La esencia del bambú Capítulo 39 #5
97%

Capítulo 39 #5

Han pasado nueve días y la noticia continúa estando en todos los informativos. Sara está en la casa de la playa por expreso deseo de Jaime, junto a sus padres, que han venido para estar unos días con ella.

—Mamá, he hablado otra vez con Alberto esta mañana, no te preocupes tanto. Desde que hicimos la paces, estoy muy tranquila. De hecho, me ha prometido que vendrán lo antes posible. Que alegría, ya estoy deseando verlos.

—Ese chico es muy sensato, y al final comprendió que solamente querías protegerlo; para ti, aún es un niño, y siempre lo verás así.

—No habría podido resistir verlo sufrir como aquellos días —asegura poniendo una mano en su pecho.

—Ahora es diferente —añade su madre mirándola con cariño—, tenéis a Jaime que está empeñado en que ese demonio no vuelva a pisar la calle. Hay pruebas más que suficientes para que no salga de la cárcel por lo menos hasta el año tres mil.

—Ya veremos. —Da un suspiro.

—Hablando de todo un poco, ¿has vuelto a hablar con tu jefe? —decide cambiar de tema.

—No —responde ahuecándose el pelo en un gesto nervioso—, dijo que ya me llamaría, pero lo cierto es que está tardando demasiado. Supongo que está viendo la mejor manera de despedirme.

—Sería muy rastrero por su parte —su madre aprieta los labios—, tú no has tenido la culpa de nada. Yo creo que más bien está dejando pasar un poco de tiempo hasta que la gente se olvide de todo ese horrible asunto.

—No sé, no sé. Verme envuelta en otro escándalo no creo que le haga buena publicidad al hotel.

—Hola —saluda Jaime entrando cargado de bolsas—, ¿qué es eso que huele tan bien?

—Mi madre te está preparando su especialidad, no sé si vas a poder comerte esa cantidad que está haciendo.

—Gracias, Irene —dice dándole un beso—, nuestros invitados se van a quedar encantados con tu guiso.

—¿Qué invitados? —le pregunta Sara con recelo.

—Queríamos darte una sorpresa —anuncia abrazándola por detrás—, solamente vienen tus hermanos y Manu. Ah, lo olvidaba, y también Blanca y Alberto, que no tardarán en aparecer por esa puerta con tu padre.

—¡No puede ser! —levanta la voz visiblemente emocionada—. Hemos hablado hace un rato y me ha dicho que vendrían lo antes posible. Qué callado lo teníais.

—Porque entonces no habría sido una sorpresa —bromea dándole un beso en el cuello—. Alicia está preparando aperitivos de sobra, no te preocupes.

—¿Cómo sabías que estaba pensando eso? —Lo mira un instante.

—Cada día te voy conociendo un poco más.

—Además de mandón, ¿eres adivino?

—Vaya, cuánto tiempo hacía que no escuchaba esa bonita frase que tanto me gusta —le susurra al oído.

—Mamá, vamos a la cocina para ver si podemos ayudar a Alicia —avisa poniéndose muy roja.

Después de compartir una comida muy amena, en la que no han hablado de nada relacionado con el caso, ya que decidieron comer en paz, han salido al jardín para tomar el café.

—Manu, ¿hay alguna novedad que la prensa no haya contado ya? — le pregunta Sara—. Es increíble la cantidad de información que van aportando cada día. No puedo acercarme a mi casa sin que salgan periodistas por todas partes para hacerme una interviú.

—Oficialmente, yo no debería saber mucho más, pero me han informado de que van a exhumar el cadáver de su madre.

Sospechan que la envenenó por miedo a que hablara más de la cuenta, como al final así fue.

—Sara ha abierto mucho los ojos—. Después del registro de su casa, han hallado bastante dinero escondido en un falso muro, que casualmente, pertenecen al mismo número de serie de los billetes que tenía tu marido en su taquilla.

—La investigación está resultando muy esclarecedora —continúa Jaime en un tono serio—.

Tu marido se dio cuenta de que había un traidor entre ellos, y en algún momento se lo comentó a él.

Desgraciadamente, cuando se dio cuenta de quién se trataba, ya era demasiado tarde y le tendió una trampa, y de paso se quitó de encima a los dos traficantes que eran cómplices de sus fechorías. Así no dejaba ningún cabo suelto.

—Ahora entiendo, por qué Yago estaba tan nervioso los últimos días —comenta ella mordiéndose la uña del pulgar.

—A esas tres muertes y la de su madre —interviene Manu—, porque estoy convencido de que la mató él, hay que añadir la de Pedro Carlos, que suman cinco. Tiene muy complicado salir algún día de la cárcel.

—Aunque no comprendo qué motivos tendría para querer inculparme a mí en la muerte de ese hombre.

—Lo había planeado así, ya que, al convertirte en sospechosa, él podría presentarse otra vez como tu ángel salvador, y de ese modo, seguirías dependiendo de él.

Estaba obsesionado contigo y no podía soportar que empezaras una relación con otro hombre —le dice Manu mirando a Jaime un instante—.

Por eso buscó la manera de seguir controlando tu vida, y al hacerlo con tanta prisa empezó a cometer algunos errores.

»Uno de tantos, fue el de sustraer del almacén de pruebas el teléfono con el que te iba haciendo aquellas llamadas, y en el último momento se lo dio a Pedro Carlos; justo antes de matarlo.

Aunque el pobre jamás pensó que iban a acabar con su vida.

Era un hombre sin muchos recursos y Antonio le había prometido una cantidad de dinero irrisoria, a cambio de unas llamadas y una puesta en escena en el hotel donde trabajabas. Ese mismo día lo quitó de en medio.

—Es increíble, nunca sospeché de él —menea la cabeza sin salir de su asombro.

—No te tortures más, por favor —le dice Jaime tomando su mano—. Ahora va a pasar muchos años en la cárcel. No lo va a tener nada fácil allí dentro, puesto que a los policías no se les tiene mucho cariño.

—Espero que se le hagan eternos —interviene Alberto.

—Quería comentaros algo más —tras una pausa reflexiva, Manu se dirige a Sara y Alberto—. Me han pedido que os comunique, que le van a hacer un homenaje a Yago donde le van a conceder a título póstumo, la Medalla de Oro al Mérito Policial.