La Esencia del Núcleo (Trilogía Esencia 3) Capítulo 14 #2
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Capítulo 14 #2

Mientras me arrastran, oigo a Noa enfrentarse a Aarón. Me preocupa más ella que yo. Aarón la aborrece. Y, en su mundo, el odio siempre acaba reclamando un precio.

Por suerte, me trasladan de nuevo a la habitación donde quedaban Marco y Óscar. Al entrar, provoco un tropiezo con el soldado y le quito la tarjeta de acceso. Me empuja dentro, maldiciendo mi torpeza. Óscar se gira y se coloca entre su hermano y la amenaza que acaba de irrumpir en la estancia.

—¿Qué haces aquí? ¿Y los demás? —pregunta Óscar.

No respondo. Mi mirada se clava en Marco: lo ha conseguido, sus ojos han cambiado. ¡Ha logrado fusionarse! La esperanza vuelve a mí con tanta fuerza que casi me duele.

—¿Estás listo? —le pregunto.

Marco se pone en pie.

—Sí. Terminemos lo que no pudimos acabar en nuestra última vida. ¿Has pensado quién ocupará su lugar? La última vez teníamos a la candidata perfecta, pero ahora ya no es posible.

Óscar nos mira frustrado , sin entender a qué se debe nuestra complicidad y esa especie de comunicación en clave.

—¿De qué hablan?

Marco y yo intercambiamos una mirada. No podemos contárselo. Todavía no.

—Tranquilo, Óscar. Hay detalles que no debes conocer todavía. Tendremos que hacer sacrificios si queremos sobrevivir.

A pesar de que mi respuesta le cabrea, se contiene. Marco se gira hacia mí.

—¿Has averiguado cuál es su plan?

—Quiere crear una especie de paraíso, por la vía de eliminar o someter a cualquiera que no esté de acuerdo con él. No sé cómo piensa lograrlo. Me sacaron antes de tiempo.

—Sigue siendo el mismo arrogante de siempre.

—¿Por qué no bajaron a ayudarnos? —pregunto.

—Reconectar con mi estuche llevó tiempo. Además, le debía explicaciones a mi hermano.

Óscar baja la mirada. Todavía trata de asimilar que su hermano fue el Núcleo en otra vida… y que ahora vuelve a ser algo parecido.

—¿Podemos movernos ya? —insisto—. Me preocupa Noa.

Los dos hermanos se tensan al escuchar su nombre.

—Si eres tan poderoso como Aarón, abrir esta puerta no debería suponerte ningún problema, ¿no? —dice Óscar mirando a Marco.

Quiere salir cuanto antes, pero tenemos que actuar con sigilo o nuestras intenciones fracasarán antes de que hayamos dado el primer paso.

—No hace falta montar un espectáculo. Tengo la tarjeta del guardia —les digo sujetándola en la mano.

Óscar sonríe .

—Eres un crack , amigo.

Abrimos la puerta milímetro a milímetro. Óscar reduce al primer guarda que la custodiaba. Por la izquierda se presenta otro vigilante al que dejo inconsciente de un golpe en el mentón. Otros más acuden a atacarnos, pero Marco interviene y, sin que tenga que hacer nada, caen al suelo desplomados.

—¿Están muertos? —pregunto.

Óscar se agacha y les toma el pulso. Niega con la cabeza.

—¿Cómo lo has hecho? —insisto.

—La mente hace más que los puños —dice Marco —. Solo están en trance. Les llevará un rato despertar.

—Vamos —nos apremia Óscar.

Bajamos al piso inferior. Nos llegan voces tensas y pasos apurados.

Les hago una señal indicando la estancia de la izquierda.

En la entrada, nos topamos con varios guardias que nos apuntan con sus armas.

Marco clava los ojos en ellos apenas un segundo y caen desplomados como sacos.

El golpe de los cuerpos sorprende a quienes aguardan en el salón, que se vuelven hacia nosotros.

Aarón está desconcertado. Marco da un paso al frente. Óscar y yo permanecemos en su retaguardia, apoyándolo. Esta vez nadie cargará solo con el peso de esta situación.

—Si llego a saber en lo que te convertirías, jamás te habría elegido —dice Marco.

El rostro de Aarón palidece.

—¿Marta? ¿Cómo…? ¿Cuándo has vuelto?

Su expresión cambia apenas un instante, pero basta para reconocer lo que nunca le había visto: miedo. No puedo evitar disfrutar el momento mucho más de lo que debería.

—Estabas muy seguro de haber acabado conmigo, ¿verdad? —continúa Marco.

Aarón se pone en pie muy despacio.

—Yo jamás quise destruirte. Lo único que buscaba era que dejaras de entrometerte en mis asuntos.

Marco suelta una risa amarga.

—¿Tus asuntos? Dos guerras mundiales, hambre, violencia, desigualdad… ¿Sigo? Eres un malnacido.

Da un paso más hacia él. Óscar avanza también. Yo me quedo mirándolos, expectante. ¿Cuál será el siguiente movimiento?

Aarón se detiene. Se diría que por su cabeza ha pasado un pensamiento atroz, demasiado brutal.

—No quiero violencia en esta reunión —dice como para apartarlo.

—Entonces llegaste varios siglos tarde para pedir paz —le respondo.

Chasca la lengua, buscando el modo de someter su enojo antes de volver a enfrentarse a Marco.

—Soy más poderoso de lo que jamás fuiste tú —le escupe.

—La arrogancia sigue siendo tu peor defecto —responde Marco sin inmutarse—. Por lo que veo, tu estuche tampoco ayuda demasiado.

Alrededor de la mesa, Natalia, Elena, Noa y hasta Jacobo, que se muestra incómodo, contemplan la escena sin parpadear. Marco continúa:

—Óliver me ayudó a reconectar con mi esencia más pura. Recuerdo bien cada evento, cada circunstancia, cada episodio. Recuerdo los propósitos, las intenciones, las estratagemas. Sabes bien lo que eso significa.

Esa conciencia que exhibe Marco atormenta a Aarón, que replica como puede.

—No te servirá de nada. Las cosas han cambiado. Si yo muero, nadie sobrevivirá.

—No, Aarón. Nadie es imprescindible. Ni siquiera el todopoderoso Núcleo.

Los murmullos van extendiéndose. El nerviosismo se palpa en la sala.

—Tú me sustituiste a mí una vez —dice Marco—. Y ahora alguien hará lo mismo contigo.

Aarón sonríe, pero ya no parece tan seguro.

—Solo puedo ser sustituido si yo quiero dejar el puesto.

—Te equivocas. Nunca te lo dije porque jamás creí que fueras a cruzar todos los límites. Pero si el Núcleo incumple sus obligaciones, puede ser reemplazado.

—¡¡Mientes!! —grita Aarón.

Su seguridad hace aguas y su voz retumba en la sala.

Se desatan nuevos murmullos, cada vez más sonoros.

Dan cuenta de la confusión, la incredulidad y el temor de lo que pueda suceder.

Hay movimiento junto a la puerta. Me giro con la mayor cautela posible y veo que alguien acaba de esconderse tras el cortinón que cae a ambos lados del marco.

Quiero pensar que es Sara, pero no. Es Beatriz. Me hace señas.

Aprovechando el rifirrafe que mantienen Marco y Aarón, retrocedo hasta acercarme a ella. Está irreconocible, agotada, y con una palidez que no he visto antes en esa cara de perfecta de la mujer fría y calculadora que conocí.

— ¡Ayúdanos! —susurra.

—¿A quiénes?

—Sara te espera arriba —dice con una naturalidad desconcertante, como si me estuviera indicando dónde tomar un café—. Date prisa. Si Aarón me descubre, nos matará. Te lo ruego… ven conmigo.

Tomo la decisión más arriesgada de mi vida y la sigo.

Subimos las escaleras aprovechando el caos que se ha generado abajo. Los soldados siguen inconscientes gracias a Marco. Nadie advierte que me he ido.

Beatriz avanza delante de mí. Mira por encima del hombro, aterrada por si Aarón asomara en el momento menos pensado. Atravesamos el pasillo hasta llegar a un extremo solitario. Introduce la tarjeta en una rendija oculta en la pared y se abre una puerta camuflada.

—Como esto sea una encerrona… —musito sin tenerlas todas conmigo.

—Si quisiera entregarte, ya lo habría hecho —responde.