Capítulo 3. Alba Lloret
El bolso apareció detrás de un saco de arena, dentro de la misma cavidad. Contenía una cartera, un juego de llaves y una acreditación de plástico.
Alba Lloret. Administración. Llevant Escènic.
La fotografía mostraba a la mujer que acababan de extraer. Roser Belda ordenó que nadie llamara todavía a la empresa. Primero necesitaban confirmar la identificación y localizar a la familia.
El médico forense apreció una herida en la parte posterior de la cabeza y marcas de compresión en el cuello. La posición del cuerpo no explicaba ninguna de las dos. Tampoco había suficiente hollín en las vías respiratorias para pensar que siguiera viva durante el encendido.
En el bolsillo interior de la chaqueta encontraron un recibo de cafetería del día dieciocho, a las ocho y diecisiete de la tarde, y una tarjeta de acceso al centro de producción Nau Dotze. En la muñeca llevaba una pulsera de actividad con la pantalla rota.
—¿Cuándo cerraron la base? —preguntó Belda.
Pau Ferrís respondió desde el otro lado de la cinta. La plantà había terminado la madrugada del dieciséis. La estructura principal quedó fijada y revisada entonces. Sin embargo, la parte baja conservaba dos registros para el cableado y el lastre. Los cubrieron el diecinueve por la mañana.
—Este no es uno de ellos —añadió—. Alguien cortó una entrada nueva.
El precinto de la pasta presentaba fibras negras y pequeñas escamas doradas. Belda pidió muestras de todas las masillas usadas por el taller y de los materiales de la falla. Después examinó la acreditación sin sacarla de la bolsa.
Llevant Escènic figuraba como patrocinador principal del monumento. La misma marca aparecía en el escenario de la plaza, en las pulseras de la zona reservada y en una lona que prometía llevar cultura a todos los barrios.
A las nueve y doce confirmaron el domicilio de Alba.
A las nueve y veinte, una patrulla llamó a la puerta de su madre.