La Esposa Compartida: II Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

Minutos después, la música pareció atenuarse cuando Alicia y Carmen abandonaron la pista de baile y se acercaron a la barra a beber algo.

Carmen llegó sonriente, me agarró por la cintura con naturalidad y me dio un beso tierno en los labios.

Desde que consentía que se acostara con Alberto, se había vuelto mucho más cariñosa conmigo en público; era como si tratara de fortalecer mi ego o de compensarme por los malos momentos que a veces pasaba cuando sabía que estaba con él.

—¿Has bebido mucho? —me susurró al oído, rozando mi cuello con su aliento fresco.

Negué con la cabeza, manteniendo la mirada fija en sus ojos, devorado por la adrenalina de lo que acababa de pasar con mi cuñado. No podía aguantarme más el secreto.

—Seguro que menos que tú. Por cierto, Tony me ha confesado que le gustas —le solté a bocajarro, con una voz muy baja—. Siempre he notado cómo te mira.

Ella se mordió el labio inferior, conteniendo una sonrisa nerviosa, y me miró con una mezcla de advertencia y reproche.

—No empieces, Julián. Hoy no toca —dijo, intentando cortar el juego, pero noté perfectamente cómo sus ojos se desviaban un instante hacia Tony, que conversaba en esos momentos con mi hermana a un metro de nosotros.

—Me ha enseñado fotos… —insistí, pegándome más a ella para que nadie nos oyera—. Le pones tanto que tiene una colección de fotos tuyas robadas. De esta noche y del verano pasado en la playa en bikini.

—Sois tal para cual. Luego siempre dices que no lo soportas, que te pone enfermo sus aires de machito y la forma en la que trata a tu hermana. Pero vaya dos salidos que estáis hechos… No se os puede dejar solos —dijo, bebiendo un trago largo de mi copa, sin apartar la mirada de la mía.

Intentó darle un tono de superioridad burlona, pero el brillo de sus ojos delató el impacto del golpe. El pecho le subía y le bajaba con más rapidez, y la mención de las fotos en biquini del verano pasado le había inyectado una corriente de calor que no pudo disimular.

—También me ha enseñado un vídeo de mi hermana —solté sin poder contenerme, con la urgencia de quien confiesa un pecado que no puede guardar.

Carmen arqueó las cejas, deteniendo el movimiento de mi copa a mitad de camino. Sus ojos se oscurecieron de inmediato, brillando con una curiosidad felina.

—¿En serio? ¿Qué clase de vídeo?

Bajé el tono y me acerqué a ella, rozando con los labios el lóbulo de su oreja mientras el alcohol y la tensión me quemaban las entrañas.

—Alicia desnuda y de rodillas tragándose la polla de Tony hasta el fondo. Lo grabó esta misma mañana.

Carmen lanzó una carcajada corta y seca, un sonido ronco y cargado de una perversa diversión que me erizó la piel.

—¿Y qué tal lo hacía? Joder... Lo siento, pero no me imagino a tu hermana así.

—Pues en el vídeo se la veía con un hambre insaciable, ahogándose con ella... Menuda polla tiene el cabrón, y ella se la tragaba entera. Se ve que la tiene bien enseñada.

Carmen giró la cabeza con lentitud, buscando con la mirada a Tony. Durante un segundo, los ojos de ambos se cruzaron en una complicidad densa, un destello de entendimiento sucio que me golpeó el pecho. Mi cuñado supo que estábamos hablando de él.

—¿Te excitó ver a tu hermana así de puta…?

—Joder, fue algo muy raro. Alicia siempre ha sido para mí mi hermana pequeña. Pero me gustó verla así… Mi amor, me he puesto muy cachondo —admití, tocándome un segundo el paquete por encima del pantalón—. Tony me ha prometido que me enseñará alguno más.

Carmen sonrió, saboreando el veneno de la provocación como si fuera un manjar. El calor de su cuerpo parecía quemar a través de la ropa.

—¿Y tú? ¿Le enseñaste algo a cambio de ese espectáculo? Y no me mientas que te conozco —me advirtió.

Tardé unos segundos en responder. El vértigo de confesárselo me encogió el estómago.

—Le enseñé aquel vídeo en el que sales desnuda en la cama, abriéndote y tirando un beso a la cámara —confesé con la garganta seca.

Volví a mirar hacia Tony por encima del hombro de Carmen. Y de nuevo, sus miradas se cruzaron a través de la sala, reconociéndose, midiendo el terreno con una tensión que rozaba lo insoportable.

—Muy mal, Julián. Tenías que haberme pedido permiso antes —me reprochó, pero noté que no estaba enfadada, al contrario—. ¿Y qué te dijo al verme así? —preguntó, mordiéndose con fuerza el labio inferior mientras se pegaba por completo a mi cadera, frotándose contra mí con descaro.

En ese instante, supe que estaba completamente rendida al juego. Que le excitaba saber que Tony la había visto desnuda.

—Que estás hecha una zorra increíble. Que mataría por poder demostrarte lo que es un hombre de verdad.

Él piensa que yo no te sé follar como una hembra como tú te mereces.

Ya sabes cómo es… También le he dicho que tú siempre dices que es tímido, y eso le ha dolido. Lo he animado a que lo intente contigo.

Carmen dejó escapar un suspiro tembloroso, y noté cómo su respiración se volvía pesada en mi cuello.

—¿Estás loco? ¿Por qué coño le has dicho eso? —murmuró con un hilo de voz que apenas era un eco.

Carmen se apartó despacio de mí, con las pupilas dilatadas y la mirada cargada de una promesa inconfesable y peligrosa, y se giró hacia la barra para pedirse otra copa mientras el aire entre nosotros ardía.