LA ESPOSA CAUTIVA DE LA REINA NEGRA Capítulo 19 — La elección de la superviviente #4
89%

Capítulo 19 — La elección de la superviviente #4

—Isabela autorizó mi traslado. Gabriel eligió a Teresa. Elena permitió que me torturaran. Octavio esperaba.

—Sí.

—Todos eligieron a otra persona.

—No sé qué eligió su madre después.

—No importa.

—Importa si está viva.

—No para lo que Elena quiere hacerme creer.

La claridad de su respuesta me sorprendió.

—¿Qué quiere que crea?

—Que toda persona termina abandonándome cuando aparece algo más valioso.

—¿Y lo cree?

Victoria miró hacia Ríos. Después volvió a la pantalla.

—Lo creía antes de entrar al vehículo.

—¿Qué cambió?

—Usted se quedó en el palacio.

—Eso podría confirmar su miedo. No fui con usted.

—Se quedó porque era su decisión, no porque yo no importara.

Mi pecho se tensó.

—Exactamente.

—Lo recordaré.

—No persiga a Elena si abandona el barco.

—Dependerá de las personas retenidas.

—No. Si puede salvarlas y ella huye, déjela.

La mandíbula de Victoria se endureció.

—No puedo prometerlo.

—Entonces recuerde la capilla. Camila herida. Yo detrás de la puerta. Cada vez que persiguió a alguien, dejó a otra persona esperando.

El silencio duró varios segundos.

—La dejaré ir si perseguirla pone a los rehenes en riesgo —dijo.

—Aceptado.

—Lucía.

—¿Sí?

—Gracias por decirme la verdad antes de que pudiera ser utilizada.

No merecía agradecimiento por hacer lo que todos debieron haber hecho desde el principio.

Aun así, comprendí lo que significaba.

—Regrese —dije.

—Lo intentaré.

La pantalla se apagó.

Mi padre me observaba.

—Confías en ella.

—Confío en que puede elegir. No siempre en lo que elegirá.

—Eso parece peligroso.

—Lo es.

—Tu madre quería algo mejor.

—Mi madre quería decidir por mí.

Gabriel bajó la mirada.

—También.

Me levanté.

—Descanse. Cuando esto termine, hablaremos de todo lo que hizo y de lo que piensa hacer con la vida que recuperó.

—¿No te quedarás?

—El archivo necesita protección. Marina necesita despertar. Victoria está en camino hacia Elena. Tengo suficientes lugares donde decidir estar sin convertirme en guardiana de su culpa.

Mi padre asintió lentamente.

—Teresa estaría orgullosa.

—No utilice a mamá para aprobarme.

—Tienes razón.

Salí.

Las horas siguientes avanzaron entre archivos, informes médicos y la línea abierta con el puerto. Mercedes dividió la información de Teresa mientras Camila verificaba nombres desde la cama.

Las autoridades recibieron paquetes incompletos. Tres organizaciones aceptaron conservar copias cifradas. Un grupo de periodistas obtuvo pruebas financieras sin identidades de supervivientes.

Por cada documento enviado, Victoria perdía otra posibilidad de reconstruir el mismo poder.

No intentó detenernos.

A las cuatro y doce de la madrugada, Ríos informó que habían localizado el barco fuera del muelle principal.

A las cuatro y veinte, la comunicación se cortó.

A las cuatro y veintisiete, una explosión iluminó el horizonte detrás de las ventanas del palacio.

El cristal vibró.

Me levanté de la terminal.

—¿Qué fue eso? —pregunté.

Mercedes intentó recuperar la señal.

—Zona de Santa Lucía.

Camila se incorporó pese al dolor.

—Magnitud.

—No puedo calcularla.

—¿Barco o depósito?

—La cámara costera está fuera.

Mi respiración se volvió demasiado rápida.

No corrí hacia una puerta. No tomé un vehículo. No abandoné a Marina, a mi padre ni los archivos para obedecer al miedo.

Me quedé.

Eso fue lo más difícil.

A las cuatro y treinta y uno, la línea de Ríos se activó durante tres segundos.

Solo escuchamos disparos, agua y una voz femenina.

No era Elena.

Era Victoria.

—Los rehenes están fuera. No abran el puerto. Elena tiene el detonador secundario.

La comunicación murió.

Camila intentó levantarse.

—Necesito ir.

—No puede caminar.

—Puedo dirigir desde un vehículo.

—Victoria le ordenó quedarse.

—No trabajo así.

—Usted me enseñó a no convertir el miedo en movimiento.

Sus ojos se clavaron en mí.

—También le enseñé que existen momentos para ignorar una orden.

—Este no.

—¿Cómo lo sabe?

—Porque dijo que los rehenes están fuera. El objetivo ahora es Elena, y Victoria prometió no perseguirla si eso ponía vidas en riesgo.

—El detonador secundario puede destruir el puerto completo.

—Entonces necesitamos saber qué controla antes de enviar más personas.

Camila apretó los dientes, atrapada en la misma decisión que Victoria había enfrentado con ella.

—Odio cuando habla como yo.

—Es contagioso.

Mercedes recuperó una cámara.

La imagen mostró parte del muelle envuelto en humo. Un barco ardía cerca de la zona de carga, pero los botes de rescate se alejaban con personas a bordo.

Victoria estaba en el muelle.

Viva.

El alivio casi me derribó.

Después Elena apareció detrás de ella.

Sostenía el detonador en una mano y la grabación de Gabriel en la otra. Un arma apuntaba hacia la espalda de Victoria.

No podíamos escuchar, pero la cámara mostraba suficiente.

Elena quería que caminara hacia un vehículo.

Victoria obedecía.

—Va a llevársela —dije.

Camila examinó la ruta.

—El vehículo está sobre una plataforma de carga conectada al depósito norte.

—¿Qué hay allí?

—Combustible y acceso a los túneles bajo el puerto.

—Puede desaparecer otra vez.

—Sí.

—¿Podemos cerrar la plataforma?

—El sistema responde a la autoridad del puerto.

La autoridad ahora era mía.

Mercedes abrió el panel de control.

—Necesitamos una firma biométrica.

Coloqué la mano.

—¿Qué opciones tengo?

—Cerrar compuertas, bloquear vehículos y aislar depósitos.

—¿Riesgos?

—Si Elena activa explosivos dentro del túnel, la presión puede alcanzar a Victoria.

En la cámara, Elena obligó a mi esposa a entrar al vehículo.

Otra puerta.