La Esencia del Núcleo (Trilogía Esencia 3) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

Pienso en Óscar y en el disgusto que se llevará al enterarse de que vuelvo a estar atrapada. Solo espero que hayan encontrado a Marco y estén dando ya con una solución a semejante mierda que nos cubre ya hasta el cuello.

Mi cabeza no deja de dar vueltas: ¿y si Aarón no puede ayudar a Sara? ¿Y si no ha sido más que una trampa para traerla aquí? ¿Y papá? ¡Ay, papá!, con lo que sufre el hombre y va de un sinvivir a otro.

Me volveré loca si no detengo mis pensamientos.

No sé cuánto tiempo pasa. Me parece llevar allí encerrada una eternidad cuando oigo que la puerta se abre. Me incorporo de un salto y aparece el causante de todos nuestros problemas.

—¿Podemos hablar? —pregunta Aarón.

Suena amable, pero percibo el odio que desprende hacia mí. No me haría falta ser Empaticus para notarlo.

—¿Tengo alguna opción de negarme? —pregunto con ironía.

—La verdad es que no. Me he equivocado de nuevo por pensar que colaborarías más si te lo pedía de manera educada.

¡Capullo arrogante!

—Claro, Aarón. Dime, ¿en qué puedo ayudarte? —respondo con un sarcasmo afilado.

Pone los ojos en blanco.

—La ayuda es para tu hermana. Sígueme.

En cuanto la menciona, me tenso.

—¿Está bien? ¿Ha empeorado?

No responde. Aarón continúa caminando por el pasillo, cada vez más lejos de la luz y del resto de la casa.

Aquel rincón parece existir al margen de cualquier otro espacio, como si el propio mundo se hubiera detenido allí.

Estoy convencida de que he llegado a mi final.

Se detiene frente a una puerta solitaria, escondida al fondo del corredor.

—Pasa.

Es una habitación distinta a esa de la que acabo de salir. Se asemeja a un cuarto de hospital. Sara está tumbada en una cama articulada, conectada a varios monitores. Sigue inconsciente. El corazón se me encoge.

—¿Qué ocurre? ¿Por qué no se ha despertado? —exijo.

—Cálmate. Por eso te he pedido que vengas. Desde aquí no puedo conectar con su esencia. —Hace una pausa, controlando sus emociones—. Este estuche me limita, aunque puedas pensar lo contrario. Solo con tu extraño don, ese que no entiendo cómo adquiriste, podemos hacer algo.

—El todopoderoso Núcleo resulta ser bastante más mortal en la Tierra de lo que presume. No te creo.

—Piensa lo que quieras. ¿Vas a ayudar a tu hermana o no? ¡No seas tozuda, por favor! ¡Solo tú puedes hacerlo!

Se tensa al decirlo y entiendo que eso último no pretendía admitirlo.

—Tan unido que estás a ella… y, aun así, no te deja entrar. Curioso. Al final va a resultar que no te quiere tanto como dices.

—¡¡Cállate la boca!! Si estamos en esta situación, es por tu culpa. Nos traicionaste en nuestra última existencia solo porque no hice lo que querías. Jamás podría fijarme en alguien como tú. Eres mezquina, arrogante… Una absoluta egoísta.

Algo se abre dentro de mí, no sé decir cómo ni por qué, pero unas cuantas piezas encajan en mi cabeza.

La escena me golpea de improviso.

El balanceo del barco. El viento azotándome el rostro. Yo, sentada en cubierta, impotente e incapaz de aceptar que Marco, mi mejor amigo, me hubiera secuestrado para llevarme hasta allí.

Jacobo frente a mí, intentando convencerme de que me uniera a su plan. Yo, negándome una y otra vez.

Fue cuando apareció Óliver. Recuerdo la dureza de su mirada, el veneno de sus palabras y el odio que destilaba cada una de ellas. ¿Cómo era posible?, ¿de dónde nacía tanta rabia? Óliver era mi amigo, el novio de mi hermana… ¿Qué habían hecho con él?

Ahora lo entiendo. No era Óliver quien me hablaba. Era Aarón.

Me guarda rencor por algo que ni siquiera recuerdo. Estúpido resentido.

—Qué curioso. Si no hubieras usado adjetivos en femenino, juraría que estabas describiéndote a ti mismo. Supera tú eso de una vez. Me odias por algo que hice en una vida que ni recuerdo y cuyo contexto desconocemos. No eres el centro del universo. Lo sabes, ¿no?

Le escupo cada palabra con el saco de rabia que cargo. Estamos metidos en este infierno por su obsesión enfermiza.

—Claro que te odio… —Las cartas, bocarriba—.

Sara me amaba con locura y yo a ella. Estábamos a las puertas de una oportunidad real de vivir nuestro amor y no soportaste que la eligiera a ella antes que a ti.

Nos traicionaste a ambos. Y no solo eso, sino que me obligaste a descubrirme antes de tiempo.

Da un paso hacia mí y su voz se vuelve amenazadora.

—No permitiré que vuelvas a arruinarlo. Tenlo claro.

—Me aburro —respondo arqueando una ceja.

Mi reacción lo desconcierta. Esperaba acobardarme, quizá que adoptara un papel sumiso, pero a estas alturas me da igual. Si voy a morir, que sea siendo yo misma.

—Vas por un camino muy peligroso.

—Pues deja de soltar discursos de villano y dime qué quieres que haga; y no porque te deba algo ni porque te tenga miedo. Solo quiero que Sara despierte y te mande a la mierda en persona.

Su corazón se acelera. La indignación hace que se le hinche la yugular y duda entre atacarme o ignorarme. Por suerte para mí, gana lo segundo.

—A partir de ahora, limítate a responder con monosílabos. No tengo paciencia para soportar tus niñerías.

Asiento solo por el mero placer de llevarle la contraria. Está siendo divertidísimo sacarlo de quicio.

—Conecta con tu hermana y pídele que se una a su esencia más pura, como hizo tu madre.

Lo miro con una expresión que significa: Ni de coña pienso hacer eso .

—Es la única manera de que tanto ella como la niña sobrevivan.

Y entonces me deja sentir sus emociones para demostrarme que dice la verdad. Alarma. Urgencia. Desesperación.

—No consigo que me escuche y te lo juro: si no lo hace pronto, las perdemos a las dos.

Miro a Sara, a su barriga, y aunque parece dormir plácidamente, percibo dentro de ella una lucha feroz. Trago saliva.

—Está bien.

—Te pondré en trance para que puedas hablar con ella.

—Permiso para hablar —digo levantando la mano teatralmente.

Aarón suspira con evidente cansancio y me invita a decir lo que sea.

—Mi don no funciona así. Yo no entro en trance.

Son ellos los que deben hacerlo para que pueda acceder a sus esencias en el plano astral.

Yo no escucho a las almas…, salvo cuando se apagan.

Ellas sí pueden oírme a mí. Así que somete a Sara a la terapia de regresión y yo haré cuanto esté en mi mano para llegar hasta ella.

No me quita ojo. Es obvio que he despertado su interés.

—Interesante… De acuerdo. Debes convencerla de que encuentre su esencia más pura y conecte con ella. Solo aparecerá si lo desea de veras. Mientras tanto, vigila la chispa de la pequeña. Es peligroso permanecer en un estuche sin alma.

Frunzo el ceño.

—¿Perdona? ¿Has dicho la esencia de la niña? Hasta donde yo sé, durante la gestación los fetos son solo humanos. La chispa solo aparece al nacer.

Coloco una mano sobre el vientre de Sara… y entonces descubro algo que derrumba mis creencias. Hay una presencia y es la de la niña. Su alma. Retrocedo impresionada. ¿Cómo no la había percibido antes?

—Mi hija…, nuestro bebé… es el principio de lo que está por venir —dice Aarón con orgullo.

Será cabrón. Está usando a mi hermana y a mi sobrina para sus putos experimentos. Me dan ganas de matarlo ahí mismo. Él sonríe condescendiente.

—No necesitas entenderlo. Después de lo que hiciste, jamás te habría permitido participar en mi plan. Pero mi amada hermana las quería a ustedes más que a nada y me suplicó que las dejara regresar. No desperdicies esta oportunidad. Hazlo por tu madre.

Menciona a mamá y el odio me subleva. Está loco.

Completamente loco. Aun así, antes de pensar qué puedo hacer con él, mejor dicho, contra él, tengo que salvarlas a ellas.

Coloco la única silla junto a la cama, agarro la mano de Sara y apoyo la otra sobre su vientre.

Miro a Aarón y asiento. Empieza. Él se acerca despacio, le toca la frente y, de inmediato, la esencia de mi hermana emerge de su cuerpo como si huyera de algo.

Está alterada, confusa y asustada, muy asustada.

—Sara, escúchame. Sé que estás perdida y enfadada; lo sé.

Pero, tranquilízate, por lo que más quieras.

La pequeña sigue bien; es solo que necesita que hagas algo y tu cuerpo no lo resistirá si no conectas con tu verdadera esencia.

Suena una locura, también lo sé. —Le aprieto fuerte la mano—.

Atiéndeme: es la única forma de que sobrevivan. Tú y ella.

Se resiste. Esto va a ser muchísimo más difícil de lo que esperaba.

—Por favor, hazlo por la pequeña. Está sufriendo y no aguantará mucho más. Lucha por ella, por las dos. Confía en mí.

Algo cambia en su interior. La resistencia empieza a disiparse y deja paso al temor, a la preocupación. Es buena señal. El desasosiego no la deja pensar con claridad.

—Sara, tú puedes. Eres fuerte, igual que mamá. Busca tu chispa más pura… y abrázala. Es cuanto tienes que hacer.

La esencia de mi hermana se mueve inquieta de un lado a otro. Aprovecho para concentrarme en la niña. Desde que Sara ha dejado de revolverse, la presencia de la criatura es más estable. Su pequeña chispa destella dentro del vientre y una oleada de emociones me golpea de lleno.

Serenidad. Amor. Alegría. Se me llenan los ojos de lágrimas. Vuelvo a llorar por este regalo tan bonito que me llega de mi sobrina. Me aferro a esa sensación y suelto un pequeño sollozo.

Aarón se gira hacia mí.

—¿Va bien? ¿Por qué lloras?

—Cosas mías.