Chapter 48
Mateo no permitió que la distancia durara más.
Se deslizó hacia abajo, dejando que su pecho velludo frotara contra el vientre de Daniel, un roce de vello y piel madura que hizo que el abogado soltara un jadeo profundo.
Mateo se detuvo entre las piernas de Daniel, observando la suavidad de sus muslos y la curva de su vientre antes de envolver el sexo del abogado con su boca.
Daniel soltó un grito que fue devorado por el silencio del apartamento; la sensación de la barba áspera de Mateo rozando su piel sensible y la calidez húmeda de su boca succionando el glande con una parsimonia experta fue una sobrecarga sensorial.
Daniel sentía cómo el líquido preseminal brotaba de él en pequeñas oleadas, lubricando la entrega de Mateo, mientras sus propios dedos se hundían en los hombros masivos del capataz, buscando un ancla en medio de la tormenta.
Daniel, incapaz de permanecer pasivo, obligó a Mateo a subir para que sus bocas se encontraran en un beso que sabía a sus propios fluidos.
Luego, con un movimiento coordinado por la confianza de sus cuerpos, se invirtieron sobre el colchón.
Daniel se entregó a la anatomía de Mateo con una voracidad que era, en realidad, una forma de adoración.
Envolvió la virilidad oscura del obrero con sus labios, maravillándose de la textura de la piel tirante y del sabor salado de la pre-eyaculación que goteaba desde la uretra.
Mateo soltó un gruñido animal, un sonido que vibró en el cráneo de Daniel, mientras sus manos de oso acariciaban las nalgas del abogado, apretando la carne madura con una fuerza que prometía una posesión definitiva.
El aire en la habitación estaba saturado de su respiración entrecortada y del olor penetrante de dos hombres bear que habían decidido, por fin, ser los dueños de su propio placer.