2 La niebla #3
Mamoru asintió. De todos modos, tener el poder de los Matsuda no tenía por qué ser suficiente.
El objetivo final de un Matsuda era convertirse en un arma lo bastante fuerte como para defender a su Imperio frente a cualquier cosa.
Para eso habían nacido Mamoru y todos los hombres de su linaje.
A pesar de ello, había muchos Matsuda que se pasaban toda la vida intentándolo y jamás conseguían crear una Espada Susurrante.
Desde que era lo bastante mayor como para imaginarse el futuro, Mamoru se había formado una imagen del hombre perfecto, del guerrero perfecto, empuñando la Espada Susurrante. Ya casi estaba en edad de luchar, pero ese hombre parecía estar muy lejos…
—¿Y si no es suficiente? ¿Y si…? —Se suponía que un Matsuda no se rebajaba a sentir miedo, pero ahí estaba Mamoru, demasiado temeroso como para terminar la frase. ¿Y si yo no soy suficiente?
—Mamoru-kun —Yukino Sensei suavizó la voz—. Tu padre tenía dieciséis cuando dominó la Espada Susurrante, tu tío un año más, y fueron de los maestros más jóvenes de la historia. Tienes tiempo. Te prometo que todo saldrá bien.
—No puede prometerlo. —Por culpa de la inquietud que sentía, Mamoru parecía incapaz de controlar las estupideces que soltaba por la boca—. También ha habido otros Matsuda con un jiya poderoso que jamás llegaron a dominarla. ¿Cómo puede estar tan seguro?
—Porque te conozco, Mamoru-kun —respondió Yukino Sensei—, te conozco por encima de tu linaje y tu poder bruto.
En el intervalo de tiempo que un chico corriente tarda en dominar una técnica, tú ya la has mejorado y la has desarrollado para alcanzar todas sus aplicaciones posibles, hasta el punto de que, como tu profesor, se vuelve un incordio.
—Lo siento mu…
—Pero no me cabe duda de que es precisamente esa clase de ingenuidad la que dio lugar a la Espada Susurrante.
Ese pensamiento creativo supone una disrupción tan grande en mi clase que bien podría ser tu salvación como guerrero.
No dejes de poner en marcha ese cerebro y estoy seguro de que superarás las expectativas de cualquiera, incluidas las tuyas.
Mamoru abrió la boca, pero estaba tan desconcertado, tan conmovido, que no conseguía dar con las palabras para agradecérselo a su profesor. ¿Cómo podías agradecerle a alguien unos halagos que no merecías?
—Y ahora, ve a clase —indicó Yukino Sensei, señalando la puerta con la cabeza.
—Sí, Sensei. —Mamoru recogió sus bártulos con la cabeza agachada y se apresuró a seguir a sus compañeros.
Después de la palpitante intensidad del entrenamiento de espada, la clase de Historia siempre era una tortura. Cuando el viento soplaba con fuerza, la escuela crujía como un barco viejo y la voz de Hibiki Sensei tenía una forma de perderse en el sordo gemido de las vigas de madera.
—Hubo varios factores que desembocaron en la Gran Guerra o, como los yammankalu la llaman, la Keleba.
Ke-le-ba. —Escribió Hibiki Sensei con el alfabeto yammaninke en la pizarra, y Mamoru se mordió los nudillos de la mano izquierda con la esperanza de que el dolor lo mantuviese despierto—.
Primero hubo tensión entre las potencias coloniales, Yamma y Sizwe, que no dejaban de competir por los recursos de Baxaria.
Luego vino la tensión derivada de las colonias de Baxaria al rechazar el gobierno yammanka y sizweo.
Por último, claro está, estaba la tensión entre nuestro gran Imperio y los rebeldes extremistas occidentales, que un día acabarían traicionando a su emperador para fundar la Unión Ranganesa.
—¿No vas a tomar apuntes? —le susurró Mamoru a Kwang al darse cuenta de que el nuevo no había levantado el pincel.
—Bah, no me hace falta. Estoy acostumbrado a aprender al estilo yammanka, de oído. Además —murmuró en voz aún más baja—, no es la primera vez que escucho esta tontería.
—¿Perdona? —Mamoru se acercó, no estaba muy seguro de haberlo oído bien. ¿Kwang acababa de decir que la clase de Historia de Hibiki Sensei era una tontería ?
—Matsuda-san —espetó Hibiki Sensei con aspereza—, no se habla en clase.
—Lo siento, Sensei —respondió Mamoru en cuanto el profesor retomó la lección.
—Ahora bien, hay varias fechas importantes que preceden a la Keleba que debéis saber.
La primera es 5153. —Escribió la fecha en la pizarra—.
El año en el que se produjo la primera revolución abiria, cuando un grupo de extremistas violentos que se denominaban a sí mismos «Confederación Comunal» adquirió suficientes seguidores como para formar una resistencia armada contra el Imperio yammanka.
Abiria, pese a estar asolada por la violencia intertribal y a carecer de un gobierno propio estable, quiso independizarse de Yamma.
Por supuesto, las fuerzas superiores de Yamma no tardaron en subyugar a los rebeldes desorganizados.
A Mamoru le pareció que Kwang soltaba un hum con escepticismo detrás de él, pero cuando se giró para mirar hacia atrás por encima del hombro, el norteño estaba escuchando al profesor en silencio.
—Debido a sus genes inferiores, la derrota de los abirios fue inevitable.
Los yammankalu son tajakalu de pura sangre, nacidos y criados para blandir su poder, mientras que los abirios que se enfrentaron a ellos eran de sangre mestiza, producto de los matrimonios interraciales entre los nativos de Abiria, los yammankalu y los inmigrantes kaigeneses y, lo más desdoroso de todo, entre los esclavos blancos.
Esa clase de impureza diluye las energías divinas que dotan a los theonitas de su poder.
Era imposible que los theonitas mestizos como los abirios pudiesen plantar cara a un ejército de tajaka de pura sangre por sí solos.
»Bien, ahora quiero daros varias fechas relacionadas con la rivalidad yammanka-sizwea por sus territorios coloniales.
Mamoru trató de tomar apuntes a medida que Hibiki Sensei soltaba una perorata en kaigengua, pero se dio cuenta de que había acabado haciendo garabatos.
Empezó a dibujar la hoja recta de una espada, pero una ráfaga de viento sopló contra la escuela, se le resbaló el pincel y la espada se convirtió en un borrón.
Mamoru trazó la nueva curva y añadió algunas líneas por debajo para transformarla en un esbozo aproximado de la ola de los Tsusano, su escudo familiar materno.
Agregó unas olas más detrás de la ola de los Tsusano y algunas acabaron convirtiéndose en peces; para cuando Mamoru se percató de que se suponía que debía prestar atención a la clase, ya había llenado media página con un mar embravecido.
—Eso nos lleva a las fechas que desembocaron en la Keleba en sí —dijo Hibiki Sensei, y Mamoru intentó volver a centrarse en la lección—.
5286, año en el que se fundó la Unión Carythia, que se opuso al gobierno yammanka.
—Escribió Hibiki Sensei en lo alto de la pizarra—.
5287. —Garabateó la siguiente fecha y Mamoru se irguió para ponerse al día con los apuntes—.
Ese año, la colonia sizwea de Malusia orquestó una gran revuelta que hizo peligrar el control de Sizwe sobre toda la región.
A su vez, hubo una avalancha de revueltas campesinas en la parte occidental del Imperio kaigenés.
Nuestro ejército imperial no tardó en sofocarlas, pero presagiaron el advenimiento de una serie de revoluciones a mayor escala…
»5288. Mediante la influencia de unos políticos corruptos, una serie de ciudades, lideradas por Ranga, se sublevaron contra el Imperio kaigenés. La rebelión quedó sofocada ese mismo año y sus dirigentes fueron ejecutados públicamente por haber traicionado al Imperio.
»5289, año en el que Yamma derrotó a Sizwe en su batalla por el control de Malusia y lo presionó para arrebatarle otras colonias, lo que provocó que las tensiones duraderas entre las dos superpotencias kelenduguka se agravasen.
»5290. Las provincias occidentales de Kaigen volvieron a sublevarse.
Los rebeldes tulanistas se las ingeniaron para engañar a los campesinos ignorantes de Ranga mediante propaganda y promesas falsas para que se uniesen a ellos en unos números nunca vistos.
Al mismo tiempo, la Confederación Comunal de Abiria tomó represalias bajo el mismo estandarte por su tentativa de independencia en 5153.
»A finales de ese mismo año, el veintiocho de kribakalo, los terroristas ranganeses atacaron una ceremonia de graduación de la Academia del Alba en Carytha y asesinaron al director Oyede Biida, junto con varios estudiantes yammanka y kaigeneses.
Fue tras ese ataque malintencionado y cobarde cuando Yamma accedió a apoyar a nuestro gran Imperio en su lucha contra los rebeldes ranganeses.
»5291. A principios de ese año, los yammankalu se aliaron con nosotros y las tropas extranjeras pisaron suelo kaigenés por primera vez.
Como respuesta por su participación, Sizwe se puso del lado de nuestros enemigos rebeldes y de los insurgentes abirios para luchar contra Yamma por su independencia.
Esto resultó en una guerra abierta entre Yamma y Sizwe. Abtya se posicionó con Yamma.
»5292. Ese año fue la única vez en la historia de Duna en el que todas las potencias theonitas: Kaigen, Yamma, Abtya y Sizwe, estuvieron en guerra. En ese mismo año, los fonyakalu atacaron Shirojima y obtuvieron una derrota aplastante.
»A la larga, en la guerra, la victoria se reduce al linaje —explicó Hibiki Sensei a la vez que se giraba hacia la clase con una floritura dramática—.
Aquí, en la Espada de Kaigen, tenemos la suerte de contar con algunos de los mejores y más puros linajes jijaka del mundo.
Los Matsuda —indicó, señalando a Mamoru—, los Yukino —señaló a Yuuta y a continuación siguió señalando al resto de las grandes casas presentes en la clase—, los Ameno, los Ginkawa, los Ikeno, los Katakouri…
Todos vosotros pertenecéis a una larga estirpe de grandes guerreros que se remonta a las épocas de las leyendas.