Capítulo 34 #3
Con manos temblorosas ha comprobado las llamadas que tiene perdidas, y, aparte de tres de Jaime, una de su madre y dos más recientes de Sindy, no hay ninguna más.
Ha vuelto a llamar veinticuatro veces al mismo número que hay en el sobre y no ha obtenido ninguna respuesta, por eso ha decidido dejarle un mensaje en el buzón de voz, donde le ruega encarecidamente que la llame para volver a quedar con él.
Se ha ido a la ducha con el sabor amargo de la rabia por no haber salido a la calle con ese hombre y haber hablado con él sin demora.
Ahora debe esperar a que se ponga en contacto con ella, y esa espera la está volviendo loca.
Además, para aumentar su incertidumbre Jaime la está llamando en este momento.
—Hola, buenos días —quiere sonar tranquila, pese a que duda de que lo consiga—. Perdona por no contestar a tus llamadas, anoche me dolía mucho la cabeza y estaba tan cansada, que me dormí y no lo escuché sonar.
—No sabía qué pensar —cuenta algo preocupado—. ¿Te encuentras mejor?
—Sí sí. Justo ahora voy a ducharme para terminar de despejarme, aún me duele un poco la cabeza —contesta rápidamente.
—¿De verdad estás bien y no te pasa nada? Te noto rara.
—Estoy bien, ya te lo he dicho. ¿Acaso dudas de mí? —dice algo molesta por tantas preguntas.
—Vale, no te pongas a la defensiva. Simplemente, me ha extrañado que anoche no contestaras a mis llamadas y esta mañana, tampoco me hayas llamado. No sé, eso no es propio de ti.
Jaime intuye que hay algo extraño en su actitud, la nota nerviosa, pero no le va a insistir. Sabe que, si lo hace, acabarán mal, así que decide cambiar de táctica.
—¿Qué te parece si este fin de semana nos vamos a Cazorla?, ¿reservo una habitación con jacuzzi y nos dedicamos a relajarnos y a disfrutar de la naturaleza?
—Mejor lo dejamos para más adelante. —En este momento no está con ánimo para planificar nada—. Estoy muy ocupada y quiero quedarme tranquila en mi casa el fin de semana.
—Sería una escapada para desconectar de todo, yo también tengo mucho trabajo. Por eso me ha parecido un buen plan.
—Te lo agradezco, pero no me apetece en este momento. Lo siento, no insistas, por favor.
—¿De verdad que no te pasa nada?
—Mira, Jaime —aclara en tono seco—, no quiero ser desagradable, hoy no tengo un buen día precisamente, y lo último que quiero es pagarlo contigo.
—Sara, dime ahora mismo, y espero que seas totalmente sincera —decide presionarla más—, por qué motivo te dio ese fuerte dolor de cabeza. ¿Tiene algo que ver conmigo?
—¡No!, ¿cómo puedes pensar algo así? Te juro que no tiene nada que ver contigo. —Traga el nudo que se le ha formado en su garganta—. Solo necesito un poco de espacio.
—Lo siento, te dejo tranquila —le dice en tono reflexivo—, pero me da la sensación de que me estás apartando.
—De ser así, no me queda más remedio que insistir en que reserves ese hotel para que pueda demostrarte lo equivocado que estás.
Jaime se ha despedido de ella, convencido de que hay algo que no marcha bien, pero no sabe el qué. Por la noche, cuando vuelvan a hablar, espera encontrar respuestas.
Antes de ducharse llama a Sindy para comentarle que está en casa con dolor de cabeza, no ha mentido y no piensa moverse en toda la mañana del sofá. Aunque ahí, sí puede que mienta, puesto que, si la llama ese tal Peca , irá inmediatamente a dónde él le diga sin dudarlo.
Por la tarde ya no puede aguantar más y decide salir a correr por la playa; necesita quemar energía, pero sin soltar el teléfono de la mano.
Han pasado dos días y no ha recibido noticias.
A veces piensa que ha sido todo fruto de su imaginación, aunque el sobre que todavía lleva dentro del bolso confirma que ese hombre existe.
El problema es que ahora no tiene claro, si algún día le contará la verdad.
De momento va a dejar pasar un poco más de tiempo antes de contárselo a Antonio, para ver si puede buscar información sobre ese hombre.
Por las noches trata de olvidarse de todos los problemas mientras habla con Jaime.
Él es el bálsamo que necesita para aliviar la incertidumbre que siente.
No quiere contarle nada, es evidente que en el fondo de su corazón teme que se confirme lo que ese desconocido insinuó, y le dolería muchísimo tener que darle la razón a todos los que acusaron a su marido.
Además, tendría que aceptar todas las críticas que había recibido por parte de Silvia, incluida la de la vergüenza que supondría para Jaime estar saliendo con la mujer de un delincuente.
A su hijo tiene muy claro que no le va a contar nada de lo sucedido, es mejor que siga creyendo que su padre había sido un hombre intachable, al cual habían acusado erróneamente.
Hay una parte de su corazón que le impide creer, que su marido fue lo contrario a lo que ella y su familia siempre habían creído, pero cada día que pasaba se abría una grieta en ese razonamiento.
Jaime no dejaba pasar la ocasión de preguntarle si tenía algún problema que la preocupara. Sabía que había algo que no iba bien, por eso ella se esforzaba al máximo para demostrarle que era muy feliz estando a su lado. Porque era verdad.