CAPÍTULO 13
La Llamada de Despina
El número apareció en la pantalla del teléfono de Ashley un miércoles por la tarde, mientras revisaba renders en su habitación del hotel: un código de país griego que no tenía guardado en sus contactos. Dudó antes de contestar, pero algo —quizás la curiosidad profesional, quizás un instinto que no supo nombrar hasta escuchar la voz al otro lado— la hizo deslizar el dedo sobre la pantalla.
—¿Ashley? Soy Despina Karydi. Espero que no te moleste que te llame directamente. Conseguí tu número a través de Calista.
Ashley se sentó en el borde de la cama, con la sensación inmediata de que esta llamada no iba a ser una simple cortesía social.
—Despina. Qué sorpresa. ¿Todo bien?
—Todo bien de mi parte. Llamo porque he escuchado algunas cosas, y porque creo que mereces saberlas antes de que te lleguen de una fuente menos amable.
—¿Qué tipo de cosas?
Despina hizo una pausa, del tipo que Ashley había aprendido a reconocer en los últimos meses como la pausa específica de alguien en el círculo de los Lykos decidiendo cuánta verdad puede permitirse compartir sin romper alguna lealtad familiar tácita.
—Niki Stathakou ha estado haciendo llamadas. A gente del cementerio donde está enterrada la hija de Leonidas. A empleados del Hospital Hygeia. A la pensión en Hidra donde, según mis fuentes, Leonidas y tú os casasteis en secreto hace unos años. —Despina dejó que la información se asentara—. Está construyendo una historia, Ashley, y por la dirección de sus preguntas, no es una historia sobre arquitectura sostenible.
Ashley sintió que el estómago se le encogía.
—¿Cómo sabes todo esto?
—Porque en mi profesión uno aprende a tener buenas relaciones con la gente que sabe cosas. Y porque, aunque no lo creas, todavía me importa lo que le pase a esta familia, incluso la parte de la familia que ya no es técnicamente mía.
—¿Por qué me cuentas esto a mí y no a Leonidas?
—Porque a Leonidas se lo va a decir su padre, en algún momento, cuando Kostas decida que es estratégicamente útil hacerlo. Y porque sospecho, Ashley, que tú eres la persona que tiene menos información sobre cómo funciona realmente esta familia cuando las cosas se complican, y me parece injusto que entres a una negociación sin conocer todas las reglas del juego.
Ashley se quedó en silencio, procesando.
—¿Qué reglas?
—Kostas Lykos nunca, en cuarenta años de carrera, ha permitido que un escándalo afecte a su empresa sin intervenir primero. Conmigo, intervino anulando un matrimonio. Contigo y con Leonidas, hace tres años, cuando se hizo público lo de Petra, intervino de otra manera: financiando, con discreción absoluta, una campaña de relaciones públicas que aseguró que la historia se contara exactamente como él quería que se contara, presentando el matrimonio como una historia romántica que unía a dos imperios, en lugar de como el escándalo que algunos sectores de la prensa querían convertirlo. Lo que quiero decir, Ashley, es que Kostas no es un villano simple. Es un hombre que protege lo que le importa de la única manera que sabe hacerlo: controlando la narrativa antes de que la narrativa lo controle a él.
—¿Y ahora? ¿Qué crees que va a hacer ahora, con lo que está investigando Stathakou?
—No lo sé con certeza. Pero conociéndolo, sospecho que va a intentar dos cosas al mismo tiempo: presionar a Leonidas para que cierre la boda con Xenia lo antes posible, eliminando cualquier narrativa de «triángulo amoroso» antes de que se publique, y al mismo tiempo, si decide que protegerte a ti también sirve a los intereses de la empresa, va a desplegar los mismos recursos que usó la última vez para controlar cómo se cuenta tu historia.
—No quiero que nadie controle mi historia, Despina. Ni Kostas, ni nadie.
—Lo entiendo.
Y es exactamente lo que yo pensé hace once años, cuando todavía creía que el amor de Leonidas era suficiente para protegerme de cualquier decisión que su padre quisiera tomar por los dos.
—La voz de Despina se suavizó, perdiendo parte de la frialdad profesional con la que había empezado la llamada—.
Ashley, no te llamo para asustarte.
Te llamo porque quiero que entres en lo que viene con los ojos abiertos, de una manera que yo no tuve la oportunidad de hacer.
Leonidas te ama.
De eso no tengo ninguna duda, lo he visto en su cara cada vez que menciona tu nombre, incluso por accidente, incluso cuando intenta no hacerlo.
Pero el amor de Leonidas nunca ha sido, históricamente, suficiente para vencer la voluntad de su padre cuando los dos chocan de frente.
Eso cambió una vez, hace casi tres años, cuando Leonidas decidió pelear por ti y por Petra de una manera que nunca peleó por mí.
La pregunta que tienes que hacerte ahora es si esa versión de Leonidas, la que aprendió a pelear, sigue siendo la versión que tienes delante, o si tres años de duelo y un compromiso impuesto la han vuelto a enterrar.
Ashley cerró los ojos, sintiendo el peso completo de la conversación asentarse sobre ella como una losa.
—Gracias por decírmelo, Despina. De verdad.
—No me lo agradezcas todavía. Agradéceme si esto termina ayudándote a protegerte a ti misma, sea cual sea la decisión que tomes al final. —Hubo una pausa—. Una última cosa, Ashley.
—¿Sí?
—Estás embarazada, ¿verdad?
Ashley sintió que el aire se le quedaba atrapado en la garganta.
—¿Cómo...?
—No lo sabía con certeza hasta este momento. Pero la manera en que has rechazado el vino en cada cena de las últimas semanas, sumada a cómo Calista me describió tu visita al cementerio, sumada a una intuición que no sé explicar del todo... —Despina dejó la frase incompleta—. No te preocupes. No se lo voy a decir a nadie. Pero, Ashley, si es verdad, necesitas decidir muy pronto qué vas a hacer con esa información, porque en esta familia los secretos duran exactamente el tiempo que Niki Stathakou tarda en encontrar a la persona correcta para sobornar.
La llamada terminó pocos minutos después, dejando a Ashley sentada en el borde de la cama de su hotel con el teléfono todavía caliente en la mano y la certeza, fría y absoluta, de que el tiempo que creía tener para decidir cuándo y cómo contarle a Leonidas sobre el embarazo se había reducido, de pronto, a algo mucho más urgente que cualquier plazo que ella misma se hubiera impuesto.
Marcó el número de Leonidas. Colgó antes de que sonara el primer tono. Lo intentó de nuevo. Volvió a colgar.
No esa noche, se dijo. Pero pronto. Muy pronto.