CAPÍTULO 16 #2
—No le digas nada a Saúl. Ni lo de la llamada, ni la llave, ni que estamos intentando localizar a Efrén.
—¿Crees que la fuga de información viene de él?
—Creo que no voy a informar a una persona mencionada directamente por un testigo hasta saber qué tenemos.
Mencía asintió aunque él no pudiera verla.
—De acuerdo.
—Y Mencía.
—¿Qué?
—No conviertas ahora a Saúl en tu nuevo Tadeo.
La frase dolió porque era la advertencia correcta.
—No lo haré.
A las once y media de la noche, Tomás llegó al periódico con dos agentes de la unidad tecnológica.
No habló con Saúl.
No estaba allí.
Se encerraron con Noel durante casi una hora para revisar los accesos del módulo de necrológicas y los permisos extraordinarios generados durante la migración.
Mencía trabajó en su despacho sin entrar.
A las doce y cuarenta y tres, Noel salió.
No parecía cansado.
Parecía desconcertado.
—Necesito enseñarte algo.
Mencía lo siguió hasta su mesa.
En la pantalla había una lista de consultas internas.
—Esto no es una publicación —dijo Noel—. Es una búsqueda.
—¿De qué?
Él señaló una línea.
00:31:44 — CONSULTA SUJETO: ROLDÁN, MENCÍA — PERFIL ADM-CMS-NEW.
Mencía leyó su nombre.
—¿Qué significa?
—Que alguien ha consultado tu ficha desde el módulo actual de contenidos.
—¿La ficha de personal?
—Parte de ella. Nombre completo, fecha de nacimiento, fotografía corporativa, datos biográficos que usamos para perfiles de autores.
—¿Desde ARCHIVO_NECRO?
—No.
Noel amplió la columna.
—Esto es lo raro. Las esquelas anteriores vienen de trabajos heredados de la cola antigua. Esta consulta entra por un perfil administrativo reciente, creado durante la migración.
Mencía sintió un cambio muy pequeño en la respiración.
—¿Quién tiene ese perfil?
—No es un usuario personal. Es un permiso de servicio.
—¿Quién puede utilizarlo?
—Varias cuentas administrativas.
—¿Saúl?
Noel no respondió de inmediato.
—El área jurídica tiene permisos altos por la migración. Sistemas también. Vértice. Algunos administradores de Nexo.
—Lúa.
—Su cuenta individual está bloqueada. Ese perfil no es el suyo.
Mencía miró de nuevo la hora.
00:31.
Viernes.
Aún faltaban casi seis horas para saber si la cola heredada iba a publicar otro nombre.
—¿Han consultado a alguien más?
—Sí. Autores, empleados, antiguos colaboradores. El servicio se usa para muchas cosas.
—¿Esta noche?
Noel filtró.
Solo había tres consultas recientes.
Dos correspondían a cambios ordinarios en perfiles de colaboradores.
La tercera era la suya.
—¿Para qué se usa una ficha de autor desde el módulo de contenidos? —preguntó.
—Biografías. Obituarios internos si fallece alguien conocido. Páginas de autor. Depende.
Noel no necesitó decir la palabra.
—Preserva el registro.
—Ya.
—Tomás.
—Ya lo tiene.
Mencía apoyó una mano en el borde de la mesa.
—¿Puede tener relación con las esquelas?
—Puede.
—No sabes si la tiene.
—No.
La respuesta correcta.
A la una y veinte, Tomás volvió a llamarla.
—Te vas a casa.
—No.
—No era una propuesta.
—Mi nombre acaba de aparecer en el módulo que alguien utiliza para fabricar necrológicas.
—Por eso precisamente.
—¿Y quieres que me vaya sola a casa?
—No vas sola.
Mencía miró hacia la entrada.
Dos agentes esperaban junto al control.
—No quiero una patrulla frente a mi puerta.
—Nerea tampoco.
La objeción murió antes de salir.
Mencía recogió el bolso.
—Una noche.
—Hasta que sepamos qué significa esa consulta.
—Eso podría ser una semana.
—Entonces empieza por una noche.
A las dos menos cuarto, Mencía estaba en su piso por primera vez desde el lunes.
No encendió todas las luces.
Se negó a concederle ese gesto a una línea de registro.
Los agentes permanecieron abajo. Otro había revisado el portal antes de que subiera.
Mencía dejó el móvil cargando sobre la mesa del salón y abrió el portátil.
No trabajó en la esquela que todavía no existía.
Trabajó en Efrén.
Repasó su llamada.
Saúl le dio tarjeta y llave.
Efrén movió el coche.
Efrén mintió después por miedo a quedar implicado.
Conservó una llave y un recibo.
No sabía si Saúl había matado a Inés.
Cada frase terminaba donde debía.
Mencía escribió una última:
La falsa salida ya tiene autor material. Aún no tiene autor intelectual probado.
A las cuatro y cincuenta, Tomás informó de que seguían sin localizarlo.
A las cinco y veintiséis, después de dormir algo menos de dos horas a intervalos, Mencía se rindió y preparó café.
A las cinco y cuarenta y uno, recibió un mensaje desde una dirección anónima que no reconocía.
No era un correo largo.
Sigo vivo.
Debajo:
A las 06:20 recibirás una ubicación. Si puedo, cancelaré el envío antes. Si te llega, no vayas sola. Allí está lo que guardé.
Mencía llamó a Tomás.
Esta vez respondió antes del primer tono completo.
—Lo tengo.
—¿Qué?
Ella leyó el mensaje.
Tomás no habló durante varios segundos.
—No salgas.
—No voy a salir.
—Reenvíamelo.
—Ya.
—Si llega la ubicación, me la mandas antes de abrir nada.
—Tomás.
—¿Qué?
—Ha escrito «si puedo».
—Lo sé.
Mencía miró el reloj del horno.
05:42.
—Quedan treinta y ocho minutos.
—Y esta vez sabemos que la hora no hace nada por sí sola.
Mencía pensó en Candela.
—Alguien tiene que llegar hasta él.
—Sí.
—Entonces encuéntralo antes.
Tomás no respondió con una promesa.
Mencía agradeció que no lo hiciera.
A las cinco y cincuenta y ocho, el correo seguía siendo el último mensaje de Efrén.
No había llamado.
No había cancelado nada que Mencía pudiera ver.
Y en algún lugar de Sendaña, un envío esperaba las seis y veinte para decidir si debía contarles dónde buscarlo.