La estirpe de Mitra Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

A medida que se fueron alejando del refugio la conversación fluyó ligera, alguna broma, alguna confidencia. Y poco a poco el «Keep calm…» de esos carteles empezó a tener sentido. Había que mantener la calma y no quedaba otra que seguir adelante.

Llegaron a un punto en el que Evelyn podía oler el río. El ambiente pegajoso les acarició las mejillas y las manos. El aire arrastraba el olor de madera quemada.

Él la abrazó y anduvieron pegados calle abajo en dirección al Támesis. White Lion Hill era una calle estrecha y serpenteante que bordeaba el río. Los adoquines de la calle brillaban sutilmente por la leve luz de la luna y las aceras se perdían en la oscuridad del final de la calle.

En menos de quince minutos llegaron al edificio donde tenía el apartamento Henry.

Se alzaba ennegrecido por el humo, con las ventanas cubiertas por cortinas negras para los apagones.

Parecía que esta vez esa zona del río se había librado de los ataques de los aviones alemanes.

Era un lugar discreto, a un paso de la City.

Subieron las escaleras en silencio hasta el apartamento y entraron sin hacer mucho ruido.

Él vivía en el segundo piso. Era modesto: una sola habitación, un salón con cocina de gas y muebles gastados pero limpios.

Henry encendió una lámpara de aceite que tenía encima del mueble de la cocina y se quitó el abrigo que colgó en el perchero mientras ella recorría con curiosidad el pequeño espacio del comedor, sonriendo.

—Pues no está mal —dijo —. He visto sótanos de archivo más acogedores, pero no está mal.

—Gracias, eso me halaga —contestó él, fingiendo una reverencia.

Henry abrió el aparador y sacó una botella corta de cristal transparente.

—¿Gin no solía hablar con la gente del trabajo).

Fuera quien fuese, les habían seguido desde la calle y tenía que ser alguien que la conociera.

Dudaron un instante, y al final ella le hizo el gesto de que abriera.

En el momento que Henry giró la llave y empezó a abrir la puerta, la empujaron con fuerza desde el otro lado haciendo que él cayera hacia atrás al suelo.

Evelyn dio un grito corto y seco por la sorpresa de la entrada abrupta de dos hombres encapuchados que irrumpieron como sombras al apartamento.

Uno de ellos fue directo a ella tapándole la boca con firmeza, pero sin hacerle daño, solo para apagar el sonido del grito que empezaba a salir en ese momento de su boca.

El otro cayó encima de Henry inmovilizándolo de manos y piernas y desde allí empujó la puerta con el pie cerrándola tras él.

Haciendo un gesto rápido y lleno de ira, Henry consiguió liberar un brazo y golpeó el lateral de la cabeza del tipo.

Empezó a sacudir la espalda para quitárselo de encima hasta que lo hizo caer hacia atrás.

Se levantó rápido y al girarse hacia el salón lo que se encontró fue una bota golpeándole el pecho.

El tipo que sujetaba a Evelyn tapándole la boca había levantado la pierna desde detrás de ella y el propio impulso lanzó a Henry contra la pared de la entrada del apartamento.

Este cayó de bruces al suelo intentando coger aire, pero sus pulmones apenas podían en ese momento.

Le ardía el pecho y la cabeza le daba vueltas.

El segundo tipo ya se había levantado para entonces y le agarró del brazo doblándolo hacia la espalda.

Henry se quejó de dolor mientras los sentaban a los dos en unas sillas del salón.

Apenas pudieron reaccionar para intentar escapar o defenderse.

Los dos tipos eran fuertes y hábiles.  En cuestión de segundos, los ataron a las sillas y los amordazaron.

Espalda con espalda, en medio del salón.

Los dejaron un rato atados, sin decir nada.

Evelyn respiraba fuerte, nerviosa. No podía ver a Henry, pero sus manos estaban cogidas con los dedos entrelazados y notaba la firmeza de su pulso.

Tenía la respiración pesada, el golpe del pecho aún se resentía.

Ella no podía más que llorar y pensar en qué era todo esto.

Uno de ellos se inclinó hacia Evelyn. No gritó, no la amenazó con aspavientos. Solo un susurro helado, como si le confiara un secreto.

—Buenas noches, señorita Carter. Ahora nos va a dar la combinación de esa puerta acorazada de la casa de subastas. O, si no, su novio lo va a pasar muy mal.