Capítulo 15 #2
Se vuelve con aire solemne hacia nosotros.
—En mi nuevo mundo no hará falta ningún Núcleo. El ciclo se cierra aquí, completando mi verdadero plan.
Nadie encuentra las palabras. Quizá intentamos asimilar que el fin del mundo ya ha comenzado.
Marco palidece.
—Sabes que las chispas no pueden volver al Núcleo si desaparece. Quedarían perdidas… y se apagarían.
Se me hiela la sangre al recordar los gritos durante el apagón. Cuánto sufrimiento y cuánta desesperación. El dolor más horrible que he sentido jamás.
—¿Ese es tu plan? ¿Abandonar a las chispas? ¿Cómo puedes ser tan cruel? ¿Y cómo puedes querer exterminar a tus propias hermanas?
Aarón suspira, decepcionado porque no lo entendamos.
—No van a sufrir. No soy tan bárbaro. Mejoré el virus para que no se desconecten.
El virus las matara de inmediato. Será r ápido , limpio.
¿Para qué conservar chispas que jamás cambiarán?
Solo consumen energía y retrasan la evolución.
Los demás humanos vivirán sin dolor. Mi plan es mucho más eficiente.
Lo dice con orgullo. Como si hablara de cifras y no de vidas.
—¿Quién te nombró dios, juez y verdugo? —le espeta Marco—.
Tu plan es demoníaco. Es despojar al ser humano de libertad, su tesoro más valioso.
Es lo mismo que exigirle que renuncie a la vida.
¿¡Se puede estar más desequilibrado!? ¡Vamos, hombre!
Suprimir la libertad humana nunca será una solución a ningún problema.
—Se pasa la mano por la frente—. Tenías una única responsabilidad y has convertido el mundo en un infierno.
—Tú. Tú me nombraste sucesor —replica Aarón con una calma inquietante—. Y he hecho mi trabajo. Lo que te molesta es que yo haya encontrado una solución. Yo y solo yo he conseguido que podamos existir sin depender del Núcleo. Sin desperdiciar energía guiando almas ingratas que jamás cambian.
Su voz gana intensidad.
—¿Sabes cuántos siglos he pasado viendo a las mismas chispas repetir errores, insistir en los actos violentos, egocéntricos, miserables…? ¿Para qué seguir salvándolas? ¿Para devolverlas una y otra vez al mismo ciclo? ¿Alguien ha visto un futuro más absurdo?
Marco aprieta los puños.
—Estás enfermo —dice Marco con un hastío de siglos.
—Estoy cansado.
Una tensión espesa vuelve a instalarse en la sala.
—Has matado a demasiadas chispas. Has llevado el equilibrio al límite. Y sí… Admito mi parte de culpa por haberte elegido. Pero esto termina aquí.
—No lo entiendes porque sigues siendo muy sentimental y miras el mundo desde esa óptica. Dime qué experimento no tiene errores. No seas necia, Marta, y asume que no he hecho otra cosa que corregirlos.
Tengo que contener las ganas de gritarle que se meta sus experimentos donde le quepan. Nadie le pidió que jugara con nuestras vidas.
—No hay nada que corregir, Aarón —replica Marco—. Solo hay una verdad: esto es insostenible. Si no restauramos el equilibrio, el mundo colapsará.
—Va a funcionar. Esta vez sí.
Desvío la mirada hacia Óscar y percibo una alteración extraña en él .
Cuando lo miro, tiene la vista fija en ningún sitio. Sus emociones son confusas, agitadas, pero su expresión permanece fría, controlada, genuinamente militar. Se me encoge el alma. ¿Aarón está manipulándolo?
Óscar parpadea y me mira. Durante un segundo , sus ojos no parecen suyos. Después esboza una leve sonrisa. Y vuelve. La tensión dentro de mí afloja lo justo para poder respirar.
—No funcionará y lo sabes —continúa Marco—. No seguiré discutiendo contigo. Busca a alguien que te sustituya o lo haré yo. Sara podría ser una buena candidata. Tiene una energía oscura complicada… pero ha hecho más bien que mal.
—No —intervengo de inmediato—. Ella está embarazada. Bajo ningún concepto hará ese sacrificio.
Marco abre mucho los ojos.
—¿Qué?
Las comisuras de los labios de Aarón se curvan despacio. Es la sonrisa de quien cree haber ganado.
—Así es. Sara y yo vamos a formar una familia. Nuestra hija será el inicio de una nueva estirpe. Nacerá con habilidades innatas y no tendrá que pasar por el aprendizaje del Núcleo. Será superior desde el principio.
Estoy horrorizada. No habla como un padre, ni mucho menos. Habla como un científico describiendo su experimento perfecto. Me golpea otra emoción descontrolada.
Papá. Aprieto su mano por debajo de la mesa. Está rígido, ausente. Como si estuviera escuchando algo que nadie más pudiera oír. Lo miro preocupada.
—¿Papá? —susurro.
Tarda unos segundos en reaccionar. Después me mira de soslayo y me dice en un murmullo:
—Prepárate y sigue mis indicaciones llegado el momento. ¿De acuerdo?
No entiendo nada. Siento que me he perdido media historia, pero reconozco que sus emociones no transmiten nada que no sea determinación. Entretanto, los dos contendientes siguen con su lucha dialéctica:
—Eso no va a pasar —asegura Marco—. Esa niña no puede nacer.
La sala entera se paraliza.
—No hablarás en serio —dice papá levantándose de golpe—. La criatura no tiene culpa de los delirios de este miserable No puedes sacrificarla.
Aarón lo mira sin alterarse.
—Yo no matar é a nadie. Lo que quiero decir es que quizás la niña no sobreviva a tanto poder —explica Marco.
La espera se vuelve insoportable. Entonces un temor desafiante me atraviesa. Es el de Aarón.
É l tampoco sabe qué puede ocurrir.
—Sara y yo formaremos una familia y quien trate de impedirlo est á sentenciado.
Habla el miedo más que la razón. Su sueño se está desmoronando y el poco raciocinio que le queda va menguando a pasos agigantados.
Nadie se mueve. Nadie habla. Todos esperan su siguiente movimiento.
Otra vez, absorbo un nuevo zarandeo. Es una ola de expectativas que se mueve entre papá y Óscar. No entiendo qué hay entre ellos hasta que irrumpen en la habitación mi hermana y Óliver.
Sara está distinta. Sus ojos brillan de otra forma. Aun así, lo más impactante no es eso, sino la seguridad que desprende, la firmeza; la sensación de que, pase lo que pase, no piensa retroceder.
—¡¿Qué demonios haces aquí y… y con él?! —grita Aarón fuera de sí.
Sara se coloca junto a Marco. Óliver y Óscar se sitúan a ambos lados, como si fueran a derribar el mundo entero.
—Te pedí una sola cosa y me has desobedecido. Maldita sea, Sara.
—Conozco tus planes —dice ella—. He visto tu proyecto Un mundo perfecto .
Marco frunce el ceño y pregunta:
—¿Qué has hecho, Aarón?
El Núcleo vuelve a sacar pecho y a decir en un tono áspero y cortante
—Gracias a las investigaciones de Beatriz he encontrado la forma de eliminar los impulsos destructivos del ser humano.
Marco palidece ante las palabras de Aarón.
—Con los neurotransmisores, pretendes controlar nuestras emociones —dice Sara.
— ¡Panda de obtusos! Quiero liberarles de ellas —corrige el Núcleo con arrogancia.
—Eso no es libertad, no te engañes —agrega tía Elena—. ¡Es esclavitud!
Aarón vuelve a perder la paciencia.
—¡No, no! ¡Es evolución!
La habitación vibra y las luces parpadean. Los vasos que hay sobre la mesa revientan y, por unos segundos, se muestra el verdadero Aarón, el Núcleo en su auténtica naturaleza: inestable, violenta y peligrosa.
—Estoy cansado de ver cómo destruyen cada cosa que tocan —dice con la respiración agitada—. Puedo arreglarlo. Y lo haré.
—No tienes derecho —le recrimina Óliver.
—Tengo la obligación —responde haciendo acopio de una dignidad que no tiene.
Nos levantamos uno a uno y nos colocamos al lado de Marco, Óliver y Óscar. Yo me sitúo junto a mi hermana.
Jacobo y Tomás permanecen sentados. No sé por qué esperaba algo de redención por su parte. Imposible; solo piensan en sí mismos. Pura escoria.
—¿De verdad creen que me pueden detener? —insiste—. Esto ya está en marcha. Nada ni nadie puede ponerle fin.
—¿Por qué te empeñas en luchar? Puedes tener la vida terrenal que siempre has anhelado. Amar, vivir, morir, integrar conocimiento, mejorar y volver a empezar proponiéndote nuevos desafíos. Detén esto, Aarón. Aún estás a tiempo —le aconseja Marco.
—He sacrificado demasiado para abandonarlo ahora.
—No saldrá bien.
—Ahora sí. Lo tengo bajo control; he supervisado cada aspecto.
Marco niega.
—Cuando crees que sabes todas las respuestas, el universo cambia las preguntas.
Aarón sonríe jactancioso.
—Yo soy el universo.
Mi hermana va rodeando la mesa por un lado mientras Marco avanza por el otro. Óliver se coloca junto a Sara y Óscar se sitúa al lado de su hermano.
—No puedes controlarnos; no puedes controlar a cada ser —dice Sara.
—Sí puedo.
— ¡ Eres un puto chalado! —escupe Marco.
—Al contrario; un visionario es lo que soy. Y ya me he hartado de hablar.
La energía de Aarón se desborda por momentos.
—He llegado demasiado lejos para detenerme ahora. Y cualquiera que trate de impedirlo… caerá conmigo.
Sara mira a mi padre y le hace una señal que no me pasa desapercibida.
Saben qué hacer. Papá grita que salgamos de allí.
Todos corren hacia la salida. Todos menos yo.
Me quedo clavada con mis ojos fijos en los de Aarón, que brillan con una intensidad imposible, como si fueran a partirse de luz.
Los de Sara y Marco también resplandecen como los de luciérnagas gigantescas en mitad de la noche.
Entonces siento un tirón brutal que me arrastra fuera del comedor.
Es papá.
—Por una vez, haz el favor de obedecerme —dice agitado—. Esto pasará pronto, pero si no nos mantenemos a salvo, no podremos hacer lo que nos han pedido. Quédate aquí y no te muevas.
Asiento a regañadientes.
Me revienta quedarme al margen, que no me dejen luchar con ellos. Si existe una mínima posibilidad de ganar, no seré yo quien lo eche a perder.
La lucha no es siempre ataque. Algunos luchamos sobreviviendo.