Chapter 46
Mateo obligó a Daniel a levantarse, tomándolo por los brazos con una fuerza que hizo que Daniel se sintiera, por fin, completamente sostenido.
El capataz empezó entonces su propia exploración.
Sus manos rudas recorrieron la espalda de Daniel, maravillándose de la suavidad de su piel y de la forma en que sus propios dedos oscuros y curtidos resaltaban sobre la blancura del abogado.
Mateo bajó hacia las nalgas de Daniel, apretándolas con una firmeza que prometía una posesión total, sintiendo el peso y la redondez de un hombre que, a pesar de su cargo, conservaba una vitalidad carnal desbordante.
—Tienes una piel que pide a gritos ser marcada, Daniel —murmuró Mateo, bajando la cabeza para morder suavemente el hombro del abogado, dejando un rastro de humedad y calor—. Tan suave, tan cuidada... dan ganas de deshacerte entero.
Mateo pasó su lengua por el pecho de Daniel, rodeando sus pezones, sintiendo cómo el abogado temblaba bajo su dominio.
Luego, sus manos bajaron hacia el vientre de Daniel, acariciando esa curva de madurez que el traje siempre intentaba disimular.
Para Mateo, ese vientre era un símbolo de éxito y de verdad; lo apretó con sus palmas calientes, deleitándose en la consistencia de la carne madura.
Daniel echó la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados, entregándose al tacto de Mateo como si fuera la primera vez que alguien lo tocaba de verdad.
El aroma a deseo empezaba a inundar la habitación, una mezcla de sus propios fluidos latentes y el calor de dos cuerpos que estaban a punto de entrar en combustión.