Capítulo 13
La esencia más pura
SARA
Estaba conduciendo cuando un aluvión de recuerdos ha colapsado mi mente y he perdido el control. Recuerdo la voz de Aarón pidiéndome calma antes de desmayarme. Como si fuera tan fácil.
¿Dónde estoy? ¿Por qué no siento mi cuerpo? ¿De dónde sale esta oscuridad? ¿Son mis ojos los que no ven? ¿Y mi bebé? ¡No lo siento!
La incertidumbre me aplasta el pecho. Ni siquiera estoy segura de seguir dentro de mi estuche. Todo me pesa y, a la vez, no siento nada. Es como flotar en un océano negro, opaco, donde ni siquiera puedo escuchar mi propia respiración.
Tengo que volver, salir de aquí, pero ¿¡cómo!? En medio de este sinvivir, oigo la voz más detestable del universo:
—Hola, cariño —me dice Aarón desde muy lejos.
—No, por favor. ¡Cómo no lo he sospechado! Tenías que ser tú. Dime dónde estoy y qué ha pasado con mi niña. ¡¡Qué ha pasado con mi niña, por lo que más quieras!! S ácame de aquí, te lo ruego. No juegues conmigo.
—Tranquila, nena. Estoy aquí para ayudarte. ¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? Estoy cansado de demostrarte que jamás te haría daño. Eres lo único que me importa.
—Es difícil de creer; tú, que has causado tanto sufrimiento a la humanidad por un capricho, no puedes decir que me quieres. Te has obsesionado con la idea de lo nuestro , algo que ya no existe.
—¡Qué terca eres, joder! —grita exasperado.
Su voz retumba en la oscuridad y el vacío vibra a mi alrededor como si sus emociones alteraran este lugar.
—No me levantes la voz, imbécil. Sigues entrando en mi cabeza a tus anchas y me faltas al respeto. ¿A eso lo llamas amor? ¡Que te den!
—¿No lo ves? Tenemos riñas de enamorados. Dices que me odias, pero puedo percibir tus sentimientos de amor por mí. ¿Por qué te resistes?
—Aarón, esta conversación no tiene recorrido. No sé si tenemos que hablar, pero desde luego ni es aquí ni es ahora. Sácame de esta mierda y hablemos cara a cara.
—No puedo.
—¿Acaso soy tu prisionera?
—No. Mi prioridad es que tu estuche no colapse por las habilidades de nuestra hija.
Ella te las está transfiriendo, pero tu estuche no está preparado.
Los humanos en la edad adulta no pueden adquirir más habilidades.
Su cerebro no es capaz de gestionarlas. No pensé que la niña las compartiría contigo.
—Una vez más, decides experimentar con nosotros a tus anchas, sin consultarnos. Una vez más, pagamos tus errores y tú quedas impune. Como le pase algo a mi hija…, juro que te mato. ¡Eres un mierda! ¡Sal de mi cabeza ahora mismo!
—Nuestra hija, querrás decir. Estoy mejorando la especie humana.
Voy a hacer de los humanos y de la Tierra un lugar increíble.
Nuestra niña tiene todas las habilidades que cualquier humano podría desear.
Ella viene ya con esa dote, pero tiene riesgo de perderla.
Si la mantiene, querida, y escúchame bien, si tú no lo impides y desarrolla esas habilidades desde pequeña, podrá gestionarlas y su sistema no colapsará.
—¿Y no te has parado a pensar en el trauma que supondrá para ella recordar incluso qué ocurría mientras estaba dentro de mí? ¿O en el parto, tan asfixiante? Nunca piensas en las consecuencias de tus actos. Nuestra hija, dices. ¡Cabrón, hijo de puta! No quiero escucharte más. ¡Vete ya!
—Por lo menos reconoces que también es mía; algo es algo. No dejaré que sufra. La salvaría de cualquier inconveniente antes de perderla.
—Igual que hiciste con mi madre…
Su furia me recorre como un latigazo que me abrasa la piel que no tengo.
—Eso fue diferente. Me pilló desprevenido.
No le ocurrirá nada; lo juro. Lo único que quiero es que seamos una familia, que vivamos felices con ella, para que logre cumplir el destino fabuloso que le aguarda con esa dote.
De verdad, te lo ruego por ella: haz lo que te voy a pedir… No es un capricho mío.
Le interrumpo. ¡Qué harta estoy de su cháchara! No dejará de embaucarme usando a mi niña.
—Devuélveme a mi cuerpo y sal de nuestras vidas. ¡No te soporto!
—Sara, por favor, es la única salida para salvarla a ella y a ti. Escúchame.
—¡¡Que te largues!! La niña ya está condenada. Quizás es mejor que no llegue a nacer y que yo deje de vivir.
—No hablas en serio.
Si morir es la salida, lo prefiero, porque si la alternativa es seguir viviendo bajo el dominio de un ser despreciable y egoísta, no tengo ni media duda.
Aún insiste durante un buen rato y, por fin, desaparece. Me quedo sola con mis pensamientos.
¿Sacrificar la vida de mi niña? Ni hablar. Ella no tiene culpa de esta guerra ni de tener un padre que es un demente, un psicópata narcisista que solo busca su propio beneficio. Debe resistir cueste lo que cueste. Daré con la forma de salir de aquí sin su ayuda.
Como un eco lejano me llega una voz que reconozco de inmediato.
—Sara, escúchame. Sé que estás perdida y enfadada; lo sé.
Pero, tranquilízate, por lo que más quieras.
La pequeña sigue bien; es solo que necesita que hagas algo y tu cuerpo no lo resistirá si no conectas con tu verdadera esencia.
Suena una locura, también lo sé. Atiéndeme; es la única forma de que sobrevivan. Tú y ella.
—Noa, ¿eres tú?, ¿estás bien?
No obtengo respuesta.
—¿Conectar con mi verdadera esencia? Es descabellado. No sé cómo hacerlo. ¿Aarón te obliga a decírmelo?
Sigue sin responderme.
—Por favor, hazlo por la pequeña. Está sufriendo y no aguantará mucho más. Lucha por ella, por las dos. Confía en mí.
—¿Qué dices? No estoy dispuesta a sacrificarla. Ella no perecerá por nuestras malas decisiones. —Sigo mirando sin ver, atenta a esa voz que me suplica. Noa… ¿Cómo dudar de mi hermanita? Pero ¿cómo hago eso que me pides? No sé ni por dónde empezar.
—Sara, tú puedes. Eres fuerte, igual que mamá. Busca tu chispa más pura… y abrázala. Es cuanto tienes que hacer.
Si solo se trata de eso…
—De acuerdo. Lo haré.
Me muevo en medio de esta oscuridad infinita, aunque no hay suelo bajo mis pies ni aire alrededor.
Solo vacío. Un frío extraño me envuelve y un pitido agudo me perfora las sienes.
Estoy a punto de precipitarme a un vacío más inmenso todavía ¡y no tengo dónde sujetarme!
Solo entonces caigo en la cuenta de que permanezco quieta.
La llamo; llamo a esa cosa que debe ser mi esencia, pero no aparece. Recuerdo las palabras de mi hermana: deséala. Cierro los ojos de los que carezco en este plano astral y formulo un anhelo inmenso de que eso que por lo visto también soy yo se presente.
Entonces, como si algo respondiera a mi dolor, la percibo.
Abro los ojos y la veo. O eso creo. Estamos en la negrura más absoluta, aunque hay un espejo ante mí.
En él no veo mi reflejo. Veo a mi madre.
No a la general con aspecto de niña. A mi madre.
La mujer que me crio y me enseñó todo lo que soy; la mujer cuyas caricias en el pelo cuando tenía pesadillas anhelo incluso hoy, tanto como su forma de mirarme cuando fingía estar bien.
Me acerco hasta quedar frente a ella.
—¿Quién eres? —pregunto.
—Preguntas triviales de las que ya tienes respuesta solo nos harán perder el tiempo.
—No me respondas con evasivas. Me queda muy poquita paciencia para seguir con esto y confío en que no sea una broma. Si estoy aquí y te he pedido venir, es porque mi hermana cree que es nuestra única salvación.
Pone los ojos en blanco como hacía mi madre cuando la sacaba de quicio. Eso me rompe un poco más.
—Soy tú; eso ya lo sabes. En lo más profundo de cada esencia existe una chispa más pura.
—Si somos la misma, ¿por qué tienes el aspecto de mi madre?
—Eres tú quien ha elegido que me presente con este aspecto. Quizás así te inspiro más confianza. Deberías preguntarte por qué lo has preferido así.
—¿Quieres decir que esto es producto de mi imaginación?
—En realidad, lo hemos creado las dos. No olvides que soy parte de ti.
—Sigo sin entender qué pinta mi madre en esta historia delirante.
—Mi aspecto solo refleja algo que llevas dentro y que no te atreves a reconocer.
No termino de responder porque el desasosiego me desarma. No me he permitido llorarla como debía, la extraño y la necesito. Ahora que voy a ser madre, todavía más.
Me brotan unas lágrimas imposibles. Ella, triste, sonríe.
—Esto está mejor. Para que podamos fusionarnos, tienes que dejar de huir de lo que sientes.
—¿Qué ocurrirá si me uno a ti?
—Tu estuche resistirá. Seremos más fuertes y podremos proteger a la pequeña.
—¿Por qué siento que me ocultas algo?
—Porque hay cosas que debes vivir por ti misma y no de la boca de nadie.
Su voz suena suave, pero percibo algo más detrás. Es poder. Un poder tan inmenso como peligroso.
—Si nos unimos, yo misma tendré un potencial parecido al del Núcleo, ¿verdad?
No responde. Un escalofrío me recorre entera.
—Cuando tú o, mejor dicho, mi madre lo hizo, no tenía las habilidades del Núcleo. ¿Por qué yo sí?
—Porque ella no llevaba dentro a una niña como la tuya. Tu hija lo cambia todo.
Y entonces lo entiendo. Aarón no quiere solo salvarla. Quiere convertirla en el inicio de una nueva especie.
—Debemos ser responsables con lo que tendremos —añade—. El equilibrio actual es frágil.
Pienso en Aarón y en cómo podría detenerlo. En cómo podría arrancarlo de nuestra existencia para siempre. Ella me mira decepcionada.
—A esto me refería. El poder absoluto siempre encuentra una justificación noble.
—Sacar al Núcleo de circulación beneficiaría a mucha gente —le digo.
—¿Y quién decidirá después qué está bien y qué está mal? ¿Tú?
Sus palabras me golpean más fuerte de lo esperado.
Me tiende la mano.
—El tiempo se acaba, Sara.
La observo. Observo la mano de mi madre. La mano de mi esencia. Y siento miedo. Un miedo atroz. Tengo la certeza de que, si la tomo, ya no volveré a ser la misma.
Pero mi bebé está sufriendo y yo también, así que doy el paso. Cuando nuestras manos se entrelazan, el mundo desaparece. No hay oscuridad, ni hay suelo ni cuerpos. Solo energía.