La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 52
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Capítulo 52

No conseguí regresar a Turquía.

Cuando salí del hotel, no fui al aeropuerto; me dirigí a mi oficina en Londres porque, aunque cada gota de mi sangre me decía que había tomado la decisión correcta, había una maldita pregunta en mi cabeza: “¿y si...?”.

¿Y si todo no fue más que una mentira, como ella me juró en el hotel?

¿Y si realmente fue una trampa, alguien intentando lucrar con nuestra relación, sabiendo que, al poner a mi esposa en una situación como aquella, yo pagaría para mantenerlos callados y evitar que la expusieran?

Sin embargo, no me guío por las emociones, sino por la razón, y mi mente se niega a doblegarse ante mi corazón, que me ordena ir a buscarla otra vez para aclarar la historia, investigando hasta que no quede ninguna duda sobre la verdad.

La imagen de Charlie semidesnuda en la cama, durante las horas que esperé a que despertara, junto con las imágenes que vi de ella acostada al lado de aquel hombre... no es algo que vaya a conseguir olvidar.

Mi orgullo y la razón luchan contra el amor. Mi corazón me debilita. Sus lágrimas me cortaron como cuchillas afiladas.

Termino todo el whisky de mi vaso y me levanto, sabiendo lo que haré. Hasta que consiga llegar hasta el chantajista, la mantendré cerca. No le daré espacio a Charlie para que se vea involucrada en otro escándalo.

“Sí, es exactamente por eso que vas a buscarla, ¿verdad, bastardo?”, se burla una voz interna. “¡No tiene nada que ver con el simple hecho de imaginar que, en este momento, Charlie podría haber vuelto a los brazos de otro!”.

Pensar en eso hace que abra la puerta de la oficina y me dirija hacia el ascensor como si el mismísimo diablo estuviera persiguiéndome.

Nadie va a tocarla mientras lleve mi apellido. Aunque Charlie sea una traidora, tendrá que controlarse hasta el divorcio.

Mientras espero que llegue el ascensor, sus palabras vuelven a mi mente.

“Te amo, Zehab, y nunca pensé que algún día me daría placer verte sufrir, pero, cuando descubras que soy inocente, me gustará pensar que tu corazón está sangrando exactamente como el mío ahora. Tienes razón, nuestro matrimonio fue un error, y me gustaría borrar de mi vida el día en que nuestros caminos se cruzaron”.

Las lágrimas pueden fingirse, pero los hechos estaban ahí para quien quisiera verlos.

Vi las fotografías. Puede que su amante la haya engañado, pero eso no cambia el sentido de todo.

Charlie me engañó con su exnovio.

¿Acaso ella misma no admitió que era su ex?

Los celos me desgarran por dentro. Estoy seguro de que, si hubiera encontrado a ese hombre allí, lo habría matado.

De todo lo que Charlie me dijo, descubrí al menos dos verdades: hay una azafata que trabaja para mí en Aureum Airlines llamada Hayana Hall y un piloto llamado Easton Prescott.

Lo primero que hice al entrar en la oficina fue acceder al servidor que me da acceso a los datos de todos los empleados de la compañía.

Descubrí que ambos renunciaron hace algunas horas y, aunque resulta sospechoso y me da casi la certeza de que los dos están involucrados en esta trampa para chantajearme, eso no significa que Charlie y ese tal Easton no sean amantes.

Vi la foto de la azafata. Tiene el cabello castaño. O, al menos, lo tenía cuando entró en la compañía. La mujer de la cabina del piloto era pelirroja.

¡Maldición!

¿Por qué no consigo simplemente dar media vuelta e irme?

Porque la amas; aunque estés seguro de que es una traidora, todavía la amas.

Necesito llegar al fondo de esta historia porque solo así conseguiré borrar a Charlie de mi vida de una vez por todas.

El hecho es que Easton y Hayana desaparecieron de Londres. Le pedí al jefe de mi equipo de seguridad que hiciera una rápida averiguación. Salieron del Reino Unido. Ordené que ambos fueran rastreados y estoy esperando una respuesta.

El ascensor parece tardar una eternidad en llegar a la planta baja y, cuando finalmente se abren las puertas, salgo para tomar un taxi frente al edificio. Ya amaneció, pero la calle todavía está desierta.

Salgo del edificio mirando a mi alrededor para ver si hay algún taxi cerca, pero probablemente tendré que pedir uno por teléfono.

Sin embargo, no llego a dar más de media docena de pasos cuando mi celular vibra en el bolsillo del traje.

Miro la pantalla.

Daylin, mi cuñada.

No quiero hablar con ella porque imagino que, a estas alturas, Charlie ya le contó lo que sucedió entre nosotros, pero no soy alguien que huye de los problemas ni de los enfrentamientos, y no voy a empezar a hacerlo ahora.

—¿Sí?

—Zehab, soy yo —dice con sequedad, y no esperaba nada diferente. Es la siguiente pregunta la que me sorprende—. ¿Todavía estás en Londres?

Su voz suena acusadora, cargada de rabia.

—Sí, todavía estoy aquí. ¿Por qué?

No tengo que darle explicaciones ni decirle que estaba regresando al hotel para llevarme conmigo a su hermana traidora hasta que nos divorciemos.

—No voy a fingir que no sé lo que pasó y tampoco voy a disimular cuánto te odio en este momento, pero eres la única persona que conozco allí y estoy desesperada.

—¿Desesperada? ¿Por qué?

—Charlie estaba regresando a casa. Me llamó hace algunas horas diciendo que iba camino al aeropuerto.

Sucede que tenemos la costumbre de toda la vida de avisarnos cuando iniciamos un viaje, ya sea que subamos a un tren, a un avión o a un auto.

Todavía no me llamó y... —Se interrumpe, como si dudara antes de continuar.

—¿Y qué?

—Charlie estaba llorando, con el corazón roto, pero jamás me preocuparía sin motivo. Sabe que no conseguiría dormir sin saber que ya estaba a salvo dentro del avión, camino a reunirse con su familia.

No se me escapa el tono cáustico.

Camino a reunirse con su familia verdadera, quiso decir, porque yo ya no formo parte de ella. Dejé de ser un miembro de su familia en el momento en que rechacé a mi esposa.

—No sé adónde quieres llegar —digo, seguro de que Charlie simplemente olvidó avisarle que ya estaba en el aeropuerto.

Al mismo tiempo, pienso que, si salió de Londres, tendré que perseguirla nuevamente hasta Wyoming. No escapará lejos de mi vigilancia.

—Me dijo que estaba lloviendo en Londres.

—La voz de Daylin falla y ahora puedo percibir lo ansiosa que está—.

Estoy preocupada, Zehab. Solo te estoy pidiendo ayuda porque estoy desesperada.

Serías la última persona a la que recurriría si tuviera otra opción.

Pero mi intuición me dice que le pasó algo.

Mis músculos, que ya estaban tensos desde el momento en que salí del hotel ayer, se convierten en piedra.

—¿Qué quieres decir con “le pasó algo”?

—Sé que Charlie es adulta, dueña de su vida, y, si no estuviera embarazada, no estaría tan preocupada, pero...

—¿Qué dijiste?

—Charlie está embarazada. No tuvo tiempo de contártelo porque lo descubrió durante el vuelo a Londres.

Si te atreves a dudar de la paternidad de ese bebé, te juro por todo lo sagrado que voy a maldecirte a ti y a toda tu familia.

No importa lo que estés pensando, estás equivocado.

Charlie está enamorada de ti, o lo estaba, al menos, antes de que aplastaras su amor con tu caro zapato italiano hecho a mano.

—¿Embarazada? —repito.

—Sí. Y espero que empieces a practicar cómo pedir perdón de rodillas.

Mi hermana es honorable y orgullosa. Me dijo que iniciará los trámites del divorcio en cuanto llegue a Buffalo.

Le diste la espalda en el momento en que más te necesitaba y estoy segura de que el amor que sentía por ti se convirtió en dolor y, con el tiempo, se transformará en odio.

—Charlie no me dijo nada sobre estar embarazada.

—Ya sospechaba que podía estarlo antes de que se casaran, pero no quiso decírtelo durante la semana que pasaron en Las Vegas porque quería disfrutarla contigo y contártelo solo cuando estuviera segura.

No consigo responder. Por primera vez, que yo recuerde, no tengo un solo argumento con el que rebatirla.

Sé que, aunque ama a Charlie, Daylin jamás la defendería si creyera que me engañó.

—Está destrozada, Zehab. No importa lo que creas haber visto.

Mi hermana te ama. Nunca la vi sufrir tanto, ni siquiera cuando perdimos a nuestro padre.

Pero no necesitas creerme ni tampoco cuidarla si se lastimó de alguna manera.

Solo encuéntrala por mí y volaré inmediatamente a Londres.

Yo jamás la rechazaré, aunque te haya engañado, cosa que estoy segura de que no hizo.

Si desistió de viajar, avísame también, por favor.

Pídele que me llame. Es mi hermanita y jamás estará sola en el mundo.

Siento que se me tensa la mandíbula, con el orgullo y el amor en guerra, pero rápidamente el primero es derrotado por mi instinto protector.

Daylin tiene razón. No importa si lo que vi es verdad o no. Charlie todavía es mi esposa y el bebé que lleva dentro, estadísticamente, tiene muchas más posibilidades de ser mi hijo o mi hija que de ser del maldito.

Además, una sensación extraña como el carajo comienza a apoderarse de mí.

Charlie sabía que estaba embarazada cuando llegó al hotel. Ama a los niños. No habría bebido vino sabiendo que estaba embarazada.

El dolor me corroe y la sola posibilidad de haber cometido un error de juicio hace que me odie a mí mismo.

—Voy a encontrarla aunque tenga que revolver la basura de todo el país.

—Avísame en cuanto lo consigas. Y, si por fin te diste cuenta del error que cometiste, empieza a practicar cómo decir la palabra “perdón”, turco orgulloso. La vas a necesitar.