La esencia del bambú Capítulo 40 #2
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Capítulo 40 #2

No ha querido llamar a nadie, ahora necesita tranquilizarse, por lo que ha decidido irse a un parque para sentarse junto a una fuente, mientras trata de poner en orden todo el caos que se le viene encima.

—Hola, Micaela —la saluda dándole dos besos cuando llega a casa de Jaime—, ¿qué tal se encuentra?

—Ay, doña Sara —confiesa abrazándola muy fuerte—, ahora que está usted aquí, me siento mucho mejor. Qué alegría tan grande. Vaya a dejar su equipaje en la habitación que más le guste, yo voy a seguir preparando la comida. —La mira de arriba a abajo—. Le va a venir muy bien comer.

—De acuerdo —trata de no reír—. Voy a dejarlo en la casa de invitados, pero no se moleste en prepararme nada, no tengo hambre.

—No es ninguna molestia, don Jaime no tardará en llegar y él también debe comer, porque últimamente tampoco se alimenta como es debido.

—Me parece bien. —Sabía que discutir con ella era inútil.

—¿Toda esa comida es para nosotros? —le pregunta cuando entra en la cocina.

—Sí, pero no se preocupe, no es necesario que se la coman toda hoy —la mira muy risueña—. Voy a dejar mucha preparada en la nevera, así no tendrán que molestarse en cocinar los próximos días. Don Jaime nos ha dado unos días libres, y los vamos a aprovechar para irnos a un balneario.

—Eso es fantástico.

—Sí, de vez en cuando hay que darle un descanso a estos cuerpos que ya no están para muchas batallas.

Hablando de todo un poco, don Jaime me contó todo lo que hizo para desenmascarar a ese criminal, y tengo que decirle que fue usted una temeraria.

Casi me da un parraque —abre la nevera y saca una botella de vino—, no vuelva a hacer una cosa así.

Y ahora, aprovechando que está todo resuelto, vamos a brindar para celebrarlo.

—Hola —saluda Jaime muy sorprendido—, no sabía que había una fiesta en la cocina, ¿a qué se debe?

—Don Jaime, ha llegado justo a tiempo —saca otra copa para él—, estamos celebrando que doña Sara ha conseguido que usted siente la cabeza. —Alza la copa riendo a carcajadas.

—¿Me vas a contar qué ha pasado en esa reunión con tu jefe?, ¿tan malo ha sido que no has querido contarme nada por teléfono? —le pregunta   intrigado, abrazándola por la cintura cuando han entrado a la casa de invitados—. Sea lo que sea, vamos a encontrar una solución, te lo prometo.

—Lo que más me ha dolido ha sido que no me haya dado la oportunidad de escoger.

—Jaime no dice nada para que siga hablando—.

Ha dado por hecho, que voy a encargarme de la gerencia del nuevo hotel que se va a inaugurar aquí dentro de tres meses.

No ha querido ni escucharme. ¿Cómo ha podido hacerme una cosa así?

Me ha dado de plazo hasta el lunes para que le dé una respuesta.

—¡Sara, eso es fantástico! —grita alzándola en brazos y dando vueltas con ella.

—¡Bájame ahora mismo! —le pide muy cabreada—. No eres consciente de lo que dices, allí tengo mi vida.

—Pero aquí me tienes a mí —suelta tratando de tranquilizarla—. Además, me dijiste que ese nuevo hotel es mucho más pequeño, por lo tanto, vas a estar mejor.

—Es más complicado de lo que imaginas.

—¿Por qué?, has demostrado ser una excelente directora. No creo que te suponga ningún problema dirigir ese hotel.

—Tendría que empezar en otra ciudad desde cero.

—Creía que significaba algo para ti —objeta mirándola muy serio.

—Significas mucho para mí —confirma poniéndole las manos en el pecho— Lo que ocurre es que va a ser un cambio muy grande y estoy asustada. Una ciudad diferente, gente nueva para trabajar. Buscar un lugar donde vivir no va a ser fácil.

—Aquí tienes tu casa, por eso no debes preocuparte. —Toma sus manos.

—Gracias, pero si decido aceptar, es mejor que busque algo de alquiler de momento.

—Te ofrezco esta casa a un módico precio. —Sonríe de medio lado.

—No me estás tomando en serio.

—En eso te equivocas, voy totalmente en serio; pon un precio y te redactaré un contrato legal para que veas que no voy de farol.

—Jaime, por favor.

—No hay por favor que valga, pon un precio y no se hable más. —Atrapa su boca para no seguir discutiendo.

—No vas a convencerme —susurra entre jadeos—, por muy bien que beses.

—Eso ya lo veremos —la reta pasándole la lengua sobre las pecas de la nariz— .Voy a poner todo mi empeño hasta que aceptes mi oferta.

—Tu estrategia es muy buena —dice girando la cara para que acceda mejor a su cuello—, tengo la mente en blanco por tu culpa.

—Ah, me has descubierto. —Sin más demora le ha quitado la camisa y le ha bajado los tirantes del sujetador—. Un día de estos me dedicaré a ponerles nombres a las pecas que tienes alrededor de los pezones. Ahora que vas a vivir muy, pero que muy cerca de mí, voy a tener tiempo de sobra.

—No cantes victoria —sonríe sin abrir los ojos—, aún no he firmado nada.

—Voy a poner todo de mi parte para que encuentres irresistible mi oferta.

—¿Esta es la pluma con la que quieres que firme? —Baja su cremallera lentamente.

—Sí, es exclusivamente tuya para lo que necesites.

—Jaime, esta casa la utilizan nuestros hijos cuando vienen, no me parece justo venirme a vivir aquí. Lo que hemos hablado antes no iba en serio.

—Claro que iba en serio, ya te lo he dicho antes, y te lo vuelvo a repetir.

Cuando vengan a pasar unos días, te vienes conmigo —sugiere acariciándole la espalda con el pulgar—.

No te molestes en buscar casa. Elige la que quieras de las dos, y si con el tiempo no te sientes a gusto, buscamos otra solución.

—Está bien —acepta dando un hondo suspiro—. Por cierto, no me has dicho si ya habéis llegado a un acuerdo definitivo.

—Sí, quedan unos pequeños flecos que en los próximos días quedarán resueltos y nada más.

Alfredo ha dejado su despacho vacío y ha conseguido trabajo para dos de sus asistentes, porque el tercero se va a quedar conmigo, y Silvia no creo que tarde más de dos días en llevarse todas sus cosas.

Al final ha aceptado una oferta muy buena en otro bufete y se va a llevar a sus chicos, como los llama coloquialmente.

»Va a ser un poco raro al principio, porque siempre hemos trabajado los tres —comenta mirándola un momento—. ¿Ves?, yo también voy a sufrir cambios. Me quedo sin mis socios, y además voy a tener una nueva vecina.

—Supongo que nos iremos adaptando poco a poco los dos —le confiesa ella con resignación.

Jaime al final ha decidido contarle la conversación que ha mantenido con Silvia porque entiende que es lo mejor.

—Hemos hablado Silvia y yo de ti esta mañana —se gira para poner toda su atención—, y me ha pedido que te diga que siente un profundo respeto hacia ti desde que salió a la luz todo lo que pasó.

Ha sido muy sincera cuando se ha disculpado por todas las cosas que te ha hecho.

La conozco demasiado y sé que ha tenido que tragarse su orgullo, pero ha sido honesta.

También ha aceptado que tengo una relación estable y que soy feliz, por lo tanto, no piensa inmiscuirse nunca más.

—Bueno, si es verdad todo lo que ha dicho, no tengo nada que añadir. Siendo justos, también en su día creía que ella había sido la que estaba detrás de todo aquello y no fue así. Por lo tanto, estamos en paz.

—Me ha llamado mi padre esta mañana para preguntarme si podemos comer juntos, está deseando conocerte. No había querido decírmelo antes, ya que entendía que tenías demasiados frentes abiertos y no lo consideraba oportuno.

—Claro que podemos. Dile que sí, que será un honor para mí.

—Después lo llamaré para quedar en el restaurante de Ulises. Voy a decírselo a mi hermana y a su marido para que vengan también. ¿Qué te parece?

—Me encanta la idea —contesta sonriendo, a pesar de los nervios que siente por tener que conocer a su padre.

—Hola, Sindy, ¿está Rocío contigo?

—Sí, voy a poner el altavoz y así te escuchamos las dos. ¿Vas a contarnos de una vez que te ha dicho tu jefe?

—Eso eso, que nos tienes de los nervios.

—Bueno, no sé cómo deciros esto. —Suspira—. Voy a venirme a vivir a Madrid para dirigir el nuevo hotel.

—¿¡Cómo!? —exclaman las dos amigas.

—Mi jefe desechó a los otros candidatos, me confesó que soy la más indicada para hacerlo. Yo le insistí para que me dejara seguir como hasta ahora, pero se negó en rotundo y no me queda otra opción.

—Después de todo, no ha sido tan malo como pensabas.

—Ya lo sé, Rocío, pero tengo miedo.

—¿¡Miedo tú!? —le grita Sindy—, eres la mujer más valiente que he conocido en mi vida. Después de la hazaña que hiciste, podrías subir a la luna con un avión de papel si te lo propusieras.

—Esto es un cambio muy grande, en todos los sentidos y no es fácil la decisión que he tomado. También voy a vivir en casa de Jaime, que no ha querido oír hablar de buscarme otro sitio.

—Oye, Sara, Sindy tiene razón. Eres muy capaz de afrontar todos esos cambios. Además, la mitad del camino ya lo tienes hecho, tienes casa y no vas a estar sola. Te irás adaptando poco a poco, ya lo verás.

—Y, además, a partir de ahora vas a tener a Jaime todas las noches para que te caliente la cama. ¿De qué te quejas?

—Sindy, qué bruta eres —le dice Sara tratando de no reír.

—Pero esta vez, y sin que sirva de precedente —suelta Rocío en tono alegre—, yo opino lo mismo que ella.

—Eso faltaba, que le des la razón para que diga más tonterías.

—No son tonterías —remarca Sindy—. Además, Jaime te ha ofrecido su casa y mucho más, deberías aceptarlo.

—Bueno —se queja mordiéndose el labio inferior—, veo que no hay nadie que me dé la razón.