La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 13. La ruta cultural
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Capítulo 13. La ruta cultural

Rubén trabajó con los albaranes mientras Mara y Belda esperaban la autorización para ampliar el registro.

Los camiones de Giras Marejada transportaban escenarios desde Valencia a festivales de Andalucía y regresaban con material de embalaje.

En cinco viajes, el peso de vuelta superaba al de salida por más de dos toneladas.

La empresa justificaba la diferencia con estructuras alquiladas. Ningún contrato identificaba cuáles.

Rubén cruzó las matrículas con los accesos de Tránsitos Calatayud al puerto.

Cuatro camiones entraron en una terminal durante la madrugada posterior a cada festival.

Allí cargaron contenedores declarados como utilería retornada.

Los precintos de las copias no coincidían con los que recibió la aduana.

El quinto camión era el abandonado en Huelva.

Llamó al conductor, que seguía sujeto a comparecencias.

El hombre admitió que recibía una matrícula nueva para el semirremolque antes de cada regreso y que no asistía a la carga.

Le pagaban seiscientos euros en efectivo por respetar una parada de cuarenta minutos en un aparcamiento próximo al puerto.

—¿Quién daba las instrucciones?

—Guillem. A veces una mujer de la oficina.

No pudo identificar la voz. Nunca vio la mercancía.

Rubén llevó el esquema a la pizarra de Belda. La línea propia de Huelva ya no era una irregularidad lateral. Llevant Escènic proporcionaba contratos culturales, Giras Marejada los vehículos y Calatayud el acceso portuario.

—El mensaje de Alba decía que las facturas eran permisos —recordó Mara.

—Permisos para mover camiones sin que parecieran transporte comercial —dijo Rubén—. Una gira explica horarios, escenarios cerrados y cambios de peso.

Belda añadió el dato a la columna de inferencias.

Para demostrar qué viajaba dentro todavía necesitaban abrir algo que no estuviera vacío.