Capítulo 8 #3
—Te impactó que dijera que había sido el Núcleo —explica—.
La primera vez que lo escuchamos, también nosotros nos desconectamos.
Pensé que estaba hablando con Aarón, pero era imposible porque en esa ocasión, él también estaba vivo.
Era su segunda intrusión en el mudo terrenal siendo el Núcleo.
No encaja que sean la misma esencia. Sus ojos son distintos, aunque confieso que no los he visto nunca en esta vida.
Es prioritario que demos con ella. ¿Viste algo que a mí se me escapara?
—¿Qué? ¡Es imposible que haya sido el Núcleo!
Lo sabría. Esto es una locura. Creo que aún sigo en la otra dimensión: nada tiene sentido.
—Óscar, lo dijo y la creo —insiste Óliver—. Aarón borró este recuerdo, así que tiene que ser real.
—Te digo que Marta no puede ser el Núcleo. Lo sabría.
—Amigo, ¿estás bien? —Se gira hacia Noelia—. ¿Está delirando?
Ella se acerca de nuevo y comprueba una vez más constantes y temperatura. Me examina las pupilas.
—Estoy bien. No estoy diciendo estupideces. La chica… Creo que sé quién es, aunque me parece imposible.
Me miran sorprendidos.
—¿De verdad? Óscar, eso es estupendo... ¿Quién es y dónde podemos encontrarla?
—Encontrarlo —corrijo—, porque en esta vida es un chico.
Sus caras de asombro aumentan.
—Esos ojos son inconfundibles, pero me cuesta admitirlo. ¿Y si es demasiado tarde? —pregunto en voz alta, por más que la pregunta sea para mí.
—¿De qué cojones hablas? No te sigo —dice Óliver, exasperado.
—Sé quién es. Lo que no sé es dónde está ni si sigue con vida.
Miro el reloj. No hay mensajes entrantes de Marco. Solo uno de Noa.
—Sé cómo suena esto y que es delirante, pero ahí va: esa chica es mi hermano Marco.
El silencio se adueña de la estancia. Nadie habla.
—Marco es un tipo excepcional, según tengo entendido —dice Noelia.
—Lo es —confirmo.
Mi hermano es la clave para resolver el enigma que lleva meses atormentándonos. Había tenido una vida anterior y había sido el Núcleo. Es una teoría absurda, ilógica; de hecho, si no hubiera visto esos ojos, la negaría. Pero eran los ojos de mi hermano. Los reconocería en cualquier parte.
—¿Estás… seguro? —pregunta Óliver.
—Al cien por cien.
—¿No era un traidor? ¿Por qué crees que está muerto? ¿Qué…?
Las preguntas salen una tras otra, como en un torrente nervioso. Debo ordenar la secuencia de respuestas para no liarla más.
—Es complicado. Noa recibió anoche un mensaje de Marco. Decía que era un agente encubierto, que su único enlace era la general y que, al morir ella, se había quedado solo. No lo habían descubierto, pero temía que ocurriera. Estoy esperando un mensaje suyo para organizar la extracción.
—¿Eres consciente de que puede ser una trampa? Jacobo y Tomás son muy manipuladores.
—No me toques las pelotas, Óliver. Me he asegurado de que era mi hermano y no una trampa.
—Me sobreviene un ramalazo de vergüenza al recordar mis primeras reacciones cuando Noa me puso al tanto—.
No soy tan estúpido ni tengo tantas vidas a mis espaldas, pero soy bueno en lo mío. Por favor, no me subestimes.
—Perdona, tío, es que con el Cuerpo Oscuro no podemos bajar la guardia.
Esos juegan en otra liga. Jacobo seguirá moviendo los hilos, y esto huele demasiado a una de las trampas de Tomás.
Disfrutan retorciendo las reglas, pero Jacobo es otro nivel.
Ese cabrón es capaz de venderte la soga con una sonrisa y hacer que le des las gracias mientras te la colocas tú mismo.
—Lo sé. El problema es que no he vuelto a tener noticias de Marco. Temo que lo hayan descubierto.
—No seamos pesimistas. Seguro que contactará. Tiene una reputación excelente y dicen que es muy hábil, así que, si dentro de él hay un antiguo Núcleo, sabrá manejar la situación. Estoy convencido —dice mi amigo.
—No creo que sepa que fue el Núcleo.
Me levanto, cojo el móvil y las llaves de la mesa.
—¿Adónde vas? —pregunta Noelia.
—Aquí no puedo encontrarlo ni ayudarle —contesto.
—De acuerdo, pero no hemos terminado. Deberíamos entrar de nuevo. Con lo que hemos descubierto, seguro que podemos avanzar en mi recuerdo —dice Óliver.
Se equivoca; no volveré a hacerlo. Mis esfuerzos se centrarán en encontrar a mi hermano.
—Óscar, no seas imbécil. Entiendo que quieras salvarlo, pero es importante que tengamos las respuestas.
Se levanta y me intercepta.
—Óliver, te respeto, pero si no te apartas, esto no terminará bien. Te lo advierto.
La situación se nos está yendo de las manos, pero ninguno piensa ceder.
—Chicos, dejen la testosterona a un lado y razonen como adultos —interviene Noelia—. Óscar tiene razón: nuestra prioridad ahora es rescatar a su hermano. Las mejores respuestas que podemos obtener están en la fuente. El resto es desgaste y pura especulación.
Me alegra ver que alguien tiene las ideas claras y que comparte mi plan.
—¿Y si lo rescatamos y no recuerda nada? —dice Óliver, aún a la defensiva.
—Para eso estás tú. Aprendiste de un antiguo Núcleo, o sea, de mi propio hermano, aunque no lo supieras hasta ahora. Seguro que sabrás ayudarle.
Abandono la sala y Óliver me sigue sin mediar palabra. Le cuesta perder y no lo censuro —nos pasa a ambos—, pero entiende que es lo mejor.
—Te mantendré informado —le digo antes de que las puertas se cierren.
¿Mi hermano fue un Núcleo? ¿Cuántos hay? ¿Cuántas vidas harán falta para que esto termine? ¿Sabría la General lo de su pasado y por eso lo infiltró?
Tenemos la pieza del rompecabezas que faltaba… o eso parece. Pero alcanzarla puede costarnos demasiado y no estoy dispuesto a sacrificarlo todo.