La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 30
40%

Capítulo 30

Despierto de una siesta. Sí, sé que es solo una siesta porque la habitación todavía está en penumbra.

Siento el cuerpo caliente de Zehab pegado al mío. Mi muslo está sobre el suyo y su brazo me sostiene la cabeza contra su pecho.

Estoy deliciosamente agotada, pero quiero más, aunque el ardor entre mis muslos y el dolor de mis músculos me recuerdan cuánto “trabajó” mi cuerpo durante horas a lo largo de la noche.

Solo la tenue luz de la luna entra por la ventana, dibujando suaves sombras sobre las paredes y permitiéndome más intuir que ver el enorme cuerpo pegado al mío.

Me siento en la cama y bajo la sábana que lo cubre hasta el ombligo y, como una voyeur, observo al hombre desnudo y musculoso.

Su rostro de facciones marcadas está relajado, y creo que quizá este sea el único momento en que se encuentra así porque Zehab siempre parece preparado para la guerra.

Mi hombre. Mi primer hombre. Y, si tengo algún poder de decisión, también será el único.

¿Soy una tonta por desearlo? Probablemente, pero una vez leí que los únicos sueños que valen la pena son los mejores, los más grandes, los que más asustan.

Mi corazón golpea con fuerza dentro del pecho cuando me siento a horcajadas sobre sus muslos y dejo que mis manos recorran suavemente su abdomen duro.

Un deseo caliente, urgente y desesperado se apodera de mí.

Por Dios, cuánto lo deseo.

Me inclino y deslizo la boca por su pecho.

No se mueve, pero, cuando bajo hasta su verga, el simple contacto de mis labios hace que su miembro, hasta entonces dormido, reaccione.

Lo sujeto con ambas manos y me lo llevo a la boca.

Su aroma, la sensación de su piel caliente contra mis labios, me deja completamente mojada.

Deslizo la lengua a lo largo de su extensión y después succiono aquella piel sensible que parece acero recubierto de terciopelo.

Gimo cuando su enorme mano me agarra por la parte posterior de la cabeza y sus caderas se levantan de la cama, haciendo que entre en mi boca hasta la garganta.

Me atraganto, pero no me detengo, decidida a volverlo loco.

Me lo saco de la boca y muerdo suavemente la piel cerca de la ingle. Paso la lengua por sus testículos y escucho a mi hombre gruñir.

—¿Qué estás haciendo conmigo, Charlie? ¿Quieres volverme loco, mujer? —murmura con la voz ronca, cargada de deseo.

Sonrío, satisfecha y preparada para comenzar otra vez, pero me tira hacia arriba y me hace girar.

Dejo escapar un pequeño grito, sorprendida y excitada, cuando siento sus manos firmes guiándome hasta que mis rodillas quedan a ambos lados de su cabeza, mi vulva contra su boca y la mía perfectamente alineada sobre su verga.

Se me escapa un gemido cuando comienza a devorarme porque siento como si hubieran arrojado gasolina sobre mi cuerpo, que ya estaba ardiendo.

Gimo con fuerza al sentir su lengua caliente deslizarse dentro de mí, exigente, explorando cada rincón de mi cuerpo.

Mis gemidos de placer quedan ahogados cuando lo recibo con mi boca hambrienta, abriéndome todo lo que puedo para dejarlo entrar.

El acto es erótico, crudo, descarado y lleno de pasión.

Me lame, me chupa, me succiona, me estimula con los dedos, como si estuviera hambriento de cada parte de mí.

Su lengua azota mi clítoris, ejerciendo la presión exacta para volverme loca. Alterna entre succiones y lamidas, dejándome sin aliento, completamente perdida en nuestro placer.

Mi cuerpo tiembla sobre el suyo y yo lo succiono con la misma avidez, lamiendo la punta, deslizando la lengua por su grueso y palpitante pene, chupándolo con ganas.

Cada vez que bajo la boca sobre él, siento que su lengua se hunde más dentro de mí y, cuando succiona mi clítoris, mis labios se cierran con más fuerza a su alrededor, mientras el placer y el hambre se mezclan.

Sé que no voy a resistir mucho. Siento que la tensión del orgasmo crece en oleadas.

Quiero gozar así, en este intercambio perfecto de placer en el que solo existimos nosotros dos.

Zehab atrapa mi clítoris entre los dientes y dos dedos me penetran, haciéndome alcanzar el orgasmo de una manera intensa e incontrolable.

Gimo su nombre con su verga todavía dentro de mi boca, dejando que mi placer vibre a través de la succión y, poco después, siento que palpita contra mi lengua.

Él llega al orgasmo conmigo, sujetándome la cabeza con fuerza y derramándose dentro de mi boca mientras lo trago todo, completamente perdida en él.

Me desplomo sobre su cuerpo, sin fuerzas, con el corazón latiendo descontroladamente y el cuerpo exhausto y completamente satisfecho.

Me hace girar otra vez, me levanta hacia él y, aun en la oscuridad, percibo que sus ojos están clavados en mí.

—Dime que entiendes que eres mía, Charlie. Seni istiyorum[14].

—¿Qué significa?

—Significa “te deseo”.

—¿En qué nos convertiremos?

—Eres mi mujer, mi novia. Elige el título que quieras, siempre y cuando sepas que me perteneces. Eres completamente mía.

Mis músculos palpitan de placer y agotamiento. El delicioso aroma masculino de Zehab impregna mis sentidos.

Ser de Zehab me asusta.

¿Qué sucederá cuando se canse de mí? ¿Cuando su mundo, brillante e inalcanzable, vuelva a arrastrarlo lejos de mí?

Pero sé que ya estoy domada por esta pasión. Quiero vivir este amor. Perderme en él.

Cierro los ojos durante un instante, pero Zehab me atrae todavía más hacia él, acurrucándome contra su cuerpo caliente.

Estoy caminando sobre hielo delgado, lo sé, pero también estoy enamorada y no quiero que esto entre nosotros termine.

—Soy tuya. —Finalmente me rindo.