La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 6
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Capítulo 6

Desisto de intentar leerlo. En lugar de eso, me quedo como una catatónica, analizando sus facciones.

En mi mente, lo llamé dios de piel dorada.

Hombre hermoso.

Pero ahora ninguno de esos adjetivos parece suficiente.

Su belleza es de esas que impactan. Como la de los hombres que ves en las revistas y piensas que no pueden ser reales, que debe de haber algún truco de Photoshop, porque sus facciones parecen esculpidas a mano.

Tiene una belleza que recuerda a la de un animal salvaje, quizá porque la manera en que me observa deja claro que no le importan en absoluto las normas sociales ni si está siendo grosero.

La piel dorada que tanto me llamó la atención enmarca una mandíbula firme, de rasgos marcados y con un ángulo tan perfecto que parece haber sido esculpida con precisión quirúrgica.

Su nariz, ligeramente curvada, destaca en ese rostro desconcertantemente inolvidable.

Sí, inolvidable.

Dudo que una mujer pueda cruzarse con el señor amargado sin volver a pensar en él después. Incluso apostaría a que protagoniza a diario las fantasías de muchas otras mujeres.

Hay algo exótico en él. Parece árabe, griego o turco, con esos ojos penetrantes, las cejas pobladas y la piel de tono oliva.

Me obligo a volver a poner los pies en la tierra, en sentido figurado, e intento observarlo de una manera objetiva, leerlo, pero, una vez más, no sucede nada.

Si para mí todas las personas son como un libro abierto, el rostro del desconocido hermoso y sensual es una enciclopedia cerrada bajo siete llaves.

Ni uno solo de los músculos de su rostro reacciona ante mi escrutinio, y me tomo aquello como un desafío. Me prometo que, antes de que termine el vuelo, conseguiré descubrir qué clase de persona es.

Mi don siempre ha funcionado.

En las fiestas de la empresa o en situaciones caóticas con pasajeros nerviosos o ebrios. Con mentirosos e infieles, como Easton.

Entonces, ¿cómo es posible que con él no suceda nada?

Siento que el corazón se me acelera sin comprender del todo la razón. Tal vez se deba a que, por primera vez, he conocido a alguien que me fascina.

Cuando acepté cenar con Easton, lo hice más por curiosidad y soledad que por deseo.

En realidad, si hubiera escuchado a mi don, lo habría rechazado desde el principio, porque todo en él gritaba falsedad y engaño.

Sin embargo, ignoré mi percepción solo para sentirme como una idiota después, cuando confirmé que era un embustero.

—Oye, Charlie, ¿puedes venir conmigo un momento? —Oigo que me llama Zhao, un auxiliar de vuelo de origen chino, y entonces me doy cuenta de que no solo estoy paralizada en medio del pasillo, mirando al desconocido, sino que probablemente también estoy entorpeciendo el trabajo de mis compañeros.

—Mmm… Claro. Con permiso —les digo a los ancianos.

En la cocina, me mira de una manera extraña, como si estuviera decidiendo si debería decirme lo que necesita o no.

—No quiero ser entrometido, pero sé lo importante que es este empleo para todos los trabajadores de tu antigua empresa que conservaron sus puestos después de que Aureum Airlines la adquiriera. Así que voy a decírtelo, aunque corra el riesgo de que me odies a partir de ahora.

—¿Qué sucede?

—No sé cómo funcionaban las cosas en tu otra compañía, Charlie, pero, en Aureum Airlines, se exige la excelencia absoluta de todos los empleados.

No hiciste la revisión anterior al despegue.

Cuando le pregunté a Linara por qué la estaba haciendo en tu lugar, me dijo que era porque te sentías mal.

Y ahora estabas inmóvil en el pasillo, mirando al vacío.

Si te sientes enferma, avísale al jefe de la tripulación, pero, si no es eso y se trata solamente de un problema personal, te sugiero que lo resuelvas cuando estemos en tierra.

De lo contrario, informarán de lo sucedido a nuestros superiores en cuanto aterricemos.

Se me revuelve el estómago.

—Yo…

—Aunque me haya tocado la desagradable tarea de darte este mensaje, no soy tu enemigo, te lo juro.

—Gracias. No sé qué me sucede hoy. —Además del hecho de que hay un modelo fotográfico observándome, por supuesto, pienso—. Creo que estoy un poco nerviosa porque es la primera vez que trabajo en un vuelo de lujo de Aureum Airlines.

—Tranquilízate, Charlie. Solo son más ricos que el noventa y nueve por ciento de la población mundial. Fuera de eso, casi son personas como nosotros.

Me gusta el sentido del humor mordaz de Zhao.

Fue una de las primeras personas que me recibió con los brazos abiertos cuando me incorporé al equipo, porque, aunque este es mi primer vuelo en la flota de lujo de Aureum Airlines, tuve que realizar una capacitación de adaptación y Zhao fue uno de los coordinadores.

—Muchas gracias por advertírmelo. Daré lo mejor de mí.

Él sonríe y sé que su sonrisa es sincera.

—Me enteré de que quieres ser piloto.

Siento que el rostro se me calienta.

—Sí. ¿Cómo lo descubriste?

—Te oí hablando por teléfono con tu hermana sobre eso hoy más temprano. Y te doy mi palabra de que no estaba espiando. Simplemente pasé junto a ti en el momento exacto en que se lo dijiste.

—No pasa nada, no es un gran secreto. Y, por ahora, no es más que un sueño. ¿Sabías que poco más del cinco por ciento de los pilotos del mundo son mujeres?

—Sí, lo sabía. Me interesan mucho las políticas de inclusión. Leí que la India tiene el mayor porcentaje de mujeres piloto del mundo, mientras que Europa y Estados Unidos están prácticamente empatados en el segundo lugar. Ahora regresemos antes de que nos llamen la atención a los dos.

Sonrío, trago saliva e intento que no se note mi nerviosismo.

—Claro, tienes razón —respondo con un hilo de voz, mientras lucho contra el calor que asciende por mi cuello.

Odio que me llamen la atención, pero agradezco la advertencia de Zhao y confío en su discreción. Podría haberse limitado a contarle al jefe de cabina acerca de mi extraño comportamiento y yo me habría metido en problemas.

Enderezo los hombros, decidida a no volver a hacer el ridículo ni permitir que ese hombre malhumorado me afecte.

Les sonrío a los ancianos de la primera fila.

Hablo con el pasajero del asiento contiguo para confirmar las opciones que eligió con anticipación para la cena, según aparece en la pantalla del iPad que llevo conmigo.

Creo que servir una cena en este vuelo es una verdadera extravagancia, porque, cuando terminemos de recogerlo todo, ya será hora de aterrizar en París.

En mi opinión, un refrigerio sería más que suficiente, pero esta es Aureum Airlines y, a bordo de sus aeronaves, no se ofrece nada que no sea grandioso.

Ya no tengo forma de escapar sin completar mi “misión” y, finalmente, quedo frente al hombre que continúa observándome.

En cuanto nuestras miradas vuelven a encontrarse, siento como si tuviera el poder de atraparme dentro de su campo gravitacional.

Me obligo a sonreír.

—Buenas noches, señor. Una vez más, es un placer tenerlo con nosotros a bordo.

He notado que no seleccionó su comida con anticipación, así que será un honor presentarle las opciones disponibles en este vuelo.

¿Prefiere pollo, carne o pescado? —Nada.

Durante varios segundos que parecen una eternidad, se limita a mirarme—.

¿O es vegetariano? —pregunto y, una vez más, ni un músculo se mueve en su rostro—.

¿Tal vez un sándwich? —añado, nerviosa, inventando algo que ni siquiera sé si tenemos disponible en este vuelo, y, por primera vez, percibo un sutil destello metálico en sus ojos.

¿Se está divirtiendo con mi sufrimiento?