Capítulo 6 #3
—Señorita Carter, pase, por favor. —Parecía de buen humor, eso la calmó—. La mandé buscar hace unos minutos. ¿Ya tiene todo lo que buscaba?
—¿Perdón? —Se quedó quieta en el linde de la puerta y tragó saliva.
«Te han pillado espiando. Lo sabe».
—Veo que lleva el maletín y varias carpetas.
—¡Oh! Eso. Sí. ya tengo los archivos que necesitaba.
—Solo quería decirle… —Hizo una leve pausa—.
Antes con el inspector delante no era el momento.
De verdad siento mucho lo que ha sufrido esta noche pasada.
No tenía constancia de que tuviera usted pareja.
La vida privada de mis empleados no es asunto de mi incumbencia, pero quería que supiera que haré todo lo posible para que el inspector Baker y sus agentes muevan cielo y tierra para que encuentren a su novio.
—Señor Whitmore, agradezco mucho la ayuda por su parte. —Se escudó con las carpetas poniéndolas en el pecho—. Sé que mi fallo podría haber puesto en peligro la empresa y me gustaría poder disculparme al señor Harrington si tuviera la oportunidad.
—No hace falta que siga con eso, Evelyn.
—Le cortó levantando la mano—. Es más, estoy convencido de que esto no le ha preocupado lo más mínimo.
Una vez, cuando aún se le podía ver por las oficinas, me dijo que para él lo importante no eran los objetos valiosos, sino las personas que podían crearlos.
Evelyn dibujó una leve sonrisa de agradecimiento por el comentario.
—Sé de buena tinta que aprecia mucho su trabajo aquí.
—¿Cómo? Cuando llegué él ya no estaba aquí.
—Pero yo le hablo de mis empleados de vez en cuando. Al poco de que llegara, preguntó por usted y le conté lo que hizo con la nueva clasificación en el almacén. ¿Sabe lo que me dijo?
Hizo una pequeña pausa antes de responder.
—«No deje escapar a esa muchacha, tiene algo que no se puede enseñar». Así que no tiene que preocuparse por eso. — Abrió los brazos como si abrazara el despacho con ellos—. Hace tiempo que me dejó la gestión de la casa de subastas casi por completo.
Se puso de pie y apoyó las manos en el escritorio.
—Y volviendo al tema que nos ocupa: el inspector Baker me ha estado contando sus deducciones y cree que la intención de esos individuos era perpetrar el robo esta noche pasada. Pero el bombardeo les impidió hacer nada.
Rodeó la mesa.
—Así que puede que se pongan en contacto con usted de nuevo en algún momento.
—¿Conmigo? ¿Por qué yo?
—Bueno. Puede que utilicen a su hombre como moneda de cambio. Si son listos, convertirán esta situación en un secuestro con rescate en vez de un robo.
—¿Y si eso no ocurre? ¿Y si ya tienen lo que querían? ¿Qué le ocurrirá a Henry? —sin darse cuenta fue levantando la voz a medida que daba pequeños pasos al frente.
—Pare esas preguntas, señorita Carter. —Hizo una pausa para respirar—. Creo que no tengo respuestas. Como dicen: "la pelota está en su cancha".
Se acercó a Evelyn y descubrió que tenía los ojos enrojecidos y las manos apretaban con fuerza las carpetas.
—Señor Whitmore… no puedo dejar de pensar en lo peor. No sé dónde está Henry. No sé si… —la voz se le quebró antes de terminar la frase.
Whitmore no se apresuró a responder. Se tomó un segundo, como si estuviera eligiendo con cuidado cada palabra.
—Evelyn —dijo al fin, con una serenidad que no parecía afectada—, he vivido más años de los que me gustaría admitir. He visto situaciones que parecían perdidas… resolverse de formas que nadie habría imaginado.
Ella lo miró, buscando algo a lo que aferrarse.
—Pero lo han secuestrado. No sé qué quieren de él, no sé si está sufriendo.
Whitmore asintió despacio, sin negar su miedo.
—Lo sé, es natural que piense así. Pero escuche esto: la gente que actúa con tanta precisión como esos hombres… no suele hacer daño sin motivo. Si lo querían muerto, no se habrían tomado tantas molestias. Eso, créame, es algo que he aprendido con los años.
Evelyn tragó saliva, en un intento por procesarlo.
—Henry debe ser un hombre inteligente ¿no? —continuó Whitmore—. No lo subestime.
Ella respiró un poco más hondo. No era consuelo, pero sí un ancla.
Whitmore retrocedió y apoyó una mano en el escritorio.
—No puedo prometerle nada, Evelyn. Nadie puede. Pero sí puedo decirle esto: he visto a personas salir de situaciones mucho peores. Y mientras no tengamos pruebas de lo contrario, no vamos a dar nada por perdido.
Ella cerró los ojos un instante. No estaba calmada, pero ya no parecía a punto de romperse.
Lo único que necesitaba era tiempo para pensar.
Sin embargo, algo le ardía en el estómago y la empujaba a seguir buscando.
Necesitaba encontrar un hilo del que tirar.
Quería tomar la delantera de la situación.
Whitmore añadió, con un tono más bajo:
—Y cuando sepamos algo, lo sabrás usted la primera. No está sola en esto. —Esperó a que recuperara un poco el aliento antes de hablar—. Evelyn, ha pasado por un shock. No puede quedarse aquí, váyase a casa a descansar.
No era una orden, pero tampoco una sugerencia. Y ella, agotada, no tuvo fuerzas para discutir.