Capítulo 31
Su cuerpo está sobre el mío, caliente, sudoroso, y Charlie todavía respira agitadamente porque, en cuanto conseguí lo que quería, que entendiera que no irá a ninguna parte, necesité tenerla unida a mí de todas las maneras posibles.
Ninguno de los dos habla, pero ambos sabemos que acabamos de asumir un compromiso.
Nunca antes exigí fidelidad porque, aunque no me interesa estar con más de una mujer a la vez, siempre di por sentado que eso estaba garantizado y, además, como no había sentimientos involucrados, jamás me importó con quién pudiera acostarse mi pareja sexual de turno.
Con Charlie, me siento celoso y territorial. No quiero que bese otra boca ni que sienta placer con ningún hombre que no sea yo y, con solo pensarlo, siento aflorar un instinto asesino que ni siquiera sabía que poseía.
La mayor parte del tiempo, mis hermanos y yo somos civilizados, estudiamos en buenos colegios y recibimos una educación digna de la realeza, así que nunca entendí cómo ni por qué se sentían tan posesivos con sus mujeres, convirtiéndose en salvajes celosos, pero bastaron apenas dos días enteros con ella para que sienta como si fuera mía.
Ahora puedo ver el panorama completo y comprender por qué ellos son así con Malu, Ophelia, April y Kadri, las esposas de Emir, Cenk, Kahraman y Qasim, respectivamente. Nunca encontré a alguien que me hiciera sentir como Charlie.
En todos los sentidos, ella es única en mi vida. Jamás imaginé que perseguiría a una mujer hasta el interior de Wyoming. Ni que prescindiría de mis guardaespaldas, porque mis hermanos y yo seguimos un estricto protocolo de seguridad.
Sin embargo, estoy aquí, en una ciudad de unos cinco mil habitantes, dentro de una casa que es tan segura como si estuviera hecha de papel y, afuera, tiradas cerca del jacuzzi, están mis prendas, con mi cartera y mis documentos abandonados a la intemperie.
Esa mujer puso mi vida de cabeza. Tal vez porque ella era a quien estaba esperando y vino a demostrarme que la dirección opuesta a la que yo seguía, la sencillez de la vida, es el camino correcto.
—¿Cuándo tienes que marcharte? —pregunta, pasando una mano por mi pecho.
—Ni siquiera debería haber venido. Tendría que volar a Londres mañana, pero me quedaré el fin de semana.
—De todas formas, mis vacaciones terminan el lunes.
—Pide que te las extiendan.
Parecía relajada, casi adormilada, pero levanta la cabeza de mi pecho.
—¿Qué? No. Y si me dices que eres el dueño de la empresa y que puedo hacer lo que quiera porque soy tu novia, tendremos nuestra primera pelea como pareja.
—¿Novia?
—Dijiste que podía elegir el título que quisiera. Me quedaré con ese, novia. Tal vez pronto lo cambie por reina, pero, por ahora, me satisface.
Lo dice con expresión divertida, pero yo no estoy de humor para bromear. No soy un muchacho, sé que Charlie es diferente de las mujeres con las que ya estuve.
Si tuviera diez años menos, pensaría que quizá mi deseo por ella, loco y avasallador, estuviera nublando mis sentidos, pero sé que no es solo excitación. Nunca sentí nada parecido a lo que compartimos, ni estuve con una mujer pensando en un futuro con ella, ya fuera a corto o a largo plazo.
La deseo. En mi cama, en mi vida… Conmigo.
Le acomodo un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Quiero que te tomes unas vacaciones más largas para que podamos pasar más tiempo juntos.
—¿Vacaciones más largas? Pero si acabo de…
—Cuando mi empresa compró la tuya, ninguno de los beneficios de tu empleo anterior desapareció. Sé que tienes vacaciones acumuladas. Organízate. Tómate una semana más.
—No sé si debería. Pero ¿por qué quieres que lo haga?
—Tú me mostraste tu mundo, ahora quiero que conozcas el mío.
—Yo no pertenezco a él.
—Mi mundo está formado por personas de carne y hueso, Charlie.
—¿Qué me estás proponiendo, Zehab?
—Un compromiso. Exclusividad. Pasar tiempo juntos dentro y fuera de la habitación.
—Quiero eso, pero sabes que mis horarios son una locura.
—Los míos también, pero podemos hacer que funcione.
—No quiero que la gente de la empresa lo sepa.
—Estoy de acuerdo con que seamos discretos por ahora. Hasta que conozcas a mi familia…
—¿Tu familia?
—Sí, en algún momento la conocerás. Coordinaremos unos días próximamente para que puedas ir a Turquía. Pero, hasta entonces, es mejor que seamos discretos.
Parece pensarlo y, si no estuviera completamente decidido a obtener un sí como respuesta, podría reírme de la ironía de la situación.
Cualquier otra mujer con la que haya estado, si yo le propusiera algo semejante, un compromiso a largo plazo, aceptaría encantada, pero ella, la pelirroja que me vuelve loco, sopesa cada pequeña cosa de su mundo.
—¿Y tú? —pregunta de repente.
—¿Qué?
—Dijiste que soy tuya, pero ¿tú eres mío? No sé cómo funcionan estas cosas en tu mundo, Zehab, pero, si estamos juntos, quiero que seas solo mío. La exclusividad de la que hablaste no puede aplicarse únicamente a mí.
—No te propondría una relación si no quisiera comprometerme.
Permanece callada y extiendo la mano para encender la lámpara de la mesita de noche.
Veo que el rostro de Charlie está muy rojo.
Le acaricio la mejilla.
—¿No es un poco tarde para avergonzarte de mí?
—No es eso.
—Entonces, ¿qué sucede?
—Cuando te conocí, no sabía demasiado sobre tu cultura. Cuando Zhao me dijo que eras turco, pensé…
—¿Qué?
—No te rías.
—No suelo reírme demasiado.
—Pensé que me querías para meterme en tu harén.
Echo la cabeza hacia atrás y suelto una carcajada. Ella se sienta sobre mí y me mira enfadada.
—Nunca estudié la cultura turca.
Parece querer matarme y quizá ni siquiera se da cuenta de que parece una pintura, desnuda, sentada a horcajadas sobre mis piernas.
Mi verga reacciona ante la imagen de mi diosa pelirroja, que parece preparada para ser devorada. La atraigo hacia un beso húmedo y enseguida la levanto por la cintura, rozando su pequeña vagina contra mi erección.
—Quiero que empieces a tomar anticonceptivos. Estoy loco por correrme dentro de ti. Quiero llenarte con mi verga y con mi semen, Charlie. Marcarte por dentro y por fuera.
—Mi cuerpo, quieres decir —dice, descendiendo sobre mí lenta y provocativamente—. Porque aquí —apoya una mano sobre el corazón— ya tienes tu lugar, Zehab. Tómame. Demuéstrame cómo soy tuya.