La espada de Kaigen 31 Robin #5
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31 Robin #5

—O quizá fuese una tentativa más general para desestabilizar a vuestra comunidad. Cuanto más caos generen los capas grises, más fácil les resulta llevarse a los niños que quieren sin que los atrapen. Se esfuman en cuanto alguien está a punto de descubrirlos.

—Pero tú vas a detenerlos —respondió Misaki—. ¿Vas a rescatar a esos niños?

Robin apartó la vista y la clavó en el suelo, parecía mayor y más pequeño de lo que lo había visto nunca a la vez.

—No creo que pueda.

—¿Cómo? —¿Quién era el hombre que estaba detrás de los capas grises? ¿Qué le había hecho a Robin Thundyil?—. ¿A qué te refieres?

—No lo entiendes, Misaki. Las habilidades de ese hombre me superan… a mí y a cualquiera. En este mundo hay fuerzas, theonitas, más poderosos de los que tú o yo habríamos imaginado cuando asistimos a la Academia del Alba.

—Lo sé, Robin —respondió Misaki, exasperada—. Hace poco vi a un grupo de fonyakalu crear un tornado lo bastante grande como para llevarse a un pueblo entero.

—Vale —contestó él—. Ahora imagínate que, en lugar de un grupo, lo hubiese hecho una sola persona.

—¿Qué? Robin, parece imposible.

—Debería serlo.

—Así que ¿ni siquiera vas a intentar pararle los pies?

—Ya lo intenté —contestó Robin en un arranque de ira—, y por eso Daniel no tiene madre.

Misaki se quedó en silencio.

—Robin, yo… —empezó a disculparse, pero él se lo impidió.

—Lo siento. No pretendía hablarte mal. Es que… estoy un poco perdido. Hay mucha información que no encaja. Si pudiera, me gustaría debatirlo contigo y con tu marido.

—Hablaré con él para ver cuándo está disponible. Espero que podamos hacer algo para ayudar.

—Yo también —respondió Robin con seriedad—. Al menos, esto es bueno. —Hizo un gesto para señalarlos a los dos—. Viene bien tener a alguien con quien contrastar ideas.

—Ya tienes a mucha gente en casa con la que hacer eso. Por ejemplo, ¿seguís teniendo a ese jaseli profesional en la empresa Thundyil que tanto os emocionaba a Rakesh y a ti?

—Sí.

—Bueno, pues seguro que él es alguien adecuado para «contrastar ideas». ¿Por qué no lo has hablado con él?

—Llevo casi cuatro años sin verlo.

—¿Cómo?

—Misaki, no he estado en Carytha. Elleen y yo pasamos tres años en Hades, del 66 al 69.

—Oh. —Misaki siempre había sabido que Elleen tenía intención de volver a su tierra natal devastada por la guerra e intentar emplear sus poderes para ayudar a su pueblo.

Robin había mencionado vagamente que la acompañaría; sin embargo, Misaki no creía que fuese a hacerlo en realidad.

Pensaba que el Pájaro de Fuego formaba parte de Livingston.

Jamás abandonaría la ciudad para que se las apañase por su cuenta—. ¿Tres años? —repitió con incredulidad.

—Se suponía que no iba a ser tanto tiempo. Las cosas se torcieron demasiado rápido y después… —Suspiró—. En fin, ya te he dicho que era una larga historia, pero cuando perdimos a la madre de Daniel, Elleen y yo tuvimos que huir del país con nuestros hijos.

—Un momento, ¿¡qué!? —exclamó Misaki—. ¿Elleen también tiene hijos?

—Sí. ¿No lo he dicho? Tiene mellizos, un niño y una niña.

—¿Qué…? Pero… ¿con quién? —A Misaki le costaba imaginar qué clase de persona tendría el valor suficiente para conquistar a alguien tan despreocupada e intimidante como Elleen, y eso que ella estaba casada con Matsuda Takeru.

—Se llama Uther —dijo Robin—. El único littigi que hemos conocido tan hábil como Elleen.

Por desgracia, tuvimos que dejarlo atrás cuando la Jamu Kurankite nos ayudó a salir del país.

Estaba implicado en demasiada actividad rebelde.

Ni siquiera un Jamuttaana podría haber conseguido que cruzase la frontera.

—Así que Elleen y tú pasasteis bastante tiempo en Hades y tuvisteis hijos —soltó Misaki—. ¿Y qué hay de Koli? ¿Qué tal le va?

—Ah. Koli se vino a Hades con nosotros.

—¿Cómo? —Eso era incluso más desconcertante que la noticia de que Elleen tuviese hijos—.

¡Si no le pega nada! —Se sabía que Hades era el país más peligroso del mundo para los viajeros.

¿Por qué iba a querer un numu exponerse a esa clase de peligro, y más aún uno que valoraba tanto su cabeza, sus dedos y pasar tiempo sin que lo molestasen en su taller de tecnología punta?

—Sé que suena raro —respondió Robin—. Se impacientó y se volvió impulsivo cuando sus padres lo desheredaron.

—Espera, ¿cuando sus padres qué? —exclamó Misaki, sin saber muy bien cómo gestionar más noticias desconcertantes sobre sus antiguos compañeros de clase.

¿Los Kuruma habían desheredado a Koli? No tenía ningún sentido.

Siempre había sido el hijo malcriado favorito de sus padres, un prodigio cuya ingenuidad dejaba a sus hermanos a la altura del barro—. ¿Qué hizo?

—Se casó —respondió Robin—. Sus padres no estuvieron de acuerdo con su decisión.

—¿Por qué? —preguntó Misaki con los ojos como platos por la curiosidad—.

¿Qué tenía de malo la chica? —¿Qué clase de mujer sería tan espantosa como para que la familia más importante de numu en Yamma desterrase a su heredero más prometedor desde hacía generaciones?

—. ¿Era una jaseli? ¿Una koro? ¿Una adyn?

—No, no. —Robin sonrió—. Nada de eso. Se casó con un numu de éxito que se llamaba Nyeru Dumbaya.

—¿Nyeru? Pero… ¿ese no es nombre de chico?

—Bueno, esa fue la parte que no les hizo gracia a sus padres.

—¡No! —Misaki soltó un chillido y se tapó la boca con las dos manos.

—¿Es que no sabías que Koli era gay? —Robin parecía divertido.

—¡Qué va! —soltó Misaki—. ¿Tú sí?

—Pues claro.

—¿Desde cuándo?

—No lo sé. —Robin se encogió de hombros—. Puede que desde segundo. Me sorprende que no te lo contase. Siempre hablabais un montón.

—¡Sobre armas, no sobre chicos! —espetó Misaki con voz aguda—. ¡Ay, dioses ! ¿O sea que sus padres lo desheredaron por haberse casado con un hombre?

—Por desgracia, sí.

Misaki supuso que tenía sentido. No se podía esperar que una familia respetable de numu del centro de Yamma reaccionase de otra forma.

—Hizo como si no le molestara —afirmó Robin de forma pensativa—.

Él es así de raro, aunque imagino que costaría que no te importase.

Quiero decir, eran sus padres, pero supongo que tú lo entenderás mejor que yo…

—Robin se aclaró la garganta, era evidente que se arrepentía de haber empezado esa frase.

—Sí…

A Misaki no le sorprendió que Koli se hubiese rebelado cuando ella había sido incapaz; pero ¿casarse con un hombre?

Eso no solo lo aislaba de sus padres. También de su clan, de su religión y de toda su comunidad.

El Falleya yammanka estaba muy arraigado en los linajes y en la reproducción, al igual que el Ryuhon Falleya que se profesaba en Shirojima.

Su gente no volvería a recibirlo con los brazos abiertos.

—Habría heredado la empresa de sus padres —aseguró Misaki conforme un dolor extraño le subía por la garganta—. Podría haber cambiado el mundo.

—Creo que a Koli le molestaría la insinuación de que necesita la empresa o la aprobación de sus padres para cambiar el mundo. —Se rio Robin.

—Tienes razón. —Misaki sonrió—. Ha sido una estupidez. De todos modos…

Cuando Misaki se había planteado escaparse con Robin, se había arriesgado a perder la aprobación de su familia y de la gente de Shirojima.

Koli había renunciado a una herencia de miles de millones de walla, al control de una de las empresas más grandes de Yamma, a su familia y amigos, a su red de artesanos e incluso a su religión…

A Misaki le entraron escalofríos solo de pensarlo.

—Se quieren de verdad —afirmó Robin.

—¿Y con eso basta? —se preguntó Misaki en voz alta.

— Bueno, ahí está la cuestión, ¿no?

A pesar del arrepentimiento que aún albergaba en lo tocante a Robin, sabía que ella nunca podría haberse desligado de sus raíces por completo.

Su fuerza yacía junto a esa gente. Su sangre estaba hecha del océano de Shirojima.

Sintió un extraño momento de claridad cuando, por primera vez en su vida, admiró la libertad de Koli desde la distancia sin envidiarla.

Él era Koli. Y ella, Misaki, y hacía poco que se había quedado satisfecha con eso.

—Puedo entender por qué querría alejarse de todo después de eso —dijo Misaki.

—A fin de cuentas, quizá no fuese muy buena idea que nos acompañase a Hades —declaró Robin—, teniendo en cuenta que lo perdimos.

—¿Que hicisteis qué ? —exclamó Misaki en voz tan alta que Izumo se sobresaltó en su regazo y Setsuko se asomó a la sala para ver si todo iba bien.

—Ah, no está muerto —contestó Robin con rapidez—.

Se ha puesto en contacto con nosotros para asegurarnos que está bien.

Por supuesto, analizamos a fondo sus comunicados por si había algún mensaje codificado que dijese: «No estoy bien, venid a ayudarme».

Decía: «En realidad estoy bien, idiotas. Dejadme en paz».

—Eso sí que le pega. Supongo que lo mejor es que lo dejéis tranquilo. —Misaki sonrió.

—Eso mismo pensamos Elleen y yo —contestó Robin. Esfumarse en mitad de un país extranjero tampoco era lo más raro que había hecho Koli—. Por asombroso que pueda parecer, su marido no está muy contento con nosotros.

—Entonces, ¿ los tres os casasteis mientras yo estaba fuera? —caviló Misaki mientras mecía a Izumo.

No le sorprendía que Robin hubiese encontrado a alguien, pero nunca se había imaginado a los otros dos miembros de su grupito en una relación.

Sobre todo a Koli, que solía estar tan ensimismado en su trabajo que Misaki nunca se había planteado que sacaría tiempo para una chica, o para un chico, en su caso.

—Eso es lo gracioso —contestó Robin—. En realidad, técnicamente ninguno estamos casados.

—¿Qué quieres decir?

—En el caso de Koli y Nyeru, no es legal. Celebraron todos los ritos; sin embargo, ni Yamma ni Carytha reconocen su unión. El tiempo que Elleen pasó con Uther fue tan caótico que ni siquiera pudieron casarse de forma oficial.

—¿Y la madre de Daniel?