CAPÍTULO 31
Punta Helios se Salva
La solución llegó, finalmente, de una alianza que ninguno de los dos patriarcas habría imaginado semanas atrás: Kostas y Richard, reunidos en la misma terraza donde tantas conversaciones tensas habían ocurrido durante los meses anteriores, decidieron enfrentar juntos la amenaza de Yannis Stavridis con una estrategia que combinaba exactamente lo que cada uno aportaba mejor.
—Stavridis necesita los permisos políticos que perdimos cuando Spyros se retiró —dijo Kostas—. Pero hay otras rutas, Richard. Mi familia tiene casi setenta años de relaciones en el sector marítimo griego. Conozco a tres miembros del comité portuario que respetan la integridad de Lykos Maritime más de lo que respetan cualquier promesa vacía de Stavridis.
—Y mi empresa tiene algo que Stavridis nunca podrá ofrecer: el respaldo de marca de Griffin Hospitality, construido durante generaciones de reputación impecable en hospitalidad de lujo —añadió Richard—. Si anunciamos públicamente, juntos, que reafirmamos nuestro compromiso conjunto con Punta Helios, a pesar de todo el escándalo, eso envía un mensaje a cada inversionista nervioso: dos imperios, dos familias, comprometidos completamente con este proyecto, sin importar las complicaciones personales.
La conferencia de prensa conjunta, organizada con una velocidad que sorprendió incluso a los equipos de comunicación de ambas empresas, presentó una imagen que Niki Stathakou, presente con su cámara como siempre, describió en su siguiente artículo como «la fotografía que cambió la narrativa completa de esta historia»: Kostas Lykos y Richard Griffin, de pie juntos, con Leonidas y Ashley —visiblemente embarazada, sin ningún intento de ocultarlo ya— a su lado, anunciando no solo la continuidad del proyecto sino una ampliación de su alcance, financiada con capital adicional de ambas empresas como demostración de confianza mutua.
—Punta Helios no es solo un proyecto inmobiliario —dijo Kostas, ante las cámaras, en palabras que Leonidas nunca había escuchado a su padre pronunciar con esa convicción—. Es la prueba de que dos familias, dos culturas, dos historias de negocio que podrían haber elegido la desconfianza, eligieron en cambio construir algo juntos. Y mi nieto o nieta, que nacerá en pocas semanas, va a crecer sabiendo que su existencia está entrelazada, literalmente, con la piedra y el cemento de este lugar.
Yannis Stavridis, observando la conferencia desde su propia oficina, entendió, con la claridad fría de un hombre acostumbrado a calcular pérdidas, que cualquier oportunidad que había tenido de aprovechar el escándalo para apropiarse de Punta Helios acababa de cerrarse, públicamente y de manera irreversible, frente a toda Atenas.
Los inversionistas nerviosos, que habían estado considerando retirar su capital durante las semanas anteriores, regresaron casi de inmediato; el precio de la acción de Lykos Maritime se recuperó en cuestión de días; y por primera vez en meses, Leonidas sintió que podía concentrarse completamente en lo único que realmente importaba sin la sombra constante de una crisis empresarial pendiente sobre su cabeza.
Yannis Stavridis recibió, una semana después de la conferencia de prensa, una llamada que no esperaba: tres de sus propios inversionistas, alarmados por los rumores —cuidadosamente alimentados por el equipo legal de Lykos Maritime— de que estaba bajo investigación por recepción de información corporativa robada, retiraron su respaldo a la expansión de Stavridis Group hacia el Egeo, citando «preocupaciones de gobernanza corporativa» que ningún comunicado de prensa podía desmentir del todo sin admitir, implícitamente, que las preocupaciones tenían fundamento.
—No esperaba que jugaras tan sucio, Leonidas —le dijo Stavridis, en la única llamada que hicieron después de la conferencia, su voz cargada de un rencor que ya no podía traducirse en ninguna acción concreta.
—No jugué sucio, Yannis. Simplemente dejé que la verdad sobre tus métodos llegara a las personas correctas, en el momento correcto. —La voz de Leonidas no tenía ninguna satisfacción audible, solo la frialdad metódica de quien considera el asunto definitivamente cerrado—. Te lo advertí. Dije que descubrirías la diferencia entre una amenaza y una promesa. Espero que la lección te sirva en el futuro, aunque sospecho que no.
Stavridis Group anunció, dos meses después, que abandonaba indefinidamente sus ambiciones de expansión hacia el sur del Egeo, una retirada discreta que la prensa especializada en negocios atribuyó, sin demasiado entusiasmo en desentrañar los detalles completos, a «cambios estratégicos internos».