Capítulo 12 #2
—El día que me rechazaron en el museo... mi tío vino a verme. Me dijo que mi lugar no estaba entre aquellas vitrinas. Que debía presentarme en Harrington demasiada información en tan poco tiempo.
Empezaba a estar saturada y aturdida. El nudo en la boca del estómago comenzó a presionar hacia la garganta y sintió unos escalofríos correrle por la columna vertebral hasta el cogote, donde se le erizaban el vello.
Negaba con la cabeza de forma inconsciente.
—No te pedimos que creas en nuestra causa. Solo que entiendas que, sin ti, el equilibrio que hemos protegido durante siglos podría romperse para siempre. No eres un peón, Evelyn. Eres la única persona capaz de leer lo que el mundo olvidó.
Evelyn se iba alejando poco a poco del escritorio sin dejar de negar con la cabeza.
—¿Evelyn? —el señor Brandt se levantó.
Al final, el nudo consiguió llegar al fondo de la garganta y una sensación de arcada le invadió desde el estómago.
Evelyn salió corriendo hasta llegar al exterior y, una vez allí, no pudo contener una bocanada de vómito.
Con las manos apoyadas en el muro del hangar y la cabeza agachada, notaba el corazón ir a mil por hora.
Poco a poco se le fue aclarando la mente y la sensación de vértigo se iba apaciguando hasta que pudo incorporarse.
El sol ya había desaparecido por completo del horizonte y el cielo era negro profundo repleto de estrellas.
El frío en la cara le calmó el pulso y su respiración volvió a un ritmo normal.
Intentaba centrar sus pensamientos en uno en concreto, pero era incapaz.
Era como tener una jauría escandalosa dentro de la cabeza.
¿Cómo iba a ser ella la que tenía el destino de Europa en sus manos?
Solo quería volver a casa y que todo esto pasara.
Desgraciadamente, la voz interior la devolvió a la cruda realidad: «Da igual si aceptas o no, alguien ha decidido por ti y ahora ya formas parte de todo esto.
Y lo que está claro es que este día no lo vas a olvidar en años.