CAPÍTULO 22
Dos plantillas
A las siete y doce del sábado, Noel tenía abiertas en una misma pantalla seis necrológicas y ninguna parecía pertenecer ya al mismo periódico.
Cuatro estaban alineadas a la izquierda.
Nerea.
Octavio.
Candela.
Efrén.
Leandro ocupaba una quinta ventana debajo, recién publicada.
La esquela de Mencía estaba sola a la derecha.
—Si quitamos los nombres, siguen siendo dos cosas distintas —dijo Noel.
Mencía permanecía de pie detrás de él con la misma ropa del depósito y un olor a humo que ni el aire frío de la mañana había conseguido quitarle del todo.
El sanitario había querido llevarla al hospital.
Tomás había aceptado que regresara al periódico solo después de una valoración y con la condición de que no saliera del edificio.
La condición llevaba cuarenta minutos intacta.
Era un récord.
—Enséñamelo como si no supiera nada —dijo.
Noel la miró.
—Eso va a ser difícil.
—Haz un esfuerzo.
Amplió la primera columna.
—Las de Nerea, Octavio, Candela, Efrén y Leandro utilizan una plantilla que dejó de estar activa hace años. No solo el diseño. La estructura interna. Campos que el CMS actual ya no crea, nombres antiguos de variables, etiquetas que hoy no sirven para nada.
—ARCHIVO_NECRO.
—Ese es el identificador del módulo. Pero lo importante no es cómo se llama. Es que estas piezas existían como trabajos heredados antes de publicarse.
Noel abrió el registro de Leandro.
—Mira la fecha de creación del contenido.
Mencía leyó.
La fecha era anterior al lunes.
No a la publicación de Leandro.
Al lunes.
—¿El texto ya estaba escrito antes de que apareciera Nerea?
—La versión que acaba de publicarse, sí. El contenido no ha cambiado desde entonces.
Aquella certeza técnica ordenó algo que llevaba días intuyendo.
—Quien escribió la de Leandro no reaccionó a las muertes.
—No para redactarla.
—Ni a Candela sobreviviendo.
—No.
—Ni a Efrén muriendo antes de las seis y veinte.
—Tampoco.
Noel señaló la segunda columna.
—La tuya es lo contrario. Creada el viernes de madrugada, editada varias veces esa misma noche y publicada desde la plantilla actual.
—Después de que ya hubieran muerto Nerea y Octavio y después de que Candela sobreviviera.
—Sí.
Mencía abrió las dos fórmulas.
En las auténticas:
Antes de las 06:20 de mañana podrá corregir lo que dejó escrito.
En la suya:
Mañana, a las 06:20, Mencía Roldán morirá sin posibilidad de rectificación.
—Una necesita una respuesta —dijo.
Noel asintió.
—La otra necesita un resultado.
—Eso no es técnico.
—Llevo una semana contigo. Algo se pega.
Tomás entró en la zona de Sistemas acompañado por dos agentes de la unidad tecnológica.
—Leandro está localizado.
Mencía se volvió.
—¿Vivo?
—Sí.
La pregunta se había vuelto necesaria.
—¿Dónde?
—No.
—Ni siquiera he terminado.
—Precisamente.
Tomás miró las pantallas.
—Ha aceptado protección de momento. No quiere venir al periódico y no piensa declarar nada hasta hablar con un abogado.
—¿Ha visto su esquela?
—Sí.
—¿Y la frase del correo?
—También.
—¿Qué ha dicho?
—Que no piensa discutir por teléfono una frase escrita por un delincuente.
Mencía recordó a Leandro catorce años atrás, capaz de convertir una corrección de cierre en una cuestión de principios editoriales. La respuesta sonaba a él.
También sonaba a miedo.
Tomás señaló a Noel.
—Enséñame el traslado.
Noel cambió de pantalla.
Hasta entonces habían hablado muchas veces de una cola duplicada. Ahora Mencía veía la operación completa reconstruida en una línea temporal.
Noel hizo una precisión antes de seguir.
—Seguimos llamándola cola heredada por entendernos.
—¿Y técnicamente? —preguntó Mencía.
—Desde el lunes ya no es la cola antigua. Son copias administrativas de trabajos heredados. Conservan el origen, la programación y los metadatos, pero están en otro contenedor.
LUNES — 06:20:00
Publicación del primer trabajo heredado.
LUNES — 07:06:18
Solicitud de lectura masiva de trabajos pendientes.
07:06:31
Creación de contenedor administrativo de migración.
07:07:02
Copia de trabajos heredados al contenedor nuevo.
07:07:11
Cambio de permisos.
07:07:19
Revocación de edición desde perfiles externos de archivo.
Mencía leyó las horas dos veces.
—Cuarenta y siete minutos después de la primera esquela.
—Sí —dijo Noel.
—Entonces quien tomó el control reaccionó a Nerea.
Tomás corrigió:
—Reaccionó a la publicación de Nerea. No sabemos qué sabía de ella.
La diferencia importaba.
—¿Qué cuenta hizo el traslado?
Uno de los técnicos respondió.
—No una cuenta personal. Un principal de servicio creado para la migración.
—Otra vez.
—Otra vez.
El hombre abrió una ficha.
MIGRA_LEGACY_ADMIN .
Debajo aparecía una cadena de autorizaciones.
Noel amplió la última.
Mencía vio el nombre antes de que nadie se lo explicara.
APROBACIÓN DELEGADA: S. NERIA .
No dijo nada.
Tomás tampoco.
El técnico fue el primero en hablar.
—Esto no significa que Saúl Neria ejecutara la copia.
Mencía mantuvo los ojos en la pantalla.
—¿Qué significa exactamente?
—Que el principal de servicio tenía permisos derivados de un paquete administrativo cuya aprobación delegada quedó validada con su credencial corporativa.
—En castellano.
—Saúl autorizó el paquete que permitía hacer esto. El proceso pudo ejecutarlo automáticamente el sistema de migración, un técnico con acceso al servicio o alguien que utilizara esas credenciales dentro del entorno autorizado.
—¿Desde dónde se ejecutó?
—Desde un nodo de migración de Vértice.
Mencía se volvió hacia Tomás.
—Saúl es el enlace con Vértice.
—Sí.
—Pidió reactivar los módulos antiguos.
—Sí.
—Y su autorización permitió mover la cola después de que apareciera Nerea.
—Sí.
Tomás no añadió una cuarta frase.
Mencía tampoco.
No necesitaba convertir tres hechos en una conclusión prematura para sentir el peso que tenían juntos.
—¿Podemos saber quién estaba usando ese nodo a las siete y siete? —preguntó.
—Estamos cruzando accesos —dijo el técnico—. Pero el diseño de la migración no ayuda. Varias operaciones corren como servicio. La máquina registra el proceso mejor que a la persona que lo pidió.
—Conveniente.
—Habitual —dijo Noel—. Que esta semana nos parezca siniestro no significa que se diseñara para ocultar homicidios.
—Gracias por mantener el listón.
—Para eso estoy.
Tomás abrió otro registro.
—¿Y la cuenta de Lúa?
—Durante el proyecto podía consultar y preparar trabajos en el módulo heredado —respondió Noel.
—¿Y después del traslado?
—Perdió capacidad de edición sobre las copias administrativas. El martes, después de la muerte de Nerea, intentó entrar varias veces y no pudo.
—Eso ya lo sabíamos —dijo Mencía.
—Sabíamos los intentos. Ahora sabemos exactamente por qué fallaban.
Mencía observó la línea de revocación.
07:07:19 del lunes.
Lúa había perdido el control casi un día antes de que Nerea muriera.
—Si quería cancelar algo el martes, ya era tarde.
—Si quería cancelarlo.
—Sí.
No iba a discutir esa palabra.
Noel abrió el registro de la esquela de Mencía.
—Y aquí no hay nada de eso. Nada de contenedor heredado. Nada de copia. Se crea directamente el viernes con un permiso actual.
—¿El mismo principal de servicio?
—No. Un perfil compartido del CMS.
—¿También deriva de permisos aprobados por Saúl?
Noel negó con la cabeza.
—No de la misma cadena. El acceso actual es más amplio. Jurídico, Sistemas, Vértice y administración tienen rutas distintas para llegar a él.
Mencía sintió casi alivio.
Una prueba que apuntaba demasiado limpiamente a una sola persona habría empezado a parecerse demasiado a todo aquello que intentaba desaprender.
—Entonces tenemos dos mecanismos —dijo.
Tomás asintió.
—Y dos momentos de creación.
—Dos lenguajes.
—Sí.
—Dos objetivos.
Tomás tardó un instante más.
—Eso ya es interpretación.
Mencía señaló las frases.
—Una ofrece corregir una mentira y la otra anuncia una muerte sin salida. Una estaba escrita antes de que muriera nadie y la otra se escribió después de tres ataques y cuando yo ya investigaba a Saúl. Si quieres llamarlo interpretación, adelante.
Tomás leyó ambas necrológicas.
—Diré que son intenciones difícilmente compatibles.
—Siempre encuentras una frase más larga.
—Me pagan por eso.
Uno de los técnicos levantó la vista.
—Hay otra diferencia. Y ya sabemos por qué esas piezas terminan en portada.
Abrió los metadatos del trabajo.
—El módulo antiguo conservaba un destino digital asociado al cierre de las seis y veinte. Durante la migración, ese destino se traduce al bloque principal de la portada actual. El módulo moderno de necrológicas no hace eso; los trabajos heredados, sí.
Mencía recordó la primera mañana.
—Por eso una pieza restaurada podía aparecer donde no debía.
—Exacto. No era una regla de las esquelas actuales. Era una ruta vieja que sobrevivió al cambio de sistema.
El técnico abrió después los adjuntos de sistema.
—Los trabajos antiguos contienen un campo que la plantilla actual ya no usa. «Referencia de corrección».
Mencía se acercó.
En cada una de las esquelas publicadas aparecía un identificador distinto.
No un archivo adjunto.
Una referencia.
—¿Qué señala?
—No lo sabemos todavía. El destino estaba en el archivo heredado y varias rutas se rompieron durante la migración. Pero cada trabajo tiene una referencia diferente.
Nerea.
Octavio.
Candela.
Efrén.
Leandro.
Cinco códigos.
La esquela de Mencía no tenía ninguno.
Mencía pensó en el grabador que Nerea había escondido, en la copia original de Octavio, en las notas de Candela, en la llave y el recibo de Efrén.
—No eran solo acusaciones —dijo.
—Cada una apuntaba a una prueba concreta.
—Eso parece.
—La de Leandro también.
Nadie respondió.
El siguiente nombre ya estaba allí. Ahora tocaba averiguar si Leandro hablaría antes de que llegara su hora.
A las ocho y seis, Tomás pidió que imprimieran la línea temporal y la cadena de permisos.
Mencía volvió a su despacho.
Saúl no estaba en el periódico.
La policía lo había citado para aclarar sus movimientos de la madrugada y el alcance de sus permisos durante la migración. No estaba detenido. Tomás se había cuidado de decírselo antes de que ella preguntara.
Mencía abrió el documento donde separaba hechos y sospechas.
Lo que sé de Saúl.
Esta vez escribió.
Efrén afirma que le entregó la tarjeta y la llave de Inés y le pidió mover el coche.
Candela afirma que utilizó la llamada de la 01:20 para desacreditar su horquilla preliminar.
La autorización delegada de Saúl forma parte de la cadena que permitió trasladar la cola auténtica después de la primera esquela.
Llegó al depósito pocos minutos después de activarse la alarma sin que Mencía le hubiera dado la dirección.
Se detuvo.
Debajo, en Lo que sospecho de Saúl , escribió solo una frase.
Que todas esas cosas pertenecen a la misma historia.
No escribió que hubiera matado a Inés.
No escribió que hubiera asesinado a Nerea, Octavio o Efrén.
Todavía no podía.
A las ocho y veintidós, la puerta de su despacho se abrió.
Era Tomás.
—Tenemos un problema con Leandro.
Mencía levantó la vista.
—¿Se ha ido?
—No. Sigue donde lo hemos puesto.
—Entonces, ¿qué problema?
—Ha pedido ver a Saúl.
Mencía dejó el bolígrafo.
—¿Para qué?
—Dice que es la única persona que entiende lo que pasó aquella noche.
—Eso mismo pensaban Nerea y Octavio.
—Lo sé.
—No lo dejes.
Tomás arqueó una ceja.
—Gracias por la instrucción.
—Sabes a qué me refiero.
—Sí. Y no va a verlo.
Mencía se levantó.
—Quiero hablar con Leandro.
—Más tarde.
—Su esquela lo acusa de escribir el correo de una muerta.
—Y precisamente por eso primero lo interrogo yo.
El teléfono de Tomás vibró.
Leyó la pantalla.
Su expresión cambió.
—¿Qué?
No contestó.
Salió del despacho mientras respondía a la llamada.
Mencía lo siguió hasta la puerta, pero no más allá.
Estaba aprendiendo.
A medias.
Tomás se detuvo en mitad de la redacción.
—¿Dónde?
Escuchó.
—No la toquéis. Que espere ahí.
Mencía sintió algo antes de saber qué era.
Tomás colgó y volvió hacia ella.
—Recepción.
—¿Qué pasa?
—Ha entrado una mujer preguntando por ti.
Mencía no necesitó oír el nombre.
Tomás sí lo dijo.
—Lúa Barral.
Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió.
—¿La habéis detenido?
—Todavía no.
—¿Por qué?
Tomás guardó el teléfono.
—Porque ha entrado con las manos a la vista, ha dejado su identificación en el mostrador y ha dicho que viene voluntariamente.
Mencía miró hacia el pasillo que conducía a recepción.
—¿Qué quiere?
—Hablar de las esquelas.
Tomás dio un paso hacia la puerta.
—Esta vez vienes detrás de mí.
Mencía lo siguió.