Capítulo 19
Han pasado siete días desde que dejé a Charlie en París para hacer ese maldito viaje a Kuala Lumpur, y acabo de aceptar el hecho de que estoy obsesionado con esa mujer.
Charlie solicitó una extensión de sus vacaciones y apagó el teléfono. Cada vez que intenté llamarla, la llamada fue directamente al buzón de voz.
La mujer desapareció de la faz de la Tierra después de que le dejé claro que regresaría a París.
Está bien, en aquel momento no sabía que tendría que pasar tanto tiempo en Asia, pero, si amplió sus días libres, ¿por qué no me esperó?
¿Y por qué demonios tiene el teléfono apagado? ¿Está jugando conmigo? Porque, si esa es su intención, lo está consiguiendo.
O, al menos, eso es lo que cree, porque el detective al que contraté para seguirle el rastro acaba de informarme que Charlie Bramwell regresó a su ciudad natal.
Buffalo, Wyoming. Población: menos de cinco mil habitantes.
Abro y cierro la tapa del bolígrafo que sostengo, mientras una parte de mí se resiste a perseguirla.
Una parte mínima, porque ya sé que iré a buscarla. Charlie era un deseo. Ahora se ha convertido en un desafío.
No, hay mucho más que eso. He pasado una semana lejos de ella, durante la cual podría haber elegido a cualquier mujer para satisfacer mi deseo. Sin embargo, todo el tiempo me limité a ir del trabajo al hotel.
La crisis aquí, en Asia, ya está bajo control. Tardamos más de lo que pensé en un principio, pero finalmente los servidores están protegidos de nuevo y sabemos de dónde provino el ataque.
En teoría, debería regresar a Turquía, pero acabo de ordenar que preparen el avión para viajar a Estados Unidos.
Vuelvo a abrir el mensaje que acaba de enviarme mi asesor de prensa.
Contiene varios titulares de medios de comunicación. Los artículos insinúan que la hija de uno de mis socios, perteneciente a una familia turca tradicional, y yo mantenemos una relación.
Si quisiera una muñeca como esposa, ella sería la elección perfecta.
Es hermosa, se comporta de una manera impecable y es inteligente.
Sin embargo, he aprendido una o dos cosas sobre el matrimonio gracias a mis hermanos. Si no hay amor, al menos debe existir atracción física, y yo no siento nada por Kaya Şahin.
No me cabe duda de que fue ella quien difundió el rumor de una posible relación entre nosotros, porque no me deja en paz ni desaprovecha ninguna oportunidad para ser fotografiada a mi lado, como sucedió durante la cena a la que ambos asistimos (por separado) el primer día que estuve en Kuala Lumpur.
No fuimos juntos como pareja. De hecho, apenas hablamos, salvo cuando, en un momento determinado, mientras salíamos del evento, se inclinó hacia mí y me tocó el brazo. Y fue precisamente ese instante el que apareció fotografiado en los periódicos.
—Señor Yavuz Aydin, ¿de verdad puedo retirarme por hoy o hay algo más que pueda hacer por usted? —pregunta la secretaria después de llamar dos veces a la puerta y de que yo le dé permiso para entrar.
—No, puede marcharse. Voy al aeropuerto.
—Sé que ya se lo recordé, pero no olvide llamar a su madre.
Estaba en una reunión cuando mi madre llamó. Creo que ya sé de qué quiere hablarme. No le agrada Kaya Şahin y debe de estar preocupada porque los rumores de los periódicos sean ciertos.
—Lo haré durante el vuelo a Estados Unidos.
Ella sonríe, se disculpa y sale de la habitación.
No pasan ni cinco minutos cuando vuelvo a oír que se abre la puerta.
Estoy seguro de que es la secretaria, que quiere decirme algo más, pero, cuando transcurren varios segundos y el silencio persiste, levanto la mirada de la computadora portátil y me sorprendo como el demonio al descubrir que no es mi empleada, sino Kaya Şahin, quien está de pie a unos metros de mí.
—¡Zehab, qué coincidencia encontrarte aquí!
—Es mi oficina, Kaya.
—Mmm, lo sé. Vine a visitar a mi padre y…
—Este no es su piso.
El vestido que lleva (si es que puede llamarse vestido) parece más apropiado para un club nocturno que para una salida por la tarde.
Rojo, ceñido, corto y brillante.
Dudo que a su padre le agrade saber que su hija, que acaba de cumplir dieciocho años, vino a mi oficina vestida de esa manera.
Aunque me sintiera atraído por alguien tan joven, lo cual no es el caso, porque Kaya desprende una energía adolescente sumamente irritante, su voz alcanza una frecuencia que mi cerebro ha clasificado como insoportable.
—Sí, creo que me confundí.
—No, no te confundiste —respondo mientras me pongo de pie, comienzo a recoger mis cosas y decido ignorarla por completo.
Ya le he dejado claro más de una vez que no estoy interesado, pero esa chica es capaz de poner a prueba la paciencia de un santo.
—Ya que estoy aquí, ¿no podríamos almorzar juntos? —Su tono es empalagoso, pero ni siquiera me digno a responder. Comienzo a caminar hacia la puerta, donde está parada, obstruyendo el paso.
—Me marcho de Malasia. Con permiso.
—¿Vas a Turquía? ¿Puedes llevarme?
—Voy a Estados Unidos. Ahora apártate de mi camino.
A pesar de lo brusca que es la orden, no levanto la voz. Nunca lo hago, pero, cuando la miro, veo que la inseguridad se refleja en su rostro.
No me parece desagradable a la vista. Simplemente es una niña mimada que no me atrae.
—Mentí. No vine a ver a mi padre.
—Lo sé.
—¿Tienes que despreciarme tanto, Zehab? Me arreglé para ti. ¿No crees que estoy guapa?
Apoya una mano sobre mi pecho y, sin tocarla, doy un paso hacia atrás.
—Si estuviera interesado en ti, te aseguro que te lo dejaría claro. Pero no es el caso. Y no voy a volver a decirte que te quites de mi camino. ¿O prefieres que llame a tu padre para que te arrastre como a una niña mimada?
—No soy una niña.
—Compórtate como una adulta, entonces. Lo repito para que lo tengas presente: no me interesas. Deja de difundir rumores sobre una posible relación entre nosotros. No va a suceder.
—¡Soy la mejor elección como esposa! No existe ninguna mujer soltera en Turquía más perfecta para ti que yo.
En cuanto lo dice, el rostro de Charlie aparece inesperadamente en mi mente.
La deliciosa pelirroja que consiguió que la sangre me hirviera con un solo beso.
—No eres perfecta para mí. No estoy buscando un matrimonio por conveniencia.
—Nunca te enamorarás. Conozco tu reputación.
—Estás perdiendo el tiempo y haciéndome perder el mío. Quítate de mi camino. O mejor aún, no te metas de nuevo. Créeme cuando te digo que no quieres tenerme como enemigo, Kaya. Sé lo que quiero, y no eres tú.