La eterna prometida del Highlander Capítulo 13
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Capítulo 13

La comida había transcurrido sin incidentes. Al menos Gabriel había comido en silencio y se había dedicado a ignorarla. Ella también había hecho lo propio y solo cuando terminaron de comer y el salón se vació de hombres, el ambiente cambió por completo.

Se escucharon algunas risas después de que las mujeres retiraran la mesa y ella se hubiera puesto junto a la chimenea para ver a Mairy bordar y tener una agradable conversación con ella.

―¿Qué ocurre? ―le preguntó a Mairy cuando escuchó más risas provenientes de la cocina.

―Eso es que los regalos han llegado.

Mairy había llamado a su doncella y poco después ella llamó a las otras mujeres, que poco a poco llenaron el salón.

Durante el resto de la tarde, Raven se sintió en el paraíso. Estuvieron agasajándola con regalos. Mairy había mandado confeccionar un precioso vestido de novia, de un color dorado con unas cintas de la más exquisita seda.

―Es más de lo que me merezco.

Mairy la besó en la mejilla.

―Te mereces tantas cosas buenas... ―le dijo sonriéndole―. Y las tendrás, Raven.

Mairy se quedó callada y ella supo que era porque la había llamado Raven.

―No me importa que me llames así. Todo el mundo lo hace.

―Sí que te importa ―dijo con tristeza.

―No, no me importa ―dijo sonriendo―. Al principio sí, pero…

―Fue cruel por parte de Gabriel ponerte ese apodo.

La joven asintió.

―Sí, lo fue. Pero alguien me hizo cambiar de opinión ―los ojos de Raven parecieron humedecerse―. Hubo un gran laird que me dijo que el cuervo era su pájaro favorito, y lo era porque el cuervo es un animal mágico, inteligente, muy astuto. No es ningún insulto para mí. Ya no.

Cuando Raven alzó la cabeza vio que Mairy estaba llorando.

―Mi Ian.

Ella ya sabía que ese gran laird había sido su marido, intentando consolar a una pobre niña, de los insultos de su inconsciente hijo.

―Desde entonces, cuando me preguntaban cómo me llamaban, yo respondía… Soy Raven McDowell.

Mairy sintió que los ojos se le humedecían.

―Era cierto que a mi esposo le gustaban los cuervos.

―Y a mí me gustaron, también ―Raven pensó en el padre de Gabriel, él siempre había sido bondadoso con ella, mucho más que su propio padre―.

Creo que la culpa de mi apodo es más mía que de vuestro hijo ―dijo al fin―.

Y no me ofende que se haya convertido en mi nombre, me ofende la manera en que él lo pronuncia.

La expresión de ella cambió al recordar los ojos del laird McDonald, su mentón alzado, el desdén de su mirada y el rictus severo de su boca.

―Lo hace como si quisiera ofenderme. Como un insulto, cuando en realidad ya no lo es.

Hubo unos instantes de silencio mientras algunas doncellas ponían más regalos a sus pies.

Mairy se puso en pie y fue a abrazarla.

―Te llamaré como desees.

―Entonces Raven ―dijo segura―. Todos pueden llamarme así, menos Gabriel.

Agnes se emocionó y, como para intentar controlarse, empezó a reír. Como su risa era contagiosa, todas acabaron haciéndolo.

―¿Qué tal si arreglamos el vestido para la ceremonia de mañana?

Raven, más animada, asintió.

Tres doncellas, duchas con el hilo y la aguja, se pusieron en pie, dispuestas a empezar con la tarea.

Ambas mujeres se miraron y guardaron silencio al ver cómo desplegaban el majestuoso vestido. Por un rato, acariciaron la tela, cada una sumida en sus pensamientos de lo que depararía el futuro, en concreto ese matrimonio.

―Ya verás como todo saldrá bien.

Raven no estaba muy convencida de ello, pero asintió esperanzada.

No veía cómo podía tener un futuro en paz con Gabriel, pero le gustaba estar ahí, mucho más que vivir bajo el mismo techo que su padre. No podía decir que hubiera tenido un lugar en el mundo al que llamar hogar.