La estela de los naufragios (La maga y la sirena 2) 23. Imogen #3
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23. Imogen #3

Sus labios encontraron los míos, abrasadores, dulces y desesperados.

Me besó con la atrevida y apasionada necesidad de alguien a quien le importaban poco los imposibles, el peligro o cualquier monstruo que tratara de interponerse entre nosotros, pues los derrotaría uno a uno.

Su lengua acarició la mía y su aliento bailó por mi mejilla.

Yo le devolví el beso con la misma desesperación, con el mismo fervor.

Acunó mi pecho desnudo y lo acarició hasta arrancarme un gemido.

—Shhh. —Me mandó callar con los labios presionados contra los míos, pero rompió el beso a regañadientes, con expresión torturada—. Te he traído aquí para leer.

Se me escapó una risotada demasiado ruidosa que Theodore tuvo que amortiguar con la mano.

—Calla —me pidió al oído, aunque lo sentí sonreír—. Dioses benditos, céntrate, Imogen. —Me dio un mordisquito en el lóbulo de la oreja—. ¿Te has centrado ya?

—Ajá.

—Bien. —Me deslizó la punta de la nariz por la mejilla—. Hemos encontrado un hechizo que, en teoría, puede ayudarnos a derrotar a Eusia, ¿cierto?

Asentí a pesar de que el contacto de sus labios en mi mandíbula estaba haciendo que un cosquilleo me recorriera todo el cuerpo. A pesar de que mi corazón todavía latía desbocado después de aquel beso, porque todavía no habíamos resuelto nada.

—Pero he estado pensando en lo de nuestro vínculo —susurró—. No fue un hechizo lo que lo rompió, sino la poción de una maga.

Lo contemplé confundida y cambié de posición para encontrar su mirada.

—El vínculo de una sirena nace del poder de los dioses, mientras que la pócima capaz de romperlo está hecha con magia. En cierto sentido, la situación es la misma que cuando deshiciste mi hechizo con tu poder.

Bajó la cabeza.

—Como dijo el gran dios Jesop, son «dos filos de una misma espada». Ya sospechabas que tu conexión con Eusia es una versión mágica del vínculo de las sirenas, que utilizó tu sangre y mancilló tu poder de alguna manera con un hechizo, así que…

—A lo mejor hay que recurrir tanto al poder de los dioses como a la magia para deshacerlo.

Él sonrió y bajó los labios hasta mi cuello, donde habló entre beso y beso sobre mi pulso.

—Que mi don fuera capaz de romper el hechizo de tu vientre fue toda una sorpresa, aunque no debería haber sido así. Las magas sibilas llevan cientos de años utilizando pociones para contrarrestar el poder de los dioses, como en el caso de nuestro vínculo.

Una poción y un hechizo. Mi mente trabajaba a toda velocidad, pero Theodore, que trazaba un sendero de besos desde mi cuello en dirección a mi pecho, me impedía procesar mis pensamientos. Su lengua ardiente y arrebatadora me acarició el pezón.

—¡Theo!

—Está bien. Vale. —Se incorporó a toda prisa, como si lo hubiera regañado—. Te leeré lo que quería enseñarte.

Cogió el libro rápidamente y pasó las hojas con fingida irritación, pero yo me limité a fulminarlo con la mirada desde donde permanecía acostada.

El muy desgraciado dejó escapar una carcajada autocomplaciente y sonora que tuvo un efecto casi tan intenso en mí como sus labios o su lengua.

Cuando por fin dio con la página que buscaba, se acomodó a mi lado y me dio un beso en el centro del pecho a modo de disculpa.

—Ya seguiremos luego —susurró.

Sostuvo el libro de tal manera que yo también pudiera verlo.

El texto no estaba escrito con la letra pulcra y oscura que había aprendido a asociar con el gran dios Jesop.

Quienquiera que hubiera escrito aquel fragmento tenía una caligrafía elegante y florida, y la tinta se acumulaba allí donde la persona que había empuñado la pluma había escrito con mayor fervor.

El entusiasmo del autor era casi palpable ya solo en la primera línea:

La hechicería es un arte y, como tal, evolucionará y crecerá con la persona que recurra a ella. A diferencia del poder de los dioses, no tiene unos límites marcados y no es inagotable, y, aunque habrá quien lo considere un defecto, cualquier maga sibila que se precie lo considerará una ventaja.

A la hora de lanzar un hechizo o elaborar una pócima, es preciso recalcar la importancia de la determinación.

Por supuesto, una maga sibila tendrá que recurrir a su carne y a su sangre, así como cuidarse de pronunciar el conjuro adecuado, pero nada importará si no vuelca su corazón, su mente y su alma en el hechizo.

No existe maga más poderosa que aquella que goza de una profunda sensibilidad.

El viento sopló con más fuerza, y Theo se interrumpió para cubrirme con la capa.

—He avanzado más —dijo con tono sombrío—, pero no disponemos de los ingredientes necesarios para elaborar una poción. Y, aunque logremos encontrarlos en Della, tampoco nos dará tiempo a prepararla.

—¿Te parece bonito eso de darme esperanzas para pisotearlas un instante más tarde?

Cerró el libro y me agarró de la barbilla para obligarme a fruncir los labios. Luego me dio un beso dulce, sin miramientos.

—Imogen —pronunció mi nombre como si saboreara un néctar—, hay una maga sibila en Della.

—¿Sugieres que le robemos una poción?

Echó la cabeza hacia atrás y se rio.

—No, solo que le pidamos una. —Se puso serio enseguida, como si acabara de recordar algo horrible—. Igual que la última vez.