La esposa del doctor CAPÍTULO 5 #3
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CAPÍTULO 5 #3

Él le enseñó a mantener la mano extendida y plana para ofrecerle a la yegua un trozo de manzana. Emma vaciló cuando el animal acercó el hocico.

—No te va a morder.

—No puedes prometer eso.

—Puedo prometerte que le gustan más las manzanas que los dedos.

Emma extendió la mano. La yegua tomó la fruta con suavidad y ella se rio al sentir el roce de sus labios contra la palma.

Daniel la observaba a ella, no al caballo.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando.

—Lo sé.

No hubo ninguna incomodidad en su respuesta. Emma sintió la misma atracción que había sentido frente a su casa, solo que ahora Ethan no estaba al otro lado de la calle ni había un grupo de amigos observándolos desde la mesa de un restaurante.

Daniel se acercó.

Emma no retrocedió.

—Dime que pare —dijo él.

—Sigues diciéndome cosas así.

—Porque quiero que sepas que puedes hacerlo.

—¿Y si no lo hago?

Daniel apoyó suavemente una mano en su cintura.

—Entonces te beso.

Esta vez fue Emma quien acortó la distancia entre los dos.

El beso duró más que el que se habían dado frente a su casa.

Esta vez no hubo sorpresa ni la cómoda excusa de que Daniel la hubiera tomado desprevenida.

Emma apoyó una mano sobre su pecho y sintió cómo él la acercaba más a su cuerpo, con cuidado al principio y luego con la suficiente seguridad para que todo lo demás en el establo desapareciera de su atención.

Cuando se separaron, Daniel mantuvo la frente cerca de la de ella.

—Emma.

Ella supo lo que quería preguntarle sin necesidad de oír la pregunta.

—Terminé con Ethan.

Daniel buscó una respuesta en su rostro.

—¿Por mí?

Emma pensó en la cafetería, en la silla vacía de Ethan y en todos aquellos años guardados en su teléfono. Después pensó en el hombre que tenía frente a ella y en la vida que parecía abrirse ante ella cada vez que se acercaba más a él.

—Porque no pude decirle que todavía quería ser su novia.

No era la misma respuesta.

Daniel pareció entenderlo.

Aun así, volvió a besarla.

Al otro lado de la ciudad, Ethan estaba sentado en el muro bajo frente a la casa de Mike cuando Wesly llegó con dos cafés. Billie ya estaba allí, relatando de nuevo el enfrentamiento de la noche anterior en una versión de la historia en la que Andrés, al parecer, había conseguido otro cómplice.

—¿Ya vas por cinco? —preguntó Ethan.

—Estoy recordando detalles.

—Estás inventando testigos —dijo Mike.

Wesly le entregó un café a Ethan y permaneció de pie.

—Anoche pasó algo raro.

Billie sonrió.

—¿Por fin conseguiste una cita?

—El carro.

Mike lo miró.

—¿Qué carro?

—El oscuro que estaba afuera de la tienda. Lo vi primero cerca del bar.

Ethan tomó un sorbo de café.

—Dijiste que alguien nos estaba observando.

—Dije que Andrés nos estaba observando. Esto era otra cosa.

Billie se apoyó contra el muro.

—Tal vez Andrés tenga una misteriosa organización criminal.

—O tal vez era un carro circulando por una vía pública —dijo Mike.

—Eso fue lo primero que pensé. —Wesly sacó el teléfono—. Después revisé algo.

Ethan lo miró.

—Por supuesto que lo hiciste.

—Había una cámara de seguridad sobre la entrada de la tienda.

Billie lo miró fijamente.

—Por favor, dime que no la hackeaste.

—No. A diferencia de ti, de vez en cuando recuerdo que existen leyes.

—Qué decepción.

—Regresé esta mañana y le pregunté al dependiente si tenían cámaras apuntando hacia la calle. Me dijo que sí.

Mike frunció el ceño.

—¿Por qué regresaste?

—Porque el carro pasó dos veces.

—¿Y?

Wesly guardó el teléfono en el bolsillo.

—El dependiente no quiso mostrarme la grabación.

Billie abrió las manos.

—Excelente investigación.

—Pero me preguntó para qué la quería. Le dije que creía que el vehículo nos había seguido desde el bar.

Ethan empezaba a comprender por qué Wesly había sacado el tema.

—¿Qué te dijo?

Wesly lo miró.

—Que yo no era el primero que preguntaba por ese carro.

El humor desapareció del grupo.

Mike se enderezó.

—¿Quién más preguntó?

—No quiso decírmelo.

—¿Cuándo?

—Eso tampoco quiso decírmelo.

Billie negó con la cabeza.

—Entonces no sabemos absolutamente nada.

—Sabemos que alguien más se fijó en ese carro.

Ethan miró hacia la calle mientras pensaba en Andrés, en su silencioso acompañante y en un vehículo oscuro que él ni siquiera había visto. Todo podía tener una explicación sencilla, y Ethan prefería pensar eso antes que imaginar un peligro que quizá no existía.

—Olvídenlo —dijo—. Si volvemos a verlo, anotamos la placa.

Wesly asintió, pero Mike continuó observándolo.

—¿Qué es lo que no nos estás contando?

Wesly vaciló.

—El dependiente dijo que la persona que había preguntado antes por el carro no estaba buscando la placa.

Ethan frunció el ceño.

—¿Entonces qué buscaba?

—Dijo que quería saber si la cámara permitía identificar a las personas que subían al carro.

Durante varios segundos, ninguno habló.

Entonces Billie esbozó una sonrisa forzada.

—¿Ven? Organización criminal.

Mike no se rio.

Wesly tampoco.

Ethan bajó la mirada hacia su café, sin saber que, en ese mismo instante, Emma estaba dentro del establo de Daniel Méndez, eligiendo un futuro en el que él ya no tenía cabida.