Capítulo 5 #3
—Vamos a por la siguiente. —Empezó a moverse por la sala mientras iba narrando lo que veía—.
Mitra mira por encima de su hombro hacia esa figura que representa Helios, el Sol.
En la otra esquina está Selene, la Luna.
Día y noche. El toro es de donde sale la sangre que es vida y de ella brotan todas las cosas. El perro era el alma.
—Jefe. —Sarah iba moviendo todos los animales que había en las paredes para ver cuál podía descolgarse—. ¿Quieres que te vayamos diciendo los que hay por aquí?
—La sangre no es vida. —Él estaba absorto en sus deducciones—. La sangre es la creación de la vida. El Uróboro era la vida, la serpiente que se muerde la cola, la serpiente como el círculo de la vida eterna.
Se giró hacia ellas para alzar la voz.
—¡Buscad una serpiente!
—¡Aquí hay una! —Greta la desencajó con un poco de esfuerzo.
—Colócala al lado del perro, bebiendo la sangre también. —Henry siguió mirando el resto de los nichos.
¡Clac, clac, clac!
Más engranajes iban moviéndose dentro de la escultura.
—¡Funciona! —gritó Greta eufórica.
—Perfecto. Nos falta uno y no consigo recordarlo. El pájaro, podría ser, pero es un águila, y el águila es el símbolo de Júpiter, el rey de los dioses romanos. Los seguidores de Mitra no lo veían como el más poderoso. Tiene que ser otra cosa.
—Henry, en ese del fondo hay una especie de escorpión o escarabajo extraño —Greta se acercó a él para señalar el lugar.
—¿Un escorpión? —Se le abrieron los ojos—. ¡Eso es! Tauro. El símbolo que tenía en la frente la cabeza de ahí fuera. Taurus simboliza la creación y la vida. Su antagonista, Escorpio, la constelación que representa destrucción y muerte.
Henry se colocó justo en el centro de la sala y desde allí señaló a su compañera, que lo miraba emocionada.
—¡Sarah! Cógelo. Va en el agujero que falta.
Sarah, contagiada por la emoción del momento, desencajó la pieza de su agujero y corrió a colocarla en el único hueco que quedaba para completar la escultura. Silencio.
Cloc. Cloc. Cloc.
—¿Y ya está? ¿Qué se supone que hemos hecho? — Sarah estaba un poco decepcionada al ver que no ocurría nada.
—Tendrá que pasar algo en breve —Greta confiaba en ello—. ¿Henry, estás seguro de que las piezas están bien puestas? ¿Tu teoría es correcta?
—Creo que sí. Ya te he dicho que recuerdo vagamente esta imagen de cuando estuve en Roma. Pero, de todos modos, por descarte, el hueco libre era demasiado pequeño para la figura del águila o el león. Así que el escorpión era la única opción.
—¿Y entonces por qué no pasa nada? —Sarah estaba enfadada—. Tantos mensajes ocultos, tantas historias de rompecabezas, para nada.
—Un momento. —Henry cayó en la cuenta—. «VBI VNVS SVRGIT». Cuando uno se levanta. «ALTER LABITVR». Está hablando del día. —Miró la losa con la inscripción grabada.
Se acercó a una de las figuras humanas de los laterales.
—Hace referencia a las dos partes del día. A la izquierda Helios: el sol se levanta para iniciar un nuevo día, una nueva vida. El toro, en el centro, creación de vida. Y a la derecha Selene: la noche, el final del día.
Greta se dio cuenta que las antorchas eran de verdad y las descolgó de las manos de las figuras.
—¿Y si esto prende? ¿Puede que haga algo? —Acercó una de ellas a la vasija más cercana y la arpillera de la punta prendió al instante—. Cógela y ponla en su sitio. —Se la entregó a Sarah e hizo lo mismo con la otra que la colocó en las manos de su escultura.
—Nos falta algo. Presiento que estamos en el buen camino —Henry miraba de nuevo todo el conjunto.
—Has dicho «cuando uno se levanta» —Greta también se alejó para ponerse al lado de él—. ¿Y si fuera ella? Refiriéndose a la antorcha.
Henry hizo un gesto de aprobación y se acercó a la figura de la izquierda. Tanteó con las manos hasta que se dio cuenta de que los brazos de la escultura eran móviles. Bajó uno de ellos, de manera que la antorcha quedaba apoyada en las manos, manteniéndose erguida.
—Cuando una se levanta, la otra cae. —Se colocó delante de la otra y movió los brazos para dejar la antorcha reposada mirando hacia abajo.
Clac.
Fue instantáneo. Al terminar de colocar el segundo brazo, la losa con el texto grabado se soltó y dejó entrever una rendija: se había separado por completo de la pieza central.
La cueva se llenó de gritos y vítores. Habían resuelto el rompecabezas y los tres estaban repletos de euforia. Intentaron apartar la tapa de piedra, pero parecía encallada; algo la sujetaba desde dentro y no cedía ni un centímetro.
—¡No puede ser que estemos tan cerca del final y ahora esto! —Henry estaba realmente cabreado.
Harto de todo, arrancó de la pared una de las barras que sujetaban las vasijas de cristal y la usó para hacer palanca contra la losa de piedra. Tensó los músculos hasta que no pudo más y la piedra se partió por uno de los lados.
—¡Aaah! —gritó de rabia.
Metió la mano por el hueco y sacó un objeto cubierto por una tela oscura. Lo dejó encima de la piedra ritual y los tres se colocaron alrededor. Al retirar la tela, al fin pudieron ver lo que habían venido a buscar.
La Llave Astral.
—Henry, ya tendrás tiempo de admirarla luego. Hay que salir cuanto antes de aquí.
Greta empezó a guardar las linternas y el plato en el macuto, y vio a Henry trepar por la escultura.
—¿Qué haces ahí arriba? Son más de las cinco. Estamos en el límite para poder salir. Alguien podría haber dado la alarma; es posible que la policía ya esté patrullando el edificio.
—Déjame coger esta daga —la aferraba con fuerza mientras intentaba soltarla de las manos de Mitra—, nadie la va a echar en falta.
—¡Nos vamos ya!
—Es solo un momento. Sabes lo que puede pagarnos Reubens por esta pieza.
—Vas a hacerlo, ¿verdad? No vas a bajar hasta que tengas la daga.
—Voy a hacerlo —sonó convencido.
Agarró con fuerza la empuñadura y empezó a hacer palanca contra la espalda de la escultura hasta que la pieza pareció soltarse de la mano del dios y Henry la separó victorioso.
Como si de un resorte se tratara, justo en el momento en que Mitra se despojó de su daga, la puerta de madera por la que habían entrado se cerró de golpe.
El impacto alertó al trío y entraron en pánico al verse encerrados.
Sarah corrió hacia ella para acabar comprobando que estaba completamente bloqueada.
—¡No se mueve ni un pelo! —gritó hacia los compañeros.
—¡Fantástico! Muchas gracias Henry.
—¡No me miréis así! ¡No sabía que iba a ocurrir eso! —Señaló la puerta.
—¿Y qué pensabas que iba a ocurrir, jefe? —Sarah estaba nerviosa.
—Esto es claramente una trampa —Henry volvió al suelo —, no sé cómo no me di cuenta de que la sala no tiene más salidas.
Las paredes empezaron a rugir como si ocultaran bestias salvajes tras las piedras, mientras un temblor hacía agitar las vasijas en sus soportes. En pocos segundos, salieron por varias grietas de los muros chorros finos de agua, como si esta no pudiera contenerse al otro lado.
—¡Lo que nos faltaba! —Greta estaba encendida en cólera—. Espero que tengas un plan, ¡porque eres tú el que nos ha metido en esto!