La Esposa Rechazada por ele Magnate (Multimillonarios Turcos nº 5) Capítulo 3
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Capítulo 3

Berlín - Alemania

Unos meses después

No soy conocido por ser un hombre paciente. Hay tres cosas que considero, al mismo tiempo, aburridas e irritantes: las personas que no son capaces de ser objetivas y repiten una y otra vez las mismas explicaciones, los aduladores y las reuniones inútiles.

Por desgracia, en este momento, aquí en Berlín, tengo frente a mí una compleja maraña de mierda que reúne las tres cosas.

El director ejecutivo de una empresa que pretendo adquirir es un energúmeno que parece amar el sonido de su propia voz. Ya ha dado millones de vueltas para intentar convencerme de que su gestión ha sido maravillosa, algo que sé que es mentira porque ya estudié todos los informes del último año.

Además, es insoportablemente servil y adulador.

Cada vez estoy más convencido de que fue un error convocarlo a esta reunión y, si tuviera que aventurarme a opinar, diría que los directores presentes están de acuerdo conmigo.

Al menos cinco veces ha mencionado lo «revolucionario» que sería para mi empresa fusionarse con la compañía sueca que él ha dirigido durante los últimos años.

Solo que esto no es una fusión. Estoy a punto de adquirir esta empresa antes de que él termine de destruirla por completo.

Solo me interesa porque no poseo ninguna compañía dedicada al transporte aéreo de mercancías, y eso resultará útil para mis otras empresas.

—Y, con el aumento de la flota, podremos reducir en un veintidós por ciento los costos operativos para el segundo trimestre del próximo año, lo que, por supuesto, representa una ganancia considerable para todos los involucrados.

No “podremos” hacer nada porque, durante el segundo semestre del próximo año, estarás buscando empleo en una empresa que no será la mía.

La poca paciencia que tengo se agota.

Habla como si yo fuera un inversionista aficionado.

Tal vez, por ser mucho mayor que yo, intenta comportarse como una especie de padre o mentor.

Es una lástima que su supuesto talento haya decidido aparecer recién ahora y no durante los años en los que estuvo a punto de hundir la empresa con pérdidas astronómicas.

Finjo observar los gráficos de la pantalla, pero enseguida cierro la computadora portátil.

—Los problemas de esta empresa van mucho más allá de la necesidad de aumentar la flota. La reunión ha terminado, señores.

—Yo todavía… —continúa el hombre, que parece tener un escaso instinto de supervivencia, pero ni siquiera miro en su dirección y, finalmente, parece comprender que ha superado todos los límites del sentido común.

Cuando por fin vuelvo a mirarlo sin decir una sola palabra, consigue detener sus patéticos intentos de llamar mi atención.

Me pongo de pie y todos los demás presentes hacen lo mismo.

—Señor Yavuz Aydin, yo… —vuelve a empezar cuando solo quedamos nosotros dos en la sala.

—La reunión ha terminado. Si necesita hablar conmigo sobre cualquier asunto, póngase en contacto con mi secretaria. Que tenga una buena noche.

—Señor, pero creo que esta fusión…

Lo ignoro y camino hacia la puerta, sintiendo el cuello rígido por culpa de esta reunión inútil.

Todavía tengo que volar a París para asistir a una reunión temprano por la mañana, en la que se llevará a cabo la votación para elegir a la nueva junta directiva de la aerolínea que adquirí hace más de cinco años y que pretendo integrar con esta empresa de transporte aéreo de mercancías que estoy considerando comprar.

Adquirí Aureum Airlines cuando se encontraba al borde de la quiebra y, en menos de seis años, la convertí en una de las empresas de aviación comercial más poderosas del mundo; una potencia global.

De todas las empresas que poseo, es, sin lugar a dudas, mi favorita. Me agrada la idea de poder transportar personas cómodamente por todo el planeta y, por mucho que esté ansioso por regresar a Turquía, esta reunión en Francia es fundamental e impostergable.

Estoy a punto de entrar en el ascensor cuando veo al jefe de mis guardaespaldas acercarse a mí.

—Señor, su avión tuvo un problema técnico y no podrá despegar.

—¿De qué clase de problema técnico estamos hablando?

Hace muchos años, sabotearon nuestro avión privado y mi hermano, Emir, y la mujer que ahora es su esposa, Malu, estuvieron a punto de perder la vida en el accidente[2].

Cuando tienes poder y dinero, también adquieres una gran cantidad de enemigos, lo que significa que debes permanecer siempre atento a cada paso que das.

—Todavía no se ha identificado la causa, pero le recomiendo encarecidamente que, aunque el problema se resuelva a tiempo, no vuele en esa aeronave esta noche hasta que podamos investigar en detalle qué sucedió.

—Necesito volar a París hoy mismo. Comprueba si hay algún vuelo disponible en mi aerolínea.

Es casi una broma que tenga que conseguir un asiento en Aureum Airlines[3].

—Ya me adelanté e hice la reserva, señor. El vuelo sale dentro de dos horas. Su equipaje está en el automóvil, así que podemos dirigirnos directamente al aeropuerto.

Normalmente, este sería un trabajo para mi asistente o mi secretaria, pero Emre lleva demasiado tiempo conmigo y conoce la importancia de respetar mi agenda. No tolero los retrasos, por eso tampoco me gusta hacer esperar a los demás.

Si Emre no fuera tan eficiente en lo que hace (evitar que me maten antes de que forme una familia con esposa e hijos, que actualmente es mi mayor objetivo), sería un excelente asistente personal. Sin embargo, se desenvuelve mejor con un arma en la mano que tomando notas en un iPad.

—¿Existe alguna posibilidad de que la cabina contigua esté vacía? —pregunto, porque estoy seguro de que reservó un asiento en primera clase.

Si hay algo que detesto más que los vuelos comerciales, son los vuelos comerciales en los que los desconocidos intentan mantener una conversación solo por cortesía.

—Lo lamento, señor, pero creo que no. De hecho, me parece que uno de los directores de la empresa de transporte de mercancías que desea comprar será su compañero de vuelo y ocupará el asiento contiguo.

—¿Quién?

Me entrega su teléfono, en cuya pantalla aparecen el nombre y la fotografía del hombre.

Para ser sincero, el director al que se refiere fue el único por quien conseguí sentir algo de respeto después de la reunión de hoy.

—Llévame al aeropuerto. Quiero terminar con esta tortura lo antes posible.