minutos antes vio a Berta marcharse por la puerta de carga, vestida con la chaqueta granate de la recepción. Llevaba una carpeta bajo el brazo.

Berta había declarado que salió hacia el hotel antes de las nueve y no regresó.

—¿Las vio discutir?

—Oí a Alba decir que no iba a cargarme a mí lo que habían firmado otros. Cerré la puerta. Me fui.

Aina entregó una memoria con las copias. Había conservado también un mensaje que no se atrevió a contestar. A las nueve y doce, Alba escribió: Si en una hora no te llamo, manda la carpeta azul a la fiscalía.

Debajo había una segunda línea: Taquilla 318, Estación del Norte. Código 1409.

—No fui —dijo Aina—. Borré el aviso de la pantalla. Pensé que al día siguiente me diría que había exagerado.

Mara no le dijo que debía haber sabido qué ocurriría. Recogió el teléfono para recuperar el mensaje original y preguntó dónde estaba la carpeta.

Aina negó haberla visto nunca.

Los registros de transporte confirmaban que validó un tranvía a las ocho y cincuenta y ocho y un transbordo posterior.

A las nueve y veintidós llamó desde el fijo de su domicilio a una compañera, que conservaba la conversación.

Belda había comprobado esos datos antes de enseñárselos.

Aina no discutió su propia coartada; preguntó si podían recuperar lo que había borrado.

También explicó el nombre que iluminó el teléfono dentro de la falla.

Había llamado tres veces desde la mañana del diecinueve.

Al amanecer del veinte, el chat de producción informó de que la cremà había fallado y pidió personal para el desmontaje.

Aina volvió a llamar a Alba a las siete y cuarenta porque seguía sin responder y debía coordinar las facturas del equipo.

Fue su cuarto intento, no una llamada provocada por el hallazgo.