Capítulo 16. El sello negro
El laboratorio identificó las fibras del sellado como polipropileno procedente de mantas de transporte negras. La pasta contenía yeso rápido, resina acrílica y polvo de aluminio dorado.
Pau Ferrís utilizaba yeso con fibras blancas. En Nau Dotze, el equipo halló un cubo de compuesto con la misma formulación dentro de la zona de restauración de atrezzo. Una manta cortada tenía una esquina endurecida por salpicaduras de esa mezcla.
La correspondencia no individualizaba a una persona, pero situaba el material que cerró el hueco en el almacén de Llevant Escènic.
En la manta apareció también una mancha lavada. El análisis preliminar detectó sangre humana demasiado degradada para perfil completo. La combinación de agua y detergente coincidía con la limpieza del suelo.
Guillem Franch afirmó que las mantas se compartían entre equipos y que cualquiera podía llevárselas. Negó haber trasladado módulos de la falla después de la plantà.
—Su furgoneta entró en la plaza a las tres y doce del diecinueve —dijo Belda.
Guillem pidió ver el registro. Era una lectura automática del permiso municipal asociado a la matrícula.
—La usaría un técnico.
—El permiso estaba a su nombre.
—En Fallas todos se prestan las tarjetas.
Mara dejó pasar el silencio.
—¿Qué transportó?
—Nada.
—¿Quién condujo?
—No lo sé.
Respondió demasiado deprisa solo a la pregunta que podía comprometer a otra persona. Belda hizo constar la contradicción y terminó la entrevista sin ofrecerle una versión que pudiera adoptar.
Fuera, Rubén recibió una llamada de Huelva. El doble fondo del camión abandonado conservaba restos de hoja de tabaco, adhesivo de etiquetas fiscales y fibras del mismo polipropileno negro que las mantas.
El cuerpo y la ruta habían compartido algo más que una empresa.