Chapter 45
Daniel extendió sus manos y, por primera vez, se permitió recorrer el cuerpo de Mateo sin el obstáculo de la tela.
Empezó por los hombros, sintiendo la dureza del músculo bajo la capa de grasa protectora de la edad, una combinación de fuerza y suavidad que era la esencia misma de lo *gaybear*.
Sus dedos, finos y sensibles, se hundieron en el vello áspero del pecho de Mateo, jugando con los pezones que, rodeados de hilos de plata, se endurecían al instante bajo su tacto.
Daniel bajó el rostro y hundió la nariz en ese vello, inhalando el aroma de Mateo: un perfume denso de jabón neutro, tabaco rancio y ese olor animal, cálido y profundo, que emana de un hombre que ha vivido.
—Eres inmenso, Mateo —susurró Daniel, pasando la lengua por el esternón del otro, saboreando la sal de su piel—. Eres todo lo que he tenido miedo de desear durante media vida.
Daniel continuó su descenso hacia el vientre de Mateo.
Se arrodilló frente a él, rodeando con sus brazos esa cintura ancha, hundiendo su rostro en la calidez del abdomen del capataz.
La piel allí era más suave, un refugio de carne madura que Daniel acarició con devoción.
Sentía el latido del corazón de Mateo repercutiendo en su propio cráneo.
Mateo, por su parte, hundió sus manos callosas en el cabello cano de Daniel, cerrando los ojos y dejando escapar un gruñido de satisfacción.
Sus dedos, marcados por cicatrices de obra, se movieron con una ternura inesperada, acariciando las orejas y la nuca del abogado mientras este exploraba la línea de su vello púbico, donde el gris se volvía casi blanco, denso y cargado de una promesa sexual inminente.