Capítulo 10 #2
—Estamos todos impacientes de que se celebre la boda.
Raven y Gabriel permanecieron en silencio, mirándose de reojo. Sin duda los dos sabían que esta era inminente.
―Las amonestaciones están hechas, ¿me equivoco? —dijo ella, esperando que alguien le aclarara cuándo se convertiría en una mujer casada. Supuso que en unas tres semanas. Por eso casi se le paró el corazón cuando Gabriel la sacó de su error.
―Hace dos semanas, por eso mañana nos casaremos.
―¿Cómo? —Raven se apartó, alejándose del contacto de su brazo.
Mairy se quedó en silencio, al igual que los demás guerreros del grupo. Miraban a los prometidos como si estuvieran esperando el inicio de la batalla en cualquier momento.
—Mañana —repitió Gabriel secamente—. No me digáis que vuestro defecto es la sordera.
Raven abrió la boca indignada.
―No soy sorda.
―¡Bien por vos!
Mairy se llevó una mano a la frente y Murdock le puso una mano sobre el hombro por si iba a desmayarse.
―¿Siempre serán así? —murmuró la mujer sofocada.
―Creo que están siendo diplomáticos. Cuando tengan hijos, las paredes de esta fortaleza caerán sobre nosotros a causa de sus alaridos.
Mairy respiró hondo y esperó que la pareja se apaciguara.
No parecía que aquello pasara pronto.
―Mañana es muy pronto.
―Vaya, ¿creéis al igual que yo que hemos tenido un noviazgo muy corto? Haberlo dicho.
De acuerdo, pensó Raven. Se estaba burlando abiertamente de ella.
―¿Nueve años os parece un noviazgo corto?
Los ojos de Gabriel se clavaron en los de ella y se acercó tanto que la punta de sus pies se tocó y ella tuvo que estirar el cuello para verle la cara.
―Si por mí fuera, ¿os digo cuándo me placería casarme con vos?
―Bueno, creo… que Raven ha hecho un viaje muy largo y que es más que seguro que quiera descansar —Mairy la agarró del brazo y miró a su hijo suplicante—. Será mejor que nos retiremos a nuestros aposentos.
Hubo un silencio sepulcral en el grupo. Los guerreros bebían de sus copas y los observaban por encima de la copa, algunos decepcionados de que lady Mairy hubiera tomado cartas en el asunto.
―Sí, llévatela madre, que descanse para mañana. El día de su boda.
Raven volvió a rebelarse.
―Sigo creyendo que es demasiado pronto —dijo Raven, que no pensaba moverse de allí hasta que se cambiara la fecha para más adelante. No estaba preparada. Acababa de llegar y no podía pretender que se acostumbraran el uno al otro en un día.
―Yo sigo creyendo que no.
―Os equivocáis.
―¿En serio creéis que me equivoco? —preguntó molesto.
―Completamente.
Mairy dejó el brazo de Raven, totalmente convencida de que había perdido la batalla de querer retirarla de la refriega con Gabriel.
Raven sabía que muchos ojos la miraban y que ciertamente muchos oídos estaban pendientes de ellos dos. Además, también sabía que no debía ofender a su futuro esposo ante sus hombres. Pero sería mejor que aprendiera que no le iba a ser tan fácil acallar su lengua.
―Eso crees, ¿verdad? —Gabriel habló con los dientes apretados.
―Eso creo, de lo contrario no lo habría dicho.
―De ahora en adelante, quizás quisieras frenar tus opiniones antes de que yo os diga cómo serán las cosas.
―¿En serio? —preguntó ella, fingiéndose sorprendida. Entrecerró los ojos y sus palabras fueron pronunciadas con el mismo tono escéptico con que él le había preguntado anteriormente—. ¿Creéis que es mejor que espere a saber cuál es vuestra opinión para expresar la mía?
―Bueno… han abierto una nueva bota de whisky, creo que podríamos degustar un dedal de él, ¿no crees, querida? —el intento de Mairy para cambiar de tema fue totalmente inútil.
Los guerreros miraron a Mairy meneando la cabeza. No iban a moverse de allí y perderse todo el espectáculo que estaba transcurriendo justo delante de sus narices.
―Quizás simplemente queráis no expresar vuestra opinión si los hechos no pueden cambiarse.
―En este caso me dais la razón, porque al expresarla ciertamente van a cambiar los hechos.
―¿Lo creéis realmente?
―Oh, mi señor, estoy convencida de ello.
Se miraron tan intensamente que Mairy pensó que saltarían chispas de los ojos de ambos. Apenas estaban separados por un soplo de aire.
―Repetiré mi opinión, de que os guardéis las vuestras si estas no se asemejan a las mías.
Raven soltó una media carcajada totalmente falsa.
―Creo que eso no va a ocurrir. Lamentablemente para vos, soy una mujer que suele decir lo que piensa.
El silencio imperó en el pequeño grupo y eso captó la atención de las personas que estaban a su alrededor.
―Quizás es un mal hábito que debáis dominar.
―¿Expresar mi opinión?, ¿un mal hábito?
―Llamadlo como queráis, pero se espera de la señora de un clan que guarde el debido respeto a su marido y señor.
―¿Aunque él esté equivocado?
―¿Creéis en serio que me equivoco alguna vez?
Ahora el silencio se iba extendiendo por el salón.
―¡Lo sabía! Sois un arrogante. Ya lo erais de pequeño y lo seguís siendo ahora de adulto. ¿Creéis en serio que he pensado alguna vez que tuvierais razón en algo, Gabriel McDonald?
Él gruñó.
Iba a estrangular a esa mujer.
―Por vuestro bien, espero que lo creáis ciegamente.
Visiblemente molesta y con los labios apretados, decidió dejar de hablarle con familiaridad y poner distancia. Dejó claro el motivo de la disputa y cuál era su parecer.
―Mi padre no ha venido para el enlace, creo poder decir que la celebración no será tan pronto y que las amonestaciones…
―La boda… Será... ¡Mañana! —Cada palabra fue dicha en un tono mucho más alto que la anterior.
Raven cerró los ojos, no creyéndose capaz de seguir aguantando a ese zoquete.
De pronto Gabriel hizo algo que ella no esperaba.
Se inclinó hasta rozarle el oído con sus labios.
Como si quisiera susurrarle un secreto. El tono apenas fue el aleteo de una mariposa, pero era tan beligerante como cualquiera de sus anteriores gritos.
―Mañana seréis mía —ella contuvo el aliento ante sus susurros—. Lo seréis, casada o no. Aunque, preferiblemente para no disgustar a mi madre, os ruego que aceptéis la boda en la capilla.
―Eres…
Antes de que pudiera terminar de hablar, notó como la mano de él se apretaba contra su brazo.
―Con o sin vuestro padre, con o sin vuestro consentimiento, seréis mi esposa. A partir de mañana, compartiréis cada una de mis opiniones y mi… cama.
Las mejillas de Raven ardieron, no de vergüenza, sino de rabia.
Cerró los ojos viendo cómo su vientre se calentaba y, perdida completamente la paciencia, abrió la boca al mismo tiempo que lo miró con furia, pero antes de empezar a gritar, Murdock fue más rápido.
―¡Mi señora! Lady Mairy está cansada, y antes de retirarse, le rogaría le dejara acomodarla en sus aposentos.
Raven cerró lentamente la boca sin dejar de mirar a su odioso prometido.
―Será un placer retirarme ahora.
Gabriel le sonrió con descaro.
―Que pase buenas noches.
―¡Odioso engendro!