CAPÍTULO 30
La Paz de Despina
Despina llegó a visitar a Ashley una tarde, sin anuncio previo más allá de un mensaje de texto breve preguntando si era un buen momento, y Ashley, que había aprendido a valorar genuinamente la presencia tranquila de esta mujer que en cualquier otra historia podría haber sido una rival amargada, la recibió con un té que ambas sabían que era simplemente un pretexto para una conversación más profunda.
—Vine a decirte algo antes de que Elpida nazca —dijo Despina, usando el nombre que Leonidas y Ashley habían elegido semanas atrás, sin anunciarlo todavía públicamente—, porque creo que mereces escucharlo de alguien que conoció a Leonidas antes de que aprendiera cualquiera de las lecciones que está aprendiendo ahora contigo.
Ashley esperó, sin interrumpir, reconociendo en el tono de Despina algo que merecía espacio completo.
—Cuando Leonidas y yo nos casamos, hace once años, él tenía veintiséis años y ya cargaba el peso completo de ser el heredero único de Lykos Maritime.
Era amable conmigo, genuinamente, pero también completamente incapaz de mostrar ninguna vulnerabilidad, ni siquiera en los momentos más íntimos de nuestro matrimonio.
Cuando Kostas anuló el matrimonio, Leonidas no luchó.
No porque no le importara, sino porque genuinamente no sabía cómo pelear por algo usando un idioma que no fuera el de las negociaciones empresariales que había aprendido toda su vida.
—Tomó un sorbo de té, ordenando sus pensamientos—.
Te cuento esto, Ashley, porque el hombre que veo ahora, contigo, ya no es ese mismo hombre. Lo he visto llorar en público, romper compromisos por amor en lugar de por conveniencia empresarial, enfrentar a su propio padre por una relación que considera más importante que cualquier herencia. Eso no es el Leonidas que yo conocí. Es algo nuevo, algo que él construyó, probablemente, a partir del dolor de perder a Petra y a ti.
—¿Te duele contarme esto? —preguntó Ashley, con una honestidad que sentía que la situación merecía—.
Decirme, básicamente, que él se convirtió en mejor hombre por mí de una manera en que nunca llegó a serlo por ti.
Despina sonrió, una sonrisa genuina, sin ningún rastro de la amargura que Ashley había temido encontrar.
—No, Ashley. Porque hace mucho tiempo dejé de medir mi propio valor por la versión de Leonidas que tuve durante cuatro meses cuando ambos éramos demasiado jóvenes para saber qué estábamos haciendo. Encontré mi propia vida, mi propia empresa, mi propia paz, completamente separada de los Lykos, aunque las circunstancias nos sigan entrelazando ocasionalmente. Y verte a ti recibir la versión más completa y más sanada de Leonidas no me duele. Me da esperanza de que el dolor, eventualmente, puede convertirse en algo que valga la pena, aunque tome el camino más largo y más difícil para llegar ahí.
Se quedaron en silencio durante un momento, dos mujeres unidas por la historia complicada del mismo hombre, encontrando, contra cualquier expectativa razonable, algo parecido a una amistad genuina en el terreno improbable que compartían.
—Gracias, Despina. Por todo. Por las advertencias durante los meses difíciles, y por esto, ahora.
—De nada, Ashley. Y por favor, cuando Elpida nazca, déjame conocerla. Creo que me gustaría ser, de alguna manera extraña pero genuina, parte de la vida de esta familia que ayudó a construirse, indirectamente, sobre las cenizas de la mía.