La falla que no ardió (Casos de Mara Cid 5) Capítulo 2. El hueco
4%

Capítulo 2. El hueco

A las siete y cuarenta, Pau Ferrís hundió la hoja de la sierra en el costado de la peana.

El equipo de desmontaje trabajaba despacio porque la estructura podía caer hacia cualquier lado. Habían retirado dos paneles exteriores y parte del entramado de listones. Bajo la pintura apareció una tapa que Pau no recordaba haber construido.

—Eso no estaba así en el taller —dijo.

La unión estaba cubierta con pasta todavía clara. Introdujo una espátula por el borde y tiró. El panel cedió con un sonido húmedo.

Primero cayó un zapato.

Era negro, de tacón bajo. Quedó sujeto por el tobillo a algo que continuaba dentro. Pau retrocedió. Uno de los operarios pensó que era una broma hasta que vio los dedos de una mano entre las bolsas de papel comprimido.

La plaza cambió de ruido. Las máquinas se apagaron, alguien gritó que nadie tocara nada y un agente municipal apartó a los curiosos. Pau dejó la espátula en el suelo sin saber si acababa de abandonar una herramienta o una prueba.

La inspectora Roser Belda llegó cuando los bomberos terminaban de asegurar el lateral.

Se colocó el traje protector antes de cruzar la valla.

Desde la abertura pudo ver a una mujer encogida dentro de la base, con las rodillas contra el pecho y una tira de plástico alrededor del cuello.

El rostro estaba vuelto hacia una viga. La ropa no presentaba quemaduras, pero una manga se había teñido con el agua utilizada durante la madrugada.

—La metieron antes del intento de quemarla —dijo el forense.

Belda observó el sellado reciente y el único borde chamuscado. La persona que escondió el cuerpo había contado con que el fuego degradara la escena y con que la limpieza posterior confundiera lo que sobreviviese.

En el interior del hueco, junto al hombro de la mujer, vibró un teléfono.

La pantalla iluminó un nombre durante dos segundos.

Aina oficina.

Después volvió a quedar negra.