Capítulo 14
Para Raven fue un día extraño, había disfrutado realmente con todos los preparativos de la boda, pero disfrutar con algo cuyo objetivo era eso mismo, su boda con Gabriel McDonald, la hacía estremecer.
Se sentía inquieta cuando él estaba a su lado.
Durante la cena, Gabriel tenía un humor de perros, aunque su madre le hablaba cortésmente y hacía que Murdock interviniera en la conversación con el laird, él fue parco en palabras.
Ni siquiera la miraba a ella, aunque lo que Raven no sabía es que el joven señor estaba dispuesto a no discutir con ella esa noche.
La sola idea de tener a Quinlan en su casa, y a su otra hija Rowyn, le hacía arder las entrañas. Gabriel no sabía si sería capaz de soportar la presencia del laird McDowell. Y referente a Rowyn… ¿en qué estaba pensando Raven?
La hermana de su prometida había sido todo un premio de joven.
Se hubiese casado con ella sin pestañear.
Al menos cuando aún no conocía bien su carácter egoísta y su ambición sin límites.
Se dio cuenta más pronto que tarde de que Rowyn no era la adecuada para él.
Su madre en ese sentido había tenido toda la razón.
Rowyn se le había ofrecido en un par de ocasiones, no hacía tanto que la había visto.
Y con su esposo en cama, ella había hecho hincapié en lo sola que se sentía, en aquellos momentos en que su esposo estaba débil e incapacitado para ciertas atenciones.
No, sin duda Rowyn no hubiese sido una buena esposa para él.
¿Lo sería Raven?
La miró por encima de su copa y la vio sonreír a su madre.
¿En qué momento esa niña desgarbada se había vuelto tan hermosa?
Miró sus labios plenos, esos labios que la noche anterior había dejado hinchados por tantos besos.
Sintió un profundo calor en el pecho y también…
un tirón en la ingle al pensar en el cuerpo de Raven contra el suyo.
Volvió a agachar la cabeza con la copa en la mano, pensativo.
Ella se rió de alguna broma que había hecho su primo Liam y él miró cómo sus pechos subieron y bajaron.
Eran generosos, no cabía duda. Y ese vestido verde oscuro que le había prestado su madre podía hacer que cualquier hombre perdiera la cabeza por ella.
—¿No estás de acuerdo, hijo?
Él no escuchaba, pero antes de admitirlo, hizo una leve inclinación de cabeza. En ese momento tuvo toda la atención de Raven, que dio el último bocado al pichón y bebió un sorbo de vino de su propia copa.
—Creo que, con vuestro permiso, voy a retirarme —Raven hizo ademán de levantarse, pero se quedó a medio camino cuando Gabriel también lo hizo.
—Os acompaño.
Hubo un silencio expectante en ese lado de la mesa, hasta que Raven lo rompió.
—No es necesario. Agnes me acompañará.
Pero cuando quiso divisar a su doncella, la encontró aún cenando en una mesa apartada con las demás doncellas y con Callum que se había acercado para hablar con ella. Sus mejillas estaban sonrosadas por el vino, o quizás por otra cosa. Y sus ojos brillantes.
Raven suspiró y al voltear la cabeza, descubrió la mano de Gabriel extendida.
—De acuerdo —pronunciaron sus labios antes de siquiera darse cuenta.
Mairy agachó la cabeza para que nadie se percatara de su sonrisa. Pero Murdock sí lo hizo, y él alzó el mentón muy complacido porque los jóvenes se retiraran juntos e intentaran arreglar sus diferencias.
—Mañana será un gran día —dijo Mairy—. Espero que descanses.
—Así lo haré.
Mientras rodeaba la mesa, se liberó de la mano de Gabriel, que la siguió por las escaleras hasta el piso superior.
Abajo, los guerreros de Gabriel y su madre no le quitaban los ojos de encima.
―¿Crees que debemos preocuparnos? —le preguntó Murdock a Mairy.
La dama negó con la cabeza.
―No —y Mairy lo decía sinceramente—. Creo que se merecen una conversación a solas. Gabriel jamás le haría daño, a pesar de...
―¿Su lengua viperina?
Mairy soltó una risita.
―Sí —suspiró—. Aunque si me preguntas si Raven podría hacerle daño a él…
—He visto como miraba el cuchillo sobre la mesa. Pero no se lo ha llevado consigo.
Ahora ambos rieron.
―¿No creerás que…?
―De la futura señora McDonald podemos esperar cualquier cosa.