Capítulo 24
Rowyn había recorrido todo el corredor con el corazón en un puño. No quería hacer ningún ruido. La alcoba del laird estaba más allá de la de su querida madre. Si lady Mairy se despertaba y la encontraba ahí… no duraría mucho tiempo en tierras McDonald y lo que ella quería era quedarse para siempre.
Cuando llegó al final del pasillo, pegó la oreja a la puerta.
En una noche de bodas normal, era muy consciente de lo que los esposos deberían estar haciendo. Pero esa no era una noche de bodas normal, Rowyn se había encargado de ello.
Rió con malicia y se puso la mano sobre la boca.
Escuchó atentamente y frunció el ceño. Su rostro se llenó de fealdad por la ira incontenible que la invadió.
Gemidos, jadeos… su hermana jadeaba.
Esa maldita perra. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Disfrutar de Gabriel, del hombre que debería haber sido suyo?
Maldita fuera. Eso no podía estar pasando.
Cuando vertió los polvos en la copa de Gabriel, había visto claramente cómo él hacía buen uso de ella. Era imposible que un hombre, después de beberse aquello, pudiera complacer a una mujer, al menos usando su…
Rowyn se apartó unos palmos de la puerta y la miró con fijeza, como si esperara una respuesta a todo aquello. Y esta no tardó en llegar.
Se escuchó la voz amortiguada de Gabriel, pidiendo algo.
–Para… espera, espera.
–¿Qué? –la voz de su hermana era un gemido–. Has dicho que era hermosa, y me deseas…
–No puedo, para. Algo no va bien.
Rowyn sonrió complacida.
Ahora sí podía irse a dormir tranquila. Cuando se dio media vuelta, sólo le faltó bailar por el corredor.
Gabriel no iba a consumar ese matrimonio, no esa noche. Ni ninguna otra, si ella podía evitarlo.