La espada de Kaigen 30 El futuro #2
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30 El futuro #2

—Tengo ganas de escuchar tu plan —dijo, y se apresuró a encargarse de Izumo.

Cuando la gente se arremolinó delante de la plataforma de hielo para escuchar a Takeru, Misaki y Setsuko buscaron a Hyori y se pusieron a su lado. La mujer joven, que en ese momento estaba visiblemente embarazada, parecía haber dormido lo mismo que Takeru.

—Buenos días, Hyori-chan.

—Oh. —Hyori se sorprendió y le lanzó una mirada hueca a Misaki, rodeada de oscuridad—. B-buenos días.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Misaki.

—Bien —tartamudeó Hyori—. Estoy bien, gracias.

—No seas boba, Hyori —espetó Setsuko sin rodeos—. Tienes la cara igual de blanca que la nieve y llevas ojos de mapache.

—Tampoco hacía falta que lo dijeses así, Setsuko —intervino Misaki.

—No pasa nada. —Hyori hizo una mueca y le temblaron los labios—. Sé que me he vuelto fea.

—¡Oye, oye! ¡Yo no he dicho eso! —protestó Setsuko.

—Me has llamado «mapache».

—Sí. El mapache más mono que jamás se haya visto. —Setsuko le pellizcó la mejilla a Hyori, la poca que le quedaba—. Pues claro que sí.

—Ay, Setsuko —suspiró Misaki.

—¿Has estado comiendo últimamente? —le preguntó Setsuko a Hyori a la vez que le metía el dedo en el hueco de la mejilla.

—No… no he tenido mucho apetito. —Hyori apretó las manos en un puño y se sujetó las mangas del kimono para disimular que le estaban temblando.

—Hyori-chan, tienes que comer —respondió Misaki.

—Hoy comerás con nosotras —declaró Setsuko con alegría.

—No pasa nada, Setsuko-san. No…

—Insistimos —contestó Misaki justo cuando Takeru se subía a la plataforma y se aclaraba la garganta.

—Pueblo de Takayubi. —Aunque su voz era tan monótona como de costumbre, lo pronunció con claridad y fuerza—.

Buenos días. Os he reunido hoy aquí porque he ideado un plan para garantizar nuestra supervivencia.

—No se había traído las notas. No las necesitaba.

Ese hombre podía retener cifras en la cabeza como un ordenador—.

Os pido que prestéis atención, ya que todos debemos seguir el plan al pie de la letra si queremos sobrevivir en los meses venideros.

Gracias al incansable esfuerzo de mi mujer y de mi cuñada, he hecho un inventario y he racionado toda la comida que tenemos en la aldea.

Además de eso, los vecinos han accedido a contribuir con una cantidad generosa de arroz, pescado fresco y verduras cada mes hasta que dejemos de necesitarlos.

De acuerdo con mis cálculos, el suministro debería servir para alimentar a toda la aldea y a un número limitado de voluntarios durante los próximos meses, hasta el 5370 de sokolokalo.

»Mi mujer, Misaki, se encargará de supervisar la distribución y la preparación de los alimentos, junto a quienquiera que designe para ayudarla. Cualquier solicitud de comida adicional tendrá que pasar por ella.

Misaki echó una ojeada con nerviosismo a la multitud, pero nadie puso pegas. Confiaban en ella. Saberlo le hizo sentir una sensación de calidez en el pecho a medida que Takeru proseguía.

—Quiero que todo el mundo entienda que, a partir de hoy, pienso tratar cualquier contribución externa de comida o trabajo como un préstamo en vez de como una donación.

—¿Cómo? —preguntaron un par de voces.

—¿A qué se refiere, Matsuda-dono?

—Lo que quiero decir es —contestó Takeru con calma— que devolveremos a estas buenas gentes su ayuda en un futuro.

Sé que ahora mismo estáis ocupados recuperándoos y con la reconstrucción, pero no será así siempre.

Tengo la esperanza de que cada familia habrá encontrado una fuente de ingresos estable en los próximos once meses.

—¿Cómo? —preguntó alguien.

—Todas somos amas de casa —señaló una de las mujeres Ikeno—. ¿De dónde se supone que vamos a sacar el dinero para mantener a una familia y además devolverles todo lo que han hecho a los voluntarios?

—Gracias por la pregunta, Ikeno-san —contestó Takeru—. Eso me lleva a la siguiente parte del plan. He de reconocer que ahora mismo no tenemos mucho, pero hay un recurso que hemos pasado por alto.

—¿Cuál, Matsuda-dono? —preguntó uno de los hombres Ginkawa.

—El pinar —declaró Takeru. La mayoría de los bosques antiguos que rodeaban la aldea occidental habían sido aplastados por el tornado, y el resto estaban muy dañados.

La desolación del medio natural en sí era una tragedia, aunque no había pensado mucho en ello con tantas pérdidas humanas.

Después de que los aldeanos y los voluntarios terminasen de peinar entre los árboles caídos en busca de cuerpos, nadie había regresado al bosque.

»Todos sabéis que ese bosque lleva en pie desde los tiempos de Yukino Hayase y Matsuda Takeru primero —dijo Takeru—.

Sus raíces son más profundas de lo que pensáis, y eso lo convierte en una parte integral de la ladera.

Habrá que quitar los árboles caídos para dejar que vuelvan a crecer si queremos evitar desprendimientos, la degradación del suelo y otros cambios ecológicos peligrosos en nuestra montaña.

A pesar de que eso requiere una cantidad de trabajo descomunal, también nos ofrece una oportunidad de traer algo del dinero que tanto necesitamos a Takayubi a corto plazo.

»Kotetsu Katashi ha estimado que podemos sacar varios miles de guli de leña de los árboles caídos y dañados si quitamos las ramas y tratamos la madera en condiciones.

El gobernador Lo nos ha concedido una licencia para vender esa leña a constructoras de la capital de la provincia en primavera.

Apartaremos el resto para nuestros proyectos de construcción.

Con el tiempo, pretendo que se reconstruya la casa familiar de todo el mundo, pero nuestro primer proyecto será un edificio sencillo que sirva de escuela para reemplazar las escuelas públicas primaria y secundaria y los institutos de Takayubi que quedaron destruidos durante la tormenta.

El numu Kotetsu ha trazado planos y la construcción se pondrá en marcha de inmediato.

—¿Qué? —preguntó alguien, desconcertado.

—¿Por qué íbamos a construir una escuela? Si apenas tenemos casas donde cobijarnos todos.

—No podemos permitir que nuestros hijos se queden rezagados en su educación —dijo Takeru—.

Además, las escuelas públicas de Takayubi de la aldea occidental eran una fuente de ingresos esencial para muchas familias.

Puede que el gobierno no vaya a ofrecernos ayuda directamente, pero tiene que pagar los salarios del personal.

Cualquier ciudadano capaz de leer y de enseñar el plan de estudios estándar del Imperio podrá hacer de profesorado y de personal administrativo, incluidas las mujeres.

—Era una buena idea. La mayoría de los habitantes de Takayubi había recibido la educación suficiente como para leer en kaigengua—.

Quienes no tengan tanta soltura para leer, la escuela necesitará personal de limpieza y de mantenimiento, cuyos salarios también cubrirá el gobierno.

Si todo va según al plan del numu Kotetsu, la escuela debería estar construida y lista para recibir estudiantes en dos meses, o antes, si hay koronu dispuestos a echarles una mano a nuestros numuwu.

El gobernador provincial Lo ha accedido a mantener activas las licencias de las escuelas públicas de Takayubi si somos capaces de tener unas instalaciones nuevas donde dar clases para entonces.

Cuando terminemos la escuela, empezaremos a construir un ayuntamiento, que debería generar por lo menos otros cuatro puestos de trabajo gubernamentales.

Cuando levantó la vista hacia Takeru, Misaki se dio cuenta de que estaba estrujando demasiado a Izumo y mordiéndose el labio con nerviosismo.

Una escuela y una oficina de gobierno no podrían dar empleo a todo un pueblo, y muchas de las mujeres adultas de Takayubi se habían convertido en madres solteras que carecían del tiempo suficiente para tener un trabajo en condiciones, pero Takeru todavía no había terminado.

—Ahora me gustaría dirigirme a todos aquellos voluntarios que nos hayan ayudado durante estas últimas semanas.

Además de devolveros vuestra generosidad en un futuro, me gustaría invitaros a quedaros.

—Unos murmullos de confusión se extendieron entre la multitud—.

En este momento no puedo ofreceros una compensación económica, pero voy a reabrir el dojo Matsuda para entrenar.

—Eso levantó otra oleada más emocionante de susurros y exclamaciones—.

Si hay hombres dispuestos a mudarse a Takayubi para ayudar a sus parientes viudas, o incluso de traer a sus familias para que se asienten con ellos, los entrenaré.

—Hacía unos meses, la oferta no hubiese resultado atractiva.

La espada parecía una afición poco práctica y puramente ceremonial en épocas de paz.

Sin embargo, el hecho de saber que Ranga podía llamar a sus puertas en cualquier momento y que el ejército imperial no movería ni un dedo para defenderlos, de pronto, entrenar con el mejor guerrero de la Espada de Kaigen sonaba de lo más atractivo.

»El numu Kotetsu Katashi también está en busca de compañeros y aprendices, si algún artesano está interesado en sumarse a nosotros.

—Otra oferta prácticamente irresistible—.

Dos familias de pescadores se han mudado al pie de la montaña para pescar en estas aguas, aunque todos sabemos que la costa de Takayubi antaño dio de comer a más de veinte familias de pescadores, que el nyama sea con sus almas.

—Takeru inclinó la cabeza en dirección a Setsuko—.

He hablado con mi cuñada, la única superviviente de esas familias, y con los Chiba de las áreas vecinas.

Están de acuerdo en que esta costa debería estar disponible para cualquier pescador que desee asentarse aquí.

Ayudaremos a los pescadores que se muden a los pies de la montaña a construir un nuevo hogar y les suministraremos cualquier otra cosa que necesiten para empezar.

—Con el debido respeto, Matsuda-dono, ¿y qué pasa con la ayuda del ejército imperial?